Autor: García Serrano, Rafael. 
   Tres desayunos     
 
 El Alcázar.    22/09/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

DIETARIO PERSONAL

TRES DESAYUNOS

MIÉRCOLES, 21 DE SETIEMBRE.- Me imagino que Marcelino se habrá levantado a prima

hora preguntándole a la chacha:

—Oye, ¿han subido los periódicos?

Y si la chacha le ha dicho: "No, señorito", habrá bajado corriendo al puesto de la esquina a

hacerse con todos, incluso con "Marca" y "As", porque en estos tiempos nunca se sabe dónde

se encontrará el atinado comentario político que se espera.

Con toda la prensa de la mañana bajo el brazo le veo correr anhelante hacia su casa, dulce,

mínimo, vivaz como un monaguillo, los pómulos rosados por la mañana oscura y fresca, recién

salida de la noche. Tan juvenil que un caballero con aspecto de burócrata en busca del vasito

de leche con churros, le ha detenido en su carrera: "Oye, niño, dame el "Ya", a lo que Marcelino

ha contestado con un enojado alzar de sus cejas y sin detenerse. El caballero ha seguido su

camino murmurando por lo bajo:

—Con esto de la democracia es que ni los periódicos te los quieren vender. Bueno, puede ser

que haya huelga de vendedores, ¿por qué no?... También ellos tienen derecho...

Pero luego en el bar, recreándose con un churro crujiente y calentito, ha recordado aquel rostro

de príncipe de los jesuítas y se le ha atragantado súbitamente la fritanga en el garganchón, al

reconocer que le había querido comprar el "Ya" al ministro de Asuntos Exteriores del tercer

Gobierno de Su Majestad. En este mundo hay justicia, y por eso casi a la vez se atragantaba

de dolor el propio Marcelino, ya en su casa, azotado su pellejo por la ducha de agua fría

suministrada, en general, por la prensa. Yo no tuve la fortuna de asistir a la sesión narrada hoy

en los periódicos. Como observador de la situación actuadme hubiera refocilado al observar en

qué manos está el pandero de nuestra política exterior y en qué otras manos, tan inútiles y

sectarias, puede estar pasado mañana; como español me hubiera dolido el contemplar

semejante desolación ideológica, tamaño desamparo, y el silbido del aire penetrando en tantos

cerebros huecos hubiera atemorizado mi corazón. Tampoco tuve la fortuna de gozar con el

telediario de las 9 porque a causa del trabajo se me pasó la hora. Para las últimas noticias, ya

dormía. Por las fotos he visto hoy el rostro ilusionado, colegial y kotska del joven ministro y sé

lo que sufrirá al ver que todo el mundo suministra un espléndido cero en su examen ante el

Congreso de los Diputados, cero compartido, ésa es la verdad, por todos los que intervinieron

en el supuesto y atorrante debate, con la notable excepción de Silva Muñoz, la lectura de cuyo

discurso me ha parecido un baño de lucidez entre tanto soniquete barato de hoja clandestina y

de espadín atragantado como el churro del burócrata anteriormente aludido. Si no hubiese sido

por el balsámico y contundente cartesianismo del señor Silva Muñoz, a estas horas

seguramente estaría escribiendo yo, influenciado por tanta necedad, tanta vaciedad, tanta

sumisión, tanto floripondio y tanta ignorancia, que nuestra política exterior va a consistir en

ceder bases militares a la Guardia Suiza del Vaticano y nombrar obispos de algunas

estratégicas diócesis españolas a congresistas norteamericanos, reservando la sede toledana

a un senador; y en caso de que el Espíritu Santo se pose sobre don Vicente Enrique y

Tarancón —si es que el Espíritu Santo, mayor de 75 años, tiene derecho a acceder al próximo

cónclave bajo el Dios de Miguel Ángel—, unirnos federalmente al Estado Vaticano y destinar un

cañonero al servicio de Su Santidad a fin de que pesque en el Tiber siempre que Santiago I

convierta Peñíscola en su Castelgandolfo, amén de canonizar al general Córdoba, jefe de la

expedición romana; y en firmar un concordato con la URSS y cederle los actuales seminarios

para la Joven Guardia Roja (legalizada) y en reforzar la Legión con la minoría parlamentaria del

PSOE y cumplir el testamento de Isabel la Católica comenzando por el Sahara, nombrando

adjunto del General Jiménez Henríquez a Felipe González, con el grado de general comisario

político y...

Gracias, don Federico, de buena me ha librado usted.

(¡Ah, por cierto!; cuando, mientras desayunaba, he leído en un titular: "Marcelino Oreja:

Canarias no es negociable", también a mf, como al burócrata del churro, como al ministro de la

ducha fría, casi me ha dado el sopitiponcio al pararme a considerar qué cosas hay que

esclarecer a la clase política española a partir del 20 de noviembre de 1975).

Rafael GARCÍA SERRANO

 

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