Atropello a la soberanía popular     
 
 El Alcázar.    30/09/1977.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

ATROPELLO A LA SOBERANÍA POPULAR

EN estas horas amargas para España y amargas para muchos españoles de esa parte del ser

nacional que es Cataluña, se resisten los sentimientos a ser expresados; se agazapan en «j

interior; y acongojan. Tal vez haya catalanes que sientan el establecimiento de la Generalitat

como un desagravio; pero, si ese trozo de la Patria en que nacieron tiene reproches que hacer

al pasado, no serán mayores a los que pudieran presentar otras regiones, sin la contrapartida

de algunas deferencias exquisitas y no muy lejanas, como el que Barcelona gozara antes que

Madrid de Ley de Régimen Especial para su municipio, o se derogara —para no herir a la otra

gran urbe— la Ley de Capitalidad de la II República, que permitía canalizar hacia la capital del

Reino importantes subvenciones. La aprobación en Consejo de Ministros de la Generalitat es

un asunto más hondo. No se trata del triunfo de una región sobre las restantes, pese al hecho

de contemplar la autonomía de una y olvidar la petición de Castilla y León, de Cantabria, de las

Vascongadas, de Canarias o del cantón de Cartagena; todas por igual grotescas o serias,

según se quiera; se trata de un atropello a la democracia. Cuando en las Cortes se está

elaborando la Constitución, resulta anormal que el Ejecutivo, por su cuenta y riesgo,

—este compartido con el pueblo, teóricamente soberano, pero sin arte ni parte en la ´grave

decisión— apruebe una provisionali-dad que a nada conduce, como no sea a presentar hechos

consumados y manejar así la tarea del Legislativo. Tamaña intromisión vulnera el más

elemental sentido democrático y orienta hacia dónde van las intenciones de los demócratas de

toda la vida, que nos gobiernan. Si por la presunta puesta en entredicho de la inmunidad

parlamentaria, se ha celebrado un pleno en la Cámara ¡qué sesión plena-ria no debería

celebrarse para pedir cuentas al Gobierno sobre su intromisión en asuntos tan graves, que no

le competen! Porque la competencia está claro que sólo al pueblo —mediante Referéndum—

corresponde o, en su caso, al Legislativo, representante legítimo —aunque también torpe, justo

es reconocerlo— del pueblo en el que, según la Ley de Reforma Política,reside la soberanía.

Con lujo de champán han brindado Tarra-dellas y Sánchez Terán, en tanto que el labrador

echa la siesta cansado sobre el tractor, probablemente adquirido a plazos, tras desprenderse

de los mulos inevitables de 1931, año constitucional al que hemos regresado por el túnel del

tiempo que Suárez ya ensayó en la Televisión cuando era director general. ¡Ojalá esta España

del trabajador agotado de fatiga y problemas, no despierte trágicamente de la siesta!

 

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