Autor: Paso Gil, Alfonso. 
   Politizar     
 
 El Alcázar.    30/09/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

POLITIZAR

CUANDO se politiza todo es que no hay política. Y esto lo saben perfectamente aquellos que

prevarican con las ideas y hacen cohecho del pensamiento. Yo no podría instrumentar todo un

ideario político con una obra de teatro. Me lo rechaza de plano no solamente mi profesionalidad

como autor, sino al tiempo una especie de fondo ético que me dice que una obra política es

una obra fallida en sus dos terceras partes. El teatro tiene una dimensión sociológica muy

importante, un estupendo mensaje cultural. Pero no se puede hacer patrimonio de un grito a la

moda ni puede ser jamás, o no debe serio, un jaleazo y una murga en los que se entonen gritos

a la libertad y se confundan ideas que tienen su sitio en otra parte. Voy a poner un ejemplo que

me parece perfectamente clarificador. Ibsen es el gran adelantado de lo que pudiéramos llamar

la liberación femenina y precisamente esa idea le hace construir una obra donde unos

personajes se enfrentan con un problema. Lo que surge es una pieza hasta cierto punto

maestra: "Casa de muñecas". Pero no solamente hay un tema; hay unos personajes, hondos,

profundos, hay unos caracteres y en ningún momento se procede a la demagogia teatral que

ya en aquellos tiempos cultivaban dramaturgos como Handsone y Lubeck. De acuerdo, eran

comediógrafos menores. Pero se dedicaban a la prédica y no al teatro. En nuestro país, el gran

Echegaray, repito por si no lo han oído suficientemente, el gran Echegaray, escribe "El gran

galeote", un deslumbrante drama en el que fustiga la maledicencia, que es uno de los vicios

predilectos de la sociedad española desde tiempos de don Rodrigo. A pesar de) carácter

grandilocuente de las piezas de Echegaray, hay dentro de ese drama, increíblemente moderno,

una sustancia teatral que le aleja de cualquier sectarismo. Cuanto he dicho del teatro lo

podemos aplicar a cualquier manifestación de la vida ciudadana. Si politizamos los cafés,

hacemos política con los libros de texto, intentamos politizar una acera de una calle, o que sea

político un número o una imagen, y no hay manera de desvincularse de la psicosis política que

sacude a la nación, es que en fa patria no hay política. Y esto está más claro que el agua. En la

patria hay barullo, hay jaleo, hay desorden, hay malestar; pero no hay política. Yo le llamo

política a la que llevó, por ejemplo, a un obrero de la construcción a dar estudios a su hija, a

comprar la vivienda donde habita y 3 tener, finalmente, un pequeño coche. Yo le llamo política

a la creación de un cuerpo inmenso, necesitado de ajustes y reformas, como es la Seguridad

Social. Yo le llamo política a nuestras autopistas, a nuestros canales de riego, a nuestros

tractores. Y le llamo política, en fin, por encima de todo, a la concepción que del hombre se

tenga y se defienda con una ética respondable. Cuanto he dicho puede ser política. Lo demás

no es más que kermesse. Y lo saben perfectamente los alevines de embarulladores de que

está lleno el suelo de nuestra querida patria. No; me niego a decir que "Don Juan Tenorio" es

una obra fascista y que "Los intereses creados" es una obra revolucionaria. Me niego a situar a

este aquí o a aquel allá si no se sitúa el por su propio pulso y por sus propias ideas. Hay

muchas cosas que están despolitizadas. Y lo están porque tienen que estarlo. Porque notorio,

verdaderamente es política aunque nos quieran hacer tragar la pildora de que en la manera de

tomar una taza o de agitar el café con una cucharilla hay ya una demostración política

inconfundible. Me abruma, me harta todo este empeño siniestro en politizar cuanto nos rodea.

Eso es porque en "La Casa de los Leones" no funciona el mecanismo político. Sí el mecanismo

político funcionara el pueblo andaría más listo para et trabajo, más esperanzado, más divertido

y con mejor uva. El pueblo se ha situado más allá de este frenesí de politización que nos

sacude. Hoy se habla con fruición da cultura fascista y cultura antifascista y se descubre que

Heidegger era un precursor del fascismo y que lonesco es un escritor fascista. Todo esto es

basura. Todo esto es un invento del marxismo para seguir jugando a las cuatro esquinas con la

juventud, con la patria y hasta con la idea de Dios. Por lo tanto, una obra, en principio no es

fascista. Un autor no es fascista si no se ha declarado de antemano así. El ejemplo lo tengo

también a la mano. Yo soy un defensor de la civilización occidental a pasar de mi orientalismo

congénito. Yo escribí "Nerón Paso" que es la más atroz de las diatribas contra el cristianismo

de los primeros tiempos. No se puede etiquetar más que lo que es etiquetable. Estoy harto de

que se politicen hasta los Seat 133.

Alfonso PASO

 

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