Autor: Kindelán Duany, Alfredo. 
   Nuestros adversarios no cejan  :   
 Preparemos nuestras defensas. 
 ABC.    22/04/1961.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

ABC

NUESTROS ADVERSARIOS NO CEJAN

Preparemos nuestras defensas

RECIENTES están unos frustrados intentos de atacar a España, que debemos despreciar, silenciándolos, ya que tanto favorece la difusión de las calumnias hablar de ellas en sentido favorable como adverso; sería imprudente creer que dichos fracasos han hecho desistir de sus propósitos a los enemigos de nuestro país, precisamente cuándo volvemos a ser peligrosos por habernos recuperado de la debilidad que una cruenta guerra civil produjo en la vitalidad hispana. Hoy somos un factor con que hay que contar en el tablero internacional, y buena prueba de ello es que se requiere nuestro concurso para defender la civilización cristiana-occidental, con amabilidad desacostumbrada, por naciones que hace pocos lustros nos injuriaban y despreciaban.

Naturalmente, esta rectificación de criterio y la consiguiente revalorizáción del papel de España no ha podido quedar limitada a la zona geográfica ocupada por pueblos de nuestra misma estirpe y raza, sino que se ha extendido ´a los situados al otro lado del "telón de acero" y a las "quintas columnas" que los rusos tienen a su servicio, cómo esclavos, aquende dicho telón.

De que así sucede son pruebas reiteradas: acuerdos de ciertos ´congresos de partidos extremistas; visitas ingratas de comisiones de juristas que vienen a comprobar supuestos abusos de autoridad y de las leyes penales españolas; reuniones internacionales pro amnistía,a presos y exiliados españoles y. sospechosas informaciones de Prensa.

Existen, es verdad, motivos para que estos renuevos de la leyenda negra broten can gran´ virulencia, y son, entre otros, los siguientes: la recuperación de España, antes citada; el recuerdo del descalabro que al comunismo infligimos en 1939, que el orgullo soviético no ha podido digerir, y la oportunidad de disponer de una numerosa y variada, como jamás tuvo a; su disposición la leyenda negra, tropa de maniobra, ejecutora de sus designios. Al nacer aquélla, los enemigos de España eran: una Europa débil y dividida—la del siglo XVI—; un cisma religioso recién nacido; él islamismo y el judaismo, en decadencia. Hoy, Rusia domina a la mitad del orbe y dispone de elementos contrarios a la civilización cristiana: el ateísmo, el comunismo y la masonería.

En los cuatro siglos que lleva molestándonos la leyenda antihispana, tuvimos tiempo y oportunidades de aprender mucho sobre sus métodos y sobre sus causas ocasionales: la envidia de naciones, confesiones religiosas y sectas, por nuestro poderío imperial, por nuestra unidad religiosa y política, por nuestras virtudes, por nuestro sistema de colonización, humano y generoso, y por nuestra vitalidad, racial.

Aprendimos también a desdeñar los "injustos ataques, continuando impávidos nuestro caminó, glorioso o desdichado.

Jamás me creí en posesión de la verdad y siempre reconocí lo falible de mi juicio, pero si sobre algo tuviese derecho a opinar sería sobre temas relativos a la leyenda negra, ya que siempre tomé como propias las injurias hechas a mi patria y procuré leer cuanto acerca de ella se escribió en pro y en contra.

De estas lecturas deduje ,que el más eficaz de, los sistemas para desarmar al adversarlo mal intencionado consiste en desdeñarlo en vez de dar aire a sus calumnias, limitándonos a una protesta viril contra la injuria, restableciendo la verdad de los hechos. Cuando así procedimos, los ataques de la leyenda fracasaron. Con mayor razón fracasarían hoy las maniobras del comunismo, desacreditado en el mundo desde los horrores de Hungría, y en España desde nuestra Guerra de Liberación.

En su campaña inicial del siglo XVI la leyenda concentró su fuego sobre tres objetivos: la Inquisición, Felipe II y la conquista de América, cubriendo a los hechos y a los personajes históricos con la hojarasca de sendos mitos. Nuestro orgullo temperamental nos hizo reaccionar contra la injusticia calumniosa con violentas réplicas, entablando diálogos en los que nuestra voz aislada era acallada por otras muchas y más fuertes de nues-,tros enemigos, que volvían a veces contra nosotros argumentos que algunos españoles les proporcionaban ingenuamente.

´ La historia nos fue enseñando que el sistema no era bueno, y como en los siglos XVII y XVIII, de nuestra decadencia, nuestro desamor hacia Europa nos llevó a reconcentrarnos tras nuestras fronteras, renunciando a intervenir en la política internacional, pareció que aceptábamos resignados el triple sambenito que se nos había impuesto, al que vino a sumarse un cuarto, el de la incultura, acusándonos de constituir una remora para el progreso de la civilización.

En el siglo XIX sacudimos nuestro conformismo, real o aparente, y comenzamos a utilizar el sistema de mayor eficacia: evitar los diálogos descompuestos y seguir impávidos nuestro camino, rectificando los hechos tergiversados, sin descomponernos. Como el artículo se hace largo me limitaré a recordar episodios del siglo XIX y del actual en- que este método ha resultado eficaz. Después de la victoria de Bailen en la güeña de la Independencia, decidió la Junta de Andalucía trasladar a Baleares a los prisioneros franceses para librarlos del contagio de una epidemia declarada, eligiendo, por ignorancia, la desolada isla de Cabrera; la Junta de Mallorca se desvivió por atenderlos, pero incurrió en nuevo error; dispuso el traslado a Palma de Mallorca de todos los jefes y oficiales para darles mejor alojamiento, con cuya medida dejó acéfala, en Cabrera, a una soldadesca que se entregó a la rapiña, a las riñas cruentas e incluso llegó a la antropofagia. La leyenda se lanzó, jubilosa, sobre el episodio, exagerándolo y deformándolo; pero bastó a la Junta de Mallorca restablecer la verdad de lo acaecido con prueba documental, corroborada por declaraciones de los mismos prisioneros, para que a los pocos años se extinguiera el virulento ataque.

Un segundo episodio. es reciente. En nuestra Cruzada desdeñamos enemistades y calumnias de países de nuestra raza y seguimos nuestro • camino, sin dar oídos a los ladridos de la jauría, hasta ganar la guerra. Llegó en seguida la segunda gran guerra y, apenas terminada, la gran mayoría de las Estados rompieron las relaciones diplomáticas con el nuestro, y la. O. N. U. nos declaró "un peligro para la paz". Franco, respaldado por todos los españoles, desprecióla afrenta y la amenaza. Hoy España es miembro de , la O. N. U. y amiga o alíada de casi todas las naciones.

No se siguió este buen sistema por algunas entidades nacionales, pero sí por un selecto grupo de, intelectuales, con ocasión de reciente maniobra comunista, desenmascarada y fracasada, de una conferencia pro amnistía de presos y exiliados; dichos intelectuales renunciaron a seguir sosteniendo una petición respetuosa, favorable a la unidad de los españoles, ´elevada a nuestro ,Gobierno, en favor de la libertad de los presos en cuanto vino a interferir la humanitaria pretensión la maniobra comunista. Qué tiempo, qué trabajo y qué dinero el gastado en editar folletos en castellano refutando los argumentos comunistas, coma si los españoles ignorásemos la maldad intrínseca de su doctrina. La justicia me obliga a reconocer que en recientísima ocasión, en un incidente con Marruecos, nuestro Gobierno ha seguido el buen método: reserva, serenidad y energía en la protesta y en el anuncio de sanciones.

El mismo sistema debemos emplear en ataques que se están, preparando para fecha próxima, en los que el enemigo tanteará nuestra debilidad en distintos frentes: intolerancia religiosa, totalitarismo, régimen penitenciario, frenteras, colonias y otros que vaya inventando, la calumnia.

Alfredo KINDELAN

 

< Volver