Autor: Miguel y Martín, Antonio de. 
   La nueva cara de España     
 
 ABC.    18/07/1962.  Páginas: 2. Párrafos: 7. 

DE todos los rincones de España pueden llegar los testimonios de un vivo progreso general, a través da las cuentas limpias de su crecer y de su vivir. La restauración y la recuperación de España son ya un fenómeno dato, patente, indudable. Pero no era fácil disponer de balconea o miraderos desde los que la visión de conjunto pudiera ser comprobada. Siempre los arbolea, es decir, la apreciación de lo parcial o fragmentario, impedían ver el bosque completo, y mas todavía cuando se trataba de comparar la fisonomía general del país actual con la de otras épocas. Felizmente, una investigación reciente ha venido a poner luz y perfiles en la auténtica evolución del pueblo español durante los últimos diez años, demostrando, sin lugar ya a dudas de ninguna clase, que la política seguida, en España ha sido una política de realidades y no de fantasías, de honesto y fecundo trabajo y no dé engaño y de lucro politiqueros.. Este gran observatorio que se nos ha abierto a los españoles para pesar y para medir nuestra gran evolución estructural a lo largo, a lo ancho y a lo profundo de la vida nacional, ha sido la "muestra" elaborada con el último Censo de la población española con referencia al año 1960, cuya comparación con las cifras correspondientes al Censo anterior—e1 de 1950—ofrece consecuencias qué podríamos calificar de sorprendentes, si no estuviera eliminada previamente la sorpresa en la tarea de comprobar él florecimiento español y su maravilloso renacimiento del momento actúal. Todos teníamos, en efecto, la sensación de que España estaba "cambiando de piel" o de cara, pero nos faltaban los datos generales y ciertos para demostrarlo.

Ahora no. Gracias a 1a clasificación que de la muestra del Censo se ha deducido de la población española y de sus principales características demográficas, sociales, económicas, culturales y hasta politicas, podemos descubrir sin error posible como es la fisonomía verdadera de la España actual y compararla con la.de hace diez años. Y aseguramos al lector que la transformación ha sido tan profunda y el progreso tan vertiginoso que rozan tos límites de lo sensacional.

Que un pueblo progrese en numero o en masa demográfica no tiene tanta importancia como que progrese en calidad. Pues bien, la calidad del pueblo español ha mejorado tan visiblemente, al mismo tiempo que mejoraba su nivel de vida, que merece la pena de dejar constancia de estos avances a través de la comprobación numérica de sü realidad. Y como números cantan, comencemos diciendo que la cultura general se ha extendido de tal manera en la última década que el analfabetismo español ha bajado en dicho periodo del 14 al 10 por 100, con la circunstancia curiosa de que el afán de cultura no sólo se ha dado en las edades jóvenes, sino también en las maduras, y asi, una gran parte de los hombres de cincuenta años, que en 1950 eran analfabetos, no lo son ya en 1960.

Otro síntoma elocuente de las mejores condiciones de vida que disfruta «1 español es la decisiva contracción de la mortalidad en las edades más peligrosas de la vida—las de la Infancia y las de la senec-

tud—en forma tal que, proporcionalmcnte, hay en 1960 más niños y más ancianos que en 1950. Pero—también hay que destacarlo como signo de progreso—ni los niños se vez forzados ya. a trabajar en las edades tiernas, porque se atiende en ellas a su preparación cultural y profesional, ni los viejos se ven forzados a prolongar más allá de sus tuerzas y da su capacidad el ejercicio del trabajo, gracias a un sistema social de retiros y de subsidios de vejez, en el que España se encuentra a la cabeza del mundo.

La estructura económico social de la población también ha dado* una vuelta completa, con perspectiva aún más halagüeña. La progresiva industrialización de nuestro país ha comenzado a nivelar ese tremendo desequilibrio, característico de los países aubdesarrollados, que se da entre la población rural, o agraria, y la población dedicada a la industria y a los servicios. En estos países, la proporción de la población agrícola—en condiciones de vida generalmente miseras—alcanza la proporción de hasta el 60 y el 80 por 100 de la población total. Pues bien; en España, cuya proporción era en 1950 del 48,84 por 100, se ha bajado en 1960 al 41,29. En números redondos puede decirse que no menos de 1.300.000 puestos de trabajo han sido creados en los diez años en los sectores industrial y de servicios, y una gran Darte del personal asi reclutado proviene del campo, que, por su parte, no ha dejado de progresar al perder una parte de su mano de obra, porque se ha sustituido con ventaja por una Intensa mecanización y racionalización de cultivos.

Todos los datos, fragmentarios o generales, desembocan en la proclamación de una gran verdad, que conviene estimar y proclamar en esta fecha señalada del 18 de Julio, tan propicia a hacer inventario y balance de obras y realizaciones, y esta verdad es la arrolladura corriente de industrialización de nuestro país, como lo demuestran los índices de producción industrial que se han triplicado con exceso desde 1940, pues lo que era 60,5 por 100 en esta fecha, se ha transformado en 188,9 en 1960. La agricultura, aunque no ha progresado, como ya se ha dicho, al mismo ritmo acelerado, también ha avanzado considerablemente, puesto que su actividad, medida en índices dé producción, viene del 62,8 en 1940 al 138 en 1961. Y como resultante final, la renta total del país, medida siempre con una misma unidad monetaria—la peseta de 1961—, ha pasado de 261.522 millones, recién terminada la guerra,—en 1940—, a 497.658 millones en 1961. Casi el doble. .

La visión serena y objetiva de estos avances, cristalizados en un progreso general que ha hecho cambiar por completo la fisonomía de España, nos lleva a proclamar un sentimiento también general de gratitud a quienes han conseguido transformar, en efecto, lo que pudiéramos llamar "cara de España", ofreciéndonos, no sólo los saldos al contado de unas realizaciones Conseguidas, sino un cuantioso crédito a la esperanza de, que estamos en camino d« alcanzar los más suspirados objetivos del desarrollo económico y social.

Antonio DE MIGUEL

 

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