Relevo en Obras Públicas  :   
 Don Federico Silva Muñoz termina su brillante gestión ministerial. Se nombra para sustituirle a do Gonzálo Fernández de la Mora. 
 ABC.    14/04/1970.  Página: 21. Páginas: 2. Párrafos: 18. 

ABC

De pocos hombres se podrá decir con más verdad la frase evangélica: "por sus

obras los conoceréis". Al hoy ex ministro don Federico Silva Muñoz se le

conoció, se le conoce y fe le conocerá mucho tiempo por esas obras, algunas

verdaderamente faraónicas (como el Trasvase Tajo-Segura) que ahí están, sobre la

oíd de España, para testimonio de su gestión, en menos de un lustro al frente

del Ministerio de Obras Públicas.

Esas frases acuñadas de "vox populi" (casi siempre certera en sus juicios

intuitivos) que adjudican a Silva Muñoz los apelativos de "ministro eficacia" y

también "ministro de últimas piedras" (irónica alusión a tantas "orí-meras"

colocadas con boato oficial que no tuvieron la obligada continuidad), no eran

tópicos. Nacían de la repetición sistemática de unas realidades que hoy están en

la mente de todos los españoles.

Cuando en el mes de julio de 1965 un hombre de cuarenta y dos años que procedía

di otras actividades intelectuales (doctor en Derecho, profesor de Economía,

abogado del Estado, letrado del Consejo de Estado, académico de la Real de

Jurisprudencia, procurador en Cortes desde 1961, etc.) era designado para

regentar el Ministerio de Obras Públicas, unos • periodistas le preguntaron,

¿cuáles eran sus planes al frente del Ministerio? Don Federico Suva Muñoz les

contestó con una amable sonrisa algo por este tenor:

"Hoy no tengo ningún plan. Esperen unos meses a que tome contacto con las

necesidades del país. Para entonces les prometo una respuesta clara y concreta."

Asi fue. Antes de un año eran varios los planes de terminación de grandes obras

que llevaban muchos años iniciadas (ejemplos los Enlaces Ferroviarios y el

ferrocarril Madrid-•Burgos) y se planeaban e iniciaban otras de gran

trascendencia, como el abastecimiento de aguas a Madrid, incluida la llamada

Solución Oeste (canal del Alberche) y otras obras.

Antes de los dos años, en el mes de enero de 1967, ya se acuerdan las

concesiones de las autopistas Barcelona-La Junquera y Mongat-Mataró. El día 24

de dicho mes el ministro da a conocer el programa de la Red de Itinerarios

Asfálticos (REDIA) y se expone en el Ayuntamiento de Madrid el plan ´de

ampliación del Metro de Madrid. En el mes de mayo visita los colectores del

Abroñigal y da a conocer, eí plan de la Red Arterial de Madrid.

En el ánimo de todos estaba que (Gonzalo Fernández de la Mora era ministrable, y

en la alegría general de esta Casa está hoy su nombramiento de ministro, que •

recibimos con complacido y natural contento.

Es difícil resumir la aventura humana e intelectual de nuestro colaborador

ilustre. Ha sido un prodigio de juventud y de capacidad. Por la brisa

mediterránea de su natal Barcelona le llegaba tempranamente el recado exigente

del logas, como un aviso de Grecia. A los diecinueve años, Azorín le daba

matrícula de honor literaria y elogiaba su primer libro, un calado psicológico

titulado "Paradoja". Había terminado en 1945, brillantemente, sus licenciaturas

en Filosofía j en Derecho, con premio extraordinario de la Universidad de

Madrid. Era ya un devorad»! de libros, un conferenciante serio y un escritor

polémico.

Tenia veintitrés años cuando ingresó en la carrera diplomática, y poces más

cuando era profesor de la misma. Con todavía mucho mocerío en su sangre ya

aplicaba voluntad esclarecedora por poner orden en las grandes cuestiones de

nuestro tiempo, por alcanzar el tuétano de la maestra Historia y la entraña

veraz del pensamiento.

Los lectores .de ABC tienen suficientes pruebas para conocerle por su obra de

crítica que, reunida bajo el título general da "Pensamiento español", abarca

tantos volúmenes como comprensiones, tantas aportaciones como claridades. Hombre

depurador d* quintaesencias, con una poderosa dotación para la síntesis,

Fernández de la Mora nos hacía el regalo de su "naturaleza" intelectual para

acercarnos toda la carga de pensamiento que desentrañaba en sus lecturas.

Desde Séneca a Zubiri y de Erasmo a Giner de los Ríos, nada de cuanto ha

supuesto una contribución valiosa al acervo cultural español quedó fuera de su

óptica. Clausuraba en Río de Janeiro un curso de conferencias sobro Unamuno y

hablaba en Londres de Menéndez Pelayo, ó en Buenos Aires situaba las coordenadas

del pensamiento español contemporáneo.

,

Buen especulativo,, anticipaba ideas y valores que luego aparecían en las

corrientes del mundo. Pero su labor de crítico la ejerció siempre desde una

tabla de valores y unas convicciones firmes, que lo hacían aparecer polémico y

no permitía que el lector quedara indiferente. Como observador, tomaba partido

por la exigencia intelectual, por EL rigor científico, por la objetividad.

RELEVO EN OBRAS PUBLICAS

Don Federico Silva Muñoz termina su brillante gestión ministerial

Se nombra para sustituirle a don Gonzalo Fernández de la Mora

El «Boletín Oficial del Estado» publica hoy, martes, un decreto de la Jefatura

del Estado por el que se nombra ministro de Obras Públicas a don Gonzalo

Fernández de la Mora.

Sustituye en dicho cargo a don Federico Silva Muñoz.

Madrid 13. El ministro de Obras Públicas entrante, don Gonzalo Fernández de la

Alora, y el saliente, don Federico Silva Muñoz, se han reunido a cenar hoy con

el subsecretario, directores generales y secretario general técnico del

Ministerio de Obras Públicas, así como con el presidente, director general de

Renfe y presidente del F. E. V. E. (Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha),

con los que han tenido un amplio cambio de impresiones sobre las diferentes

obras de las infraestructuras que corresponden al Ministerio de Obras Públicas.—

Cifra.

FERNANDEZ DE LA MORA

Y al tiempo que semanalmenle nos alertaba sobre cuanto en España se pensaba,

escribía i publicaba, Fernandez de la- Mora había cubierto su propia andadura de

escritor. "Las aporías de Nuremberg", "Esquema y ética de la colaboración",

"Maquiavelo, visto par lo« tratadistas españoles de la Contrarreforma". "La

quiebra, de la razón de Estado", "Maezlu y la teoría de la revolución", "El

.artículo como fragmento". "El crepúsculo de las ideologías" son algunos de los

titulos de sus libros.

Los premias le habían ido llegando por turno y en orden a sus muchos méritos: el

"Lúca de Tena", por vigentes precisiones sobre la enseñanza y la formación; el

"Mariano de Cavia", por una semblanza emocionante de Agustín de Foxá; el

"Gibraltar", por lo que BU nombre indica, y el premio nacional de literatura

"Menéndez Pelayo", por su abareador ensayo "Ortega 5 el 98".

Una fina sensibilidad literaria le dio siempre cargado a su manera de situar,

interpretar y comprender los

grandes temas del pensamiento. Escritor, diplomático, había ya viajado por todo

el mundo, y su vocación de joven maestro de las nuevas promociones le empujaba a

acudir a los Colegios Mayores y a las Universidades no sólo a conferenciar,

sitio & escuchar, a dialogar y a convivir con las gentes más jóvenes que él.

Todo en él ha sido coherente y como formando un gran´ cuerpo unitario: sus

servicios al país y al Estado, como cónsul y consejero de Embajada; como

representante en Congreso internacionale«, y los que como periodista y escritor

lia ejercido en una de las máá raras y ejemplares hazañas criticas que quepa

recordar en nuestro tiempo. El Derecho, la Historia, la Filosofía, fueron

siempre su devoción y su vocación. Y a estudiarlas se consagró, con afán de dar

a muchos el fruto de eus cavilaciones. Secretario general del Centro Europeo de

Documentación, miembro del Instituto de Estudios Políticos de la

Híspanle Society, de Nueva York, y de la Societé Europeenne de Culture, de

Ginebra, realizó una excelente labor en la Subdireeción General de Relaciones

Culturales del Ministerio de Asuntos Exteriores, del que luego ha sido

subsecretario de Política Exterior, y hasta hoy mismo, subsecretario.

Hace menos de un mes que la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas te

elegía como miembro numerario. Su latiente humanista, su esperanza española y su

categoría intelectual quedan evidentes en cuanto escribió y quiso. La Gran Cruz

del Mérito Civil y la de Alfonso X el Sabio, así como las encomiendas de Isabel

la Católica, Carlos III de Bélgica y Pablo I de Grecia, han reconocido sus

servicios y méritos, que esperamos y deseamos encuentren ahora, »1 frente de las

Obras Públicas de

España, nueva ocasión de eficacia.

 

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