El ministro de la eficacia     
 
 ABC.    14/04/1970.  Página: 22. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ABC

EL MINISTRO DE LA EFICACIA

Ha cesado, en su cartera ministerial, don Federico Silva Muñoz. El Ministerio de

Obras Públicas, Departamento tan decisivo para el progreso del país, pierde, con

él, a uno de los dos mejores, más competentes, más eficaces titulares que ha

tenido en lo que va de siglo. Fue el conde de Guadalhorce, también con un

impresionante resumen de acertadas realizaciones, el otro ministro a que nos

referimos.

Relatar aquí la obra cumplida y la obra iniciada por Silva Muñoz, aparte de no

ser preciso, para la elogiosa despedida que pretende nuestro comentario,

rebasaría el espacio de estas dos columnas. Baste recordar que la opinión

pública, más fácil por lo común a la crítica que a la alabanza, le bautizó

cariñosamente, hace tiempo, "el ministro Eficacia".

Eficacia. Y también, y como base firme para que ésta sea posible y cierta, una

extraordinaria capacidad de trabajo y una nada corriente aptitud para las

decisiones diligentes. Y, además", ese poder de persuasión, auténtica autoridad,

para dar la agilidad necesaria a la gestión burocrática, tan propicia a

lentitudes y demoras en un Ministerio con finalidades muy variadas y

organización muy amplia. Y, en fin, una cualidad meritísima e impagable para

nosotros, los periodistas: la apertura informativa, practicada como costumbre,

unida a la precisión y claridad de sus informaciones, consecuencia, a buen

seguro, de ser claros y precisos sus planteamientos, sus proyectos de actuación.

No encontró Silva Muñoz, al hacerse cargo del Ministerio de Obras Públicas, un

panorama que no estuviera ensombrecido por acuciantes problemas, graves por su

naturaleza y graves también por los recursos que su solución reclamaba. Tales,

por ejemplo, «1 estado de las carreteras, la falta de autopistas, la

insuficiencia de agua para el abastecimiento de grandes poblaciones, desbordadas

por el rápido .crecimiento demográfico...

Las obras necesarias fueron emprendidas, bajo su dirección y por su impulso,

inmediatamente. Porque y es otro dato imprescindible para enjuiciar la

personalidad de Silva Muñoz—-siempre demostró tener una virtud política

excelente: el sentido de la urgencia, que es una forma perfecta de distinguir lo

efectivo de lo que, por no realizarse a tiempo, puede llegar a ser inoperante.

Urgencia, desde luego, que no es posible sin determinar la prioridad auténtica,

verdadera, de las necesidades.

Así pronto, al cabo de muy pocos años, cientos de kilómetros, construidos de

nueva planta o mejorados de modo sustancial, eran una realidad en. la red

nacional de carreteras; se ponían en servicio los trámos primeros de las

autopistas de peaje; se alzaban presas y se trazaban conducciones que emprendia

una verdadera comenzar las obras para el trasvase de las aguas del Tajo al

Segura. Todo, en fin, hechos, realizaciones, y casi nada estimaciones

estadísticas o simple definición de perspectivas.

Dado el tiempo que necesitan, por lo común, las obras públicas para su

terminación, el definitivo juicio favorable de la tarea política de Silva Muñoz

se hará, lo harán los españoles, dentro de unos años. Con frecuencia, con mucha

frecuencia, las actuaciones políticas que tienen su materia prima en la

transformación y creación de las cosas—bienes o servicios—y tienen _menor

incidencia en la mutabilidad fácil de los expedientes, los sistemas y los

procedimientos, están sometidas, sin perder un ápice de su grandeza, a esta

servidumbre.

Será, decimos, dentro de pocos años cuando la obra de Silva Muñoz se evidencie

en´toda su positiva magnitud, porque entonces todo serán aplausos a una

comunicación, rápida y cómoda, por las carreteras de España; y entonces se

apreciará, como eficacísima política de anticipación, de visión de futuro, que

un Madrid de cinco millones de habitantes no padezca sed y produzcan las huertas

del sur del Levante español todo lo que permite su feracidad natural para el

consumo interno y para la exportación.

El paso de Silva Muñoz por el Ministerio de Obras Públicas no será fácilmente

olvidado. Y es justo y oportuno hacer hincapié en ello ahora, cuando el ministro

de la eficacia, cuando el eolítico de los hechos, sale de su Ministerio. De un

Ministerio donde su obra y su nombre dejan una huella, seguramente, imborrables.

Sería injusto olvidar, en este momento, a sus colaboradores inmediatos al frente

de las sucesivas Subsecretarías y Direcciones Generales. Precisamente otro de

los grandes aciertos de Silva Muñoz fue saberse rodear de los mejores, de los

más competentes.

Sucede a Silva Muñoz, en la cartera de Obras Públicas Gonzalo Fernández de la

Mora. Nosotros, de modo especialísimo, por su cordial vinculación a este

periódico, cuyas páginas ha enriquecido su pluma tantos anos, celebramos su

nombramiento. Y conocedores de su valía política, de su capacidad, de sus altas

virtudes personales, vemos, en su designación, la mejor garantía de que la

política de Obras Públicas que el país necesita ni se interrumpirá ni sufrirá

retroceso.

 

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