Autor: Gibello García, Antonio (ALEXANDROS - NU). 
   Se va un gran ministro     
 
 El Alcázar.     Páginas: 1. Párrafos: 5. 

SE VA UN GRAN MINISTRO

La confirmación oficial del cese de Federico Silva Muñoz como ministro de Obras

Públicas —la noticia de su supuesta dimisión se conocía en los corrillos

políticos y periodísticos desde el pasado viernes— ha causado en la opinión

pública una honda conmoción, lógicamente explicable, porque a lo largo de su

gestión política. Silva Muñoz se ha ganado a pulso la admiración y el aprecio de

sus compatriotas, para Ios que ya será siempre "el ministro eficacia".

No es fácil ni frecuente este c o in ú n y generalizado consenso popular en

torno a una figura política de gobierno, y por eso mismo, el bien acreditado

prestigio de Suva Muñoz, acrisolado por las infinitas e importantísimas obras

realizadas y proyectadas, ha marcado en esta ultima etapa política que nos ha

tocado vivir, un verdadero hito que testimonia, a un mismo tiempo, la fecundidad

de una ejemplar gestión pública y la calidad humana, política y técnica, de uno

ds los grandes ministros del Régimen de Franco.

En la personalidad de Silva Muñoz se ha hecho evidente que un hombre de gobierno

puede ejercer eficazmente un puesto esencialmente técnico, sin dimitir por ello

de su esencial condición personal de hombre político. De hecho, la gestión de

Silva Muñoz demuestra que no existe obligadamente una: antinomia, y menos aún,

una antítesis, entre la: técnica y la política. Más aún, si cabe, con Silva

Muñoz se ha demostrado, justamente, que.la técnica,-es un instrumento al

servicio de la política, y que un hombre político puede ejercer, como tal

político, una función técnica de primera "magnitud, subrayada, además, por un

éxito indiscutible.

En este sentido, Silva Muñoz quiso ser, desde el principio, un hombre de

"últimas piedras", un hombre de inauguraciones, un hombre entregado por entero a

la política de obras conclusas. No es cosa de minimizar la trascendencia " de su

labor política descendiendo al detalle de la$ realizaciones puestas en marcha

por Silva Muñoz. Pero es. indudable que al cesar, España pierde a un gran

ministro. Venturosamente, se va un gran ministro, pero queda actuante´^ aún un

gran político. Y es bueno que sea así,, porque, nuestra nación no anda sobrada,

precisamente, de talentos políticos experimentados, ejemplares, como Silva

Muñoz, por la honestidad de la gestión pública realizada y por la eficacia que

ha signado toda su acción. en plena juventud.

Cara al futuro de España, bay que pedir a la Providencia que nos otorgue muchos

Silva Muñoz, igual que hay que desear, por el bien del país, por su mayor

progreso social y económico, que Fernández de la Mora, que viene a sustituirle

en la titularidad de la cartera de Obras Públicas, esté igualmente acompañado

del acierto, el tacto y la eficacia política de su antecesor. Creo que no me

equivoco si

aventuro que éste será el voto que formule en favor de su sucesor, el gran

ministro que se va.

Por Antonio GIBELLO

 

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