El ministro de la eficacia     
 
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El ministro de la eficacia

PARA hablar de Federico Silva Muñoz, que ha cesado como ministro de Obras

Públicas, no tenemos que improvisar; nos basta recordar la serie de comentarios

que hemos dedicado a su fecunda gestión; menos de los que ésta habría merecido,

más de los que habríamos deseado, pues profesamos el principio de ser muy parcos

en elogios a los que ocupan cargos públicos mientras los ocupan, y si con

alguien hemos querido extremar la parquedad ha sido con él.

Por esto podemos decir que cuando nos hemos referido, a su labor lo hemos hecho

siempre a remolque de una opinión general que la había enjuicia´ do ya con el

acierto que suele acompañar al pueblo para percibir cuándo un gobernante lo es

de verdad.

Sin embargo, nada ha hecho el señor Silva para halagar a la opinión; su fórmula

ha sido sencillamente ponerse a trabajar. Los resultados, ahí quedan; no se

pueden disimular, pues son de los que cambian la fisonomía de un país. Su labor

ha sido fundamentalmente técnica, pero él ministro, al realizarla, se ha

revelado como mucho más que un técnico; la.ha mostrado al país, ha interesado al

país en ella, le ha entusiasmado con ella, le ha dado una ilusión, y eso es

cabalmente lo que caracteriza al político, y al gran político.

Cuando en nuestro editorial del 6 de noviembre de 1969 pasábamos revista a

los miembros del nuevo Gobierno, al llegar al ministro, de -Obras

Públicas, que tenía la ejecutoria de su labor en el Gobierno anterior,

escribíamos: "Silva Muñoz es el hombre de la eficacia; es la garantía de que el

plan de autopistas, el ferroviario y el de grandes obras de regadío y

trasvases, contribuirá de modo primordial a que el desarrollo de España se

expanda." Escribíamos esas palabras —que Los meses transcurridos desde

entonces han. confírmalo—pensando primordialmente en el técnico; en el gran

ministro de Obras Públicas. Ahora, cuando ha cesado en dicho cargo, debemos

dejar también constancia del político; del hombre que, como antes

adelantábamos, sin necesidad de hacer la menor concesión a nadie,

simplemente cumpliendo con su deber, ha sabido hacerse popular.

Su nombre queda como el de quien, aun habiendo hecho una obra importante, no ha

dado un de sí todo lo que se puede esperar de él. El señor Silva Muñoz es un

valor que queda en reserva, y decir esto, que es importante siempre, constituye

para. nosotros un grato deber de justicia.

 

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