Autor: Casariego y Fernández-Noriega, Jesús Evaristo. 
   Don Carlos Marx y la historia de España e Hispanoamérica     
 
 ABC.    01/05/1961.  Páginas: 2. Párrafos: 13. 

DON CARLOS MARX Y LA HISTORIA DE ESPAÑA E HISPANOAMÉRICA

Por J. E. CASARIEGO

KARL—don Carlos—Marx parece que era descendiente de Judíos españoles. Y esa vena hispánica afloró en algunas ocasiones de su via y su obra. Conocía muestro idioma y frecuentemente utilizó en sus escritos palabras castellanas. El tema español le atrajo varias veces, especialmente durante su destierro en Londres. La historia moderna de España y América fue estudiada por él en varios artículos que enumeraré luego. Pero también, dispersas en otras .partes de cu obra, hay alusiones y referencias a cosas hispánicas, bien del lado de Europa o del de América, como sus conocidos juicios acerca de la guerra mejicano-norteamericana de 1846. en los que trata a los mejicanos en términos peyorativos y completamente falaces, en tanto que exalta a los norteamericanos con claros elogios. Marx aplaude y se congratula del despojo que los Estados Unidos hicieron a Méjico al quitarle, por derecho de conquista, la mitad de las tierras que la República había heredado del Virreinato. Para el pontífice del socialismo, los mejicanos eran los "malos" que debían perder y los yanquis los "buenos" que merecían ganar. Para estimar totalmente tan Injusta apreciación, no hay que olvidar que Marx era corresponsal de periódicos norteamericanos que le pagaban en dólares oro sus corresponsalías: y ningún tabernero habla mal de su vino. No cabe duda que la historia ofrece sorpresas tan desconcertantes como ésta de Marx agente y botafumeiro del "imperialismo yanqui". Seria curioso conocer lo que opinan de esto Fidel Castro, el "Che" Guevara y demás marxistas antiimperialistas de la última hornada.

Mi curiosidad por la enorme figura histórica de Marx es muy lejana. Recuerdo que leí "El Capital" cuando era estudiante de segundo año de Derecho en la Universidad de Oviedo. Era por cierto una hermosa edición alemana de fines de siglo. Incluso, después de haberlo leído, intenté traducirlo, pero no pasé de las primeras páginas. A los años que yo tenía entonces resultaba más agradable cortejar muchachas bonitas por la calle de Uria o zurrarme la badana con los netezuelos que por aquellos años del 31 al 33 le hablan salido en Asturias al autor del "Manifiesto Comunista". También recuerdo que en aquel juvenil intento de investigación y traducción sobre la Biblia socialista me acompañaban dos condiscípulos que eran requetes. Es curioso que, al menos en aquél tiempo, nos hayamos ocupado con cierta atención de Marx gentes que éramos radicalmente antimarxistas. En cambio, los llamados intelectuales del socialismo y comunismo—salvo contadísimas excepciones—conocían a su profeta sólo por compendios y traducciones de tercera mano. Y asi barbarizaban a veces cuando hablaban de él.

Que yo sepa, no hay ninguna antología completa, traducida a nuestro idioma, de los artículos y referencias de Marx a España y países hispanoamericanos. Soto se han publicado versiones parciales como la de Andrés Nin con notas de Artiles (Marx: "La Revolución en España". 1808-1843. Madrid, 1929), los comentarios muy deficientes de Ballesteros en sus acarreos sobre la Historia de España y el reclentísimó libro Marx-Engels: "Revolución en España", Barcelona, 1960, que es el más Impórtante de los publicados hasta ahora sobre la materia. También en Méjico y Argentina han aparecido traducciones que disten mucho de ser completas.

un lazo afectivo y familiar de Marx con el mundo hispánico fue el matrimonio de su hija con un hispanoamericano, el cual colaboró en sus trabajos durante la última etapa de su vida.

El interés de don Carlos por las cuestiones españolas no sólo era científico, de filósofo de la historia y economista, sino también personal y sentimental. Desde luego puede afirmarse que conocía mucho mejor, en su aspecto intimo y humano, la historia de España que la de Inglaterra y Francia, pese a que esos países podrían ofrecerle un mayor interés experimental para sus especulaciones en torno al proceso histérico-económico de la moderna, sociedad industrial.

Cuando escribe sobre España, Marx desciende a varias anécdotas y aspectos pintorescos que le apartan de su método y eu dialéctica. Y es fácil notar el deleite con que se recrea en la observación y exposición de muchas minucias, hasta el punto de que hay momentos en que, más que al fundador del materialismo revolucionario, parece uno estar leyendo trozos de los "Episodios Nacionales", de Galdós, o de las "Memorias", de Córdoba, o "La Estafa de Palacio", de Bermejo. Es ese un aspecto de Marx que no ha sido estudiado ni en España ni fuera de ella.

Se ve desde el primer momento que Marx se interesa humana y efectivamente por las cosas españolas, y que no limita su Información a las fuentes escritas y librescas de una seca erudición, sino que, como Galdós, debió de haber tratado con .muchos actores de la historia que estaba, escribiendo, cosa bien fácil, ya que en Londres y, París vivían millares de españoles emigrados, sobre todo procedentes del campo carlista. Esto se deduce de ciertos matices de la vida española que no pudieron haber sido leídos, sino "oídos". Por ejemplo, al marqués de la Romana (el que trajo la división española del Báltico en 1808 y fue autor del primer "pronunciamiento") le llama "el marqués de las Romerías", apodo burlesco que le pusieron en la campaña de Asturias por sus Inacabables marchas y contramarchas durante las operaciones militares contra los ejércitos (de Napoleón. Esta y otras anécdotas • semejantes no son fáciles de encontrar en los libros al uso. Igualmente´ está llena de sabor galdosiano la descripción que hace de las andanzas conspiradas del general O´Donnell en vísperas del pronunciamiento de Vicálvaro. O la vida airosa de los guerrilleros de la Independencia. O en los detalles novelescos de la rebelión masónica de Riego, en las

Cabezas de San Juan. Naturalmente que todo esto se refiere en ´trozos aislados de la prosa marxistas, pues por lo general prevalece en ella la dialéctica que desnuda y examina los hechos, siempre por un prejuicio y en busca, como sea de unas consecuencias preestablecidas. Y ello le hace muchas veces tergiversar los hechos, deformarlos, retorcerlos y exprimirlos, para poder así acomodarlos al servicio de su tesis.

Es muy curioso apuntar que Marx inicia esa técnica que tanto han usado y perfeccionado sus discípulos.

Por ejemplo, cuando se refiere a las barricadas de Madrid en. 1848, 1854 y 1856, en las que participaron tres cuatro o cinco mil hombres a lo sumo, habla de "todo el pueblo español", que entonces contaba con algo más de doce millones de habitantes. En cambio cuando en 1814 o en 1823 esa misma gente, en semejante número, aclamaba en Madrid al Rey absoluto, es para. Marx "vil populacho", "demagogia ignorante". Es decir: santo pueblo si estás conmigo; estúpidas turbas sí contra mi vas. También Incurre en errores de bulto, como reiterar lo de "Constitución de 1824", que nunca existió en España, donde la primera de nuestras desdichadas Constituciones fue 3a de 1812 y la segunda la de 1834. Mil y mil fallos podrán citarse así. Y, en contraste con ellos, un conocimiento minucioso, íntimo, cordial, de otros y mil y mil aspectos de la vida española. Es certero este juicio sobre nuestra historia. "La historia moderna de España debe ser valorada de modo diferente a como suele hacerse hasta ahora".

Son interesantes y originales las observaciones de Marx sobre el carlismo o tradicionalismo español, uno ds los movimientos políticos y populares más fuertes de la Europa de su tiempo y que la pedantería y engreimiento de los liberales quiso dar de lado, desconociéndolo con la táctica del avestruz, que mete el pico debajo del ala. Para Marx el tradicionalismo no es un puro movimiento dinástico y regresivo, como se empeñaron en decir y mentir los bien pagados historiadores liberales. Para Marx es un movimiento vivó y popular en defensa de tradiciones mucho más auténticamente liberales y regionalistas que el absorbente liberalismo oficial, plagiado por papanatas que copiaban a la Revolución Francesa. Los carlistas defendían las mejores tradiciones jurídicas españolas. Jas de los fueros y las cortes legítimas que pisotearon el absolutismo monárquico y el absolutismo centralista del Estado liberal. Representaban la patria grande como suma de las patrias locales, con sus peculiaridades y tradiciones propias.

De ahí una curiosa interpretación de Marx sobre el tradicionalismo que creo no sa sido todavía publicada en castellano: "No existe ningún país en Europa, que no cuente con restos de antiguas poblaciones y formas populares que han sido atropelladas por el devenir de la historia. Esos sectores son los que representan la contrarrevolución frente a la revolución que imponen las minorías dueñas del poder. En Francia lo fueron bretones y en España, de modo mucho más voluminoso y nacional, los defensores de Don Carlos." (Este párrafo está traducido directamente y publicado por primera vez en castellano, de li "Nueva Gaceta, Renana", colección de 1849.) Varias veces más insiste en esta, valoración del tradicionalismo, mucho más justa que la de la retórica de los historiadores liberales. Explica Marx con detalle cómo el tradicionalismo carlista tenía unas bases auténticamente populares y nacionales de campesinos, pequeños hidalgos y clero, en tanto que el liberalismo estaba encarnado en el militarismo, el capitalismo (las nuevas clases de comerciantes y agiotistas), la aristocracia latifundista y los intelectuales secularizados, que en la ´mayoría de los casos pensaban con cabeza francesa o traducían—embrollando—de Alemania, como el indigesto Sanz del Río, con sus tremebundas lucubraciones krausistas.

La obra marxista sobre España—a más de muchas referencias o citas aisladas— se contiene en los siguientes trabajos:

1 Referentes al tradicionalismo y otros aspectos político-sociales en la ya citada "La Nueva Gaceta Renana", en 1849, II. Ocho artículos publicados desde Londres en el "New York Daily Tribune", del que

era corresponsal en • la capital británica. Aparecieron en el verano de 1854 y se refieren a la revuelta iniciada por O´Donnell en Vícálvaro. Tanto le Interesó entonces de nuevo el tema hispánico que decidió ampliar esos trabajos ocasionales; y con esa fecha escribió a su amigo Friedriche Engels: "La principal preocupación de mis estudios es ahora España... Es una historia bastante confusa. Es muy difícil dar con las causas de los desarrollos. Veremos si puedo resumir tal asunto en seis artículos..." III. No fueron seis, sino nueve, los artículos que redactó con la historia española de 1808 a 1843. Pero el "N. Y. D. T." sólo publicó ocho. IV. Otros dos artículos en el mismo periódico sobre las algaradas madrileñas de 1856.y que son lo más declamatorio; pobre y falso de Marx sobre España. Los titula "Revolution In Spain". Se ve que están escritos "pane lucrando". V. Un artículo sobre Simón Bolívar para la "New American Cyclopedia", en e1 que por cierto Marx revela la poca consideración que le merecía el famoso caudillo de la emancipación de Sudaméríca.

Siguiendo las descripciones de Ducoudrey Holstein presenta un Bolívar cobarde, egoísta; feble, hipócrita, indolente, manso en la adversidad y dominante en el poder, una vez más el corresponsal de la Prensa yanqui muestra su desprecio por los hombres y los hechos de Hispanoamérica. Parece ser ´que en esa ocasión le encargaron también articulas sobre los temas: "Ejército español", -"Bidasoa" (Batallas), y que él traspasó el encargo a Engels. Pero de los escritos de Engels sobre España y los países hispánicos me ocupare otro día.

J, E. C.

 

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