Cardenal Jubany: Que la política no cree divisiones en la Iglesia     
 
 ABC.    21/03/1976.  Página: 21. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

CARDENAL JURANY: QUE LA POLÍTICA NO CREE DIVISIONES EN LA IGLESIA

Barcelona, 20. (Europa Press.) «El fenómeno de la creciente politización que

Invade todos los ámbitos de la vida social actual, está creando innumerables

partidismos en nuestras comunidades eclesiales", afirma el arzobispo de

Barcelona, cardenal Narciso Jubany, en la comunicación cuaresmal de esta semana,

que ha publicado con el título de «Purificar la fe».

Además, el purpurado, entre otras cosas, dice: «Es una vieja tentación la de

querer canalizar, a través de la acción religiosa, cualquier opción política a

la que uno se siente identificado. La inexistencia de adecuados cauces jurídicos

hasta hoy para la actuación oolítica de los ciudadanos explica te reaparición -

de aquella tentación vieja y, por esto, corremos el riesgo da dividirnos todavía

más en la vivencia de la fe, por causas o «sabidurías» que no son las de Dios.

A este propósito me parece fundamental la afirmación paulina: «pero nosotros

predicamos a Cristo crucificado». La predicación o la vivencia de la fe no

pueden identificarse con una determinada ideología política temporal. Esto no

quiere decir que nuestra fe nos margine o nos obligue a evadirnos de los

problemas de este mundo, sociales o polínicos. En realidad nuestra fe los

trasciende. El cristiano es Ubre de escoger la opción de compromiso temporal que

mejor se acomode a su manera de ser. Pero, por encima de los valores humanos de

la justicia, de la paz, de la verdad, del progreso y tantos otros que son

propios de la acción política —entendida ésta en el más noble sentido de 1»

palabra— el cristiano debe vivir y promover los valores perennes del Reino de

Dios.

Corremos el riesgo de querer adecuar nuestra fe a determinados esquemas

políticos. Por otra parte, muchos caen en 1a tentación de sentirse únicamente

unidos y solidarios con los que comparten su ideología de partido. Entonces

surge la idea de una Iglesia «de clase» y, con ello, la división de los

cristianos se acentúan y los grupos se hacen irreconciliables entre si.

 

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