Espera un tremendo juicio a los cristianos que vivan de espaldas a la justicia, el amor y la paz  :   
 Numerosos documentos episcopales españoles ante el Día del Amor Fraterno. 
 ABC.    14/04/1976.  Página: 23. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

ABC. MIÉRCOLES U DE ABRIL DE 1975.

«ESPERA UN TREMENDO JUICIO A LOS CRISTIANOS QUE VIVAN DE ESPALDAS A LA JUSTICIA,

EL AMOR Y LA PAZ»

Numerosos documentos episcopales españoles ante el Día del Amor

Fraterno

¿Y a quién no le preocupa la justicia? Nuestra juventud es especialmente

sensible a las exigencias de la justicia», escribe monseñor Cases Deardal,

obispo de Segorbe-Castellón. Escribe más adelante: «Hoy puede hacerse profesión

de ateísmo. Lo que nadie hace es profesión de egoísmo. Los otros, al menos en

teoría, valen la pena.

¡Justicia, amor y paz! Algo´ Que todos llevamos dentro como un ideal a obtener.

El problema se plantea cuando se estudian los caminos para llegar a él.

Para nosotros el. Evangelio es diáfano en este punto. En el quinto domingo de

Cuaresma de este año leíamos: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere,

queda Infecundo; pero si muere, da mucho fruto.

El que se ama a sí mismo se pierde.» ¿Quién, fuera del cristianismo, se ha

atrevido a decir: quien se ama, a sí mismo, se pierde?>>

Después de recordar el lugar que la Eucaristía tiene en esta concepción de la

justicia y del amor, concluye: «Quién como nosotros, los católicos, está

obligado a, no separar lo que Dios unió, justicia, amor y paz?>>

«Tremendo juicio les espera a. los seguidores de Cristo que no cumplan "el

mandamiento nuevo" que viven de espaldas a la justicia, al amor y a la paz."

LA FRATERNIDAD DESGARRADA.— El obispo de Tarazona y administrador apostólico de

Logroño escribe a sus diocesanos sobre las implicaciones prácticas del amor

fraterno.

«Las singulares condiciones de nuestro tiempo hacen, si cabe, más urgente el

deber fundamental de los hombres de permanecer unidos en Cristo. Nuestra

conciencia de fraternidad cristiana hoy está desgarrada por muchos signos de

incomunión, que hunde sus raíces en el corazón humano: los factores de

desequilibrio, las desigualdades y carencias injustas, la escalada de odios y de

violencias que perturban y atenían a diario nuestra convivencia familiar, social

y nacional.»

«¿Es que resulta hoy imposible el precepto del amor fraterno? Si, para los que

quieren prescindir de Cristo en sus relaciones con los demás hombres. Pero no

para los cristianos.»

"Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los

hermanos."

LA CIVILIZACIÓN DEL AMOR.—El obispo de Osma-Soria, ante el Día del Amor

Fraterno, invita a la «.civilización del amor» como contraofensiva pacifica a

las dialécticas del odio, de la división y del egoísmo, tan activas en nuestro

mundo:

«La civilización del amor —añade monseñor Cardenal— es la perenne -sabiduría del

amor fraterno, que ha caracterizado, en virtud y en obras, el caminar de la

Iglesia a través del tiempo, ?/ que reavivada y multiplicada en esas mismas

obras debe acreditar, también hoy nuestro nombre cristiano y demostrar su

presencia eficaz entre los hombres.

Debemos hacer de la: caridad un compromiso prioritario. Compromiso que nos debe

llevar primero a la unidad de criterios en los postulados que la fe nos existe,

a la cohesión viva de los voluntades

para poder ser los constructores de la civilización, del amor, y al mismo

tiempo, a la actitud de paciente comprensión, que perdona, que hace el bien y

ora por los enemigos para que seamos hijos del Padre, y podamos esperar una gran

recompensa en los cielos»

Para que la candad sea auténtica exige unas premisas: la verdad, el respeto

mutuo y la justicia.

«.Cuando se atenta contra la verdad moral —afirma el-prelado—, contra las

exigencias de nuestra fe y contra la misma dignidad de la persona humana, se

está atentando propiamente; contra la civilización del amor.»

Refiriéndose al respeto mutuo, el obispo de Osma-Soria escribe: "La caridad

exige una actitud respetuosa con el prójimo, incluso cuando disienta de nosotros

en la variada gama dé cosas que Dios ha dejado en el terreno de las cuestiones

opinables.

El mismo deber nos pide un respeto sincero a la autoridad legitima. Si ella debe

prestar con su función un ser-vlcio al bien común, nosotros debemos respetarla,

desterrando críticas injustas y paralizantes y aportando junto a ella una leal

colaboración al mismo bien común."

En cuanto a la justicia, monseñor Cardenal señala: «Cuando existe una amenaza

para los derechos fundamentales de la persona, como son el de su dimensión

trascendente, el de la educación religiosa, o e>l de la misma vocación

cristiana, lo que esta en peligro es la civilización del amor: se ha lesionado

la justicia.»

 

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