Autor: Miguel y Martín, Antonio de. 
   Lucha de clases     
 
 ABC.    25/07/1962.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LUCHA DE CLASES

NO recuerdo en cual de los saínetes de Arruches aparece un personaje solemne y prosopopéyico, castizo "hasta las cachas", y como tal de los ´ que "hablan que esculpen", y, además se recrea1 en el difícil arte de acentuar el énfasis de la palabra y atusar el léxico; el cual termina una larga y afiligranada perorata lanzando un´ lapidario consejo: "Hay que tener "sindéresis". Claro que la "sindéresis" del "señor Manolo" no se limita a tener en cuenta la lógica, la rázón, y la consecuencia, sino qué se extiende a otras cualidades personales del "infrascrito" que caracterizan a los hombres cabales y´ viene a ser algo así como el "non plus ultra", la cifra y resumen de la educación, Jos buenos modales, el temor de Dios, la formalidad, la honradez. La "sindéresis", en resumen, asi entendida, es el pasaporte seguro de que puede disponer cada ´´quisque" para alcanzarla fama, y, con ella; el respeto y la admiración de sus congéneres.

Pues bien; tengo para mí que estamos viviendo los tiempos de menos "sindéresis" de la historia. Y lo digo por las sorpresas en cadena que nos vienen proporcionando la crónica de la actualidad viva. Lo más exultante resulta ser ahora lo más discreto; lo más repelente, lo más bello; lo más extravagante, lo más normal. Pudiera creerse que todo ello se hace por cuenta dé un frenético afán de superación y de progreso; pero a esta hipótesis tengo que oponer mis más firmes dudas ;"hamletianas"; porque muchas veces—y a una de ellas voy a referirme en seguida—lo que se trata de airear como índice definitivo de progreso no deja de ser un refrito descarado de normas o de principios caducados, rancios e inservibles, con mal olor y peor sabor.

No entro ni salgo en el aspecto sociológico o político de la lucha de clases ni en la pretensión actual de afilar y aguzar su arma característica, la huelga, utilizada como palanqueta del empleado contra el empleador, como el "lock-out" es la palanqueta inversa. Pero sí quiero recordar que si la huelga, como intitución social, mantiene viva y rencorosa la lucha de clases, esto no se aviene ya con la tónica general de un mundo que es cada vez—y bendito seá Dios que así lo permite—menos, "clasista" porque es mas auténticamente demócrata, tal vez porque es también más auténticamente cristiano. Un pensador, Edward Carr apuntó que asi como el siglo XVIII trajo, con la Revolución francesa, la igualdad entre los hombres y el siglo XIX la. igualdad entre las clases sociales, el siglo XX, al suprimir los obstáculos para la comunicación ,y el intercambio internacional de ideas, ha traído la igualdad entre las naciones. ¿Por qué, entonces, cuando estamos viviendo, con las Naciones Unidas, y con toda la extensa gama dé agencias y de organismos internacionales, de la misma, el más, vivaz e interesante experimento de solidaridad humana se quiere resucitar, en el campo laboral, las más desacreditadas fórmulas de mal trato recíproco, de brutal acción directa entre los factores de la producción? ¿Piensan acaso los caducos monitores del movimiento obrero que si a la O. N. U. se la conserva vigente, a pesar de sus muchos errores, es por otra cosa que por su todavía no extinguida, capacidad de llevar los problemas más arduos, y difíciles que surgen entre los países en pugna, a una mesa de discusión y negociación, que puede ser estéril en muchos casos, pero que en todos ha tenido hasta ahora la virtud de sustituir por las palabras sonoras las espadas atrevidas, es decir, de evitar el desencadenamiento de la tercera y definitiva conflagración universal?

Quede bien claro que no se rechaza el arma de la huelga porque sea un arma obrera sino porque es un arma ineficaz, si .que tremendamente peligrosa. Tal vez fuera indispensable cuando el Estado era

un espectador distraído e indiferente en -los conflictos sociales. Pero ya no es otra cosa que una "carabina de Ambrosio" que se puede disparar, y se dispara efectivamente, por la culata contra «1 tirador que la maneja. Aparte de los irremediables perjuicios que causa a todos—lo que ha hecho decir recientemente al jefe del Estado español que es uno de los lujos más caros que se permiten los paisas ricos—da la picará casualidad de que las victimas más gravemente alcanzadas se encuentran en las clases más económicamente débiles. En una huelga de la alimentación los1 que más sufren son los que menos reservas de despensa tienen como en una huelga del transporte los más afectados son los que carecen de medios propios de desplazamiento. Volver a pe» dir el derecho a la hueíga en los países en que este derecho ha sido sustituido por otros más.modernos, más humanos y más eficaces, y a estas alturas del progreso de la técnica y del desarrollo económico, hace el mismo efecto que si, a cualquiera que solicitara medios de defensa para vivir p para hacer respetar su razón se le dotara de hachas paleolíticas, sacadas,de los milenarios arsenales de las Cuevas de Altamira.

Pero es que volver a la huelga como medio resolutivo de los conflictos del trabajo tenía que significar, forzosamente, volver a reconocer a.la parte contraria el derecho a la represalia del "lock-out", tan brutal e inhumano como la huelga, el derecho al despido, el derecho a desentenderse, o, por lo menos, a poner en tela de juicio y de litigio todas las conquistas alcanzadas en materia de salarios básicos, de vacaciones pagadas, de seguro médico; de atenciones de maternidad, de pensiones de retiro, de vejez o d,e imposibilidad física. En resumen: seria la vuelta a la llamada de la selva en las relaciones laborales, el triunfo del más fuerte hoy—que puede ser el más débil mañana—la consagración permanente del "estacazo y tente tieso" como sistema óptimo en las relaciones laborales. Por eso queremos agarrarnos como a un clavo ardiendo a la famosa y humana "sindéresis" del "señor Manolo", el personaje arnichesco, y que vuelva a prevalecer en nuestros días.

Antonio DE MIGUEL.

 

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