Los sacerdotes no llegan al salario mínimo ni cuentan con seguridad social  :   
 Carta del administrador apostólico de Avila. 
 ABC.    28/05/1975.  Página: 29. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ABC. MIÉRCOLES 28 DE MAYO DE 1975.

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY LOS SACERDOTES NO LLEGAN AL SALARIO MÍNIMO NI

CUENTAN CON SEGURIDAD SOCIAL

Carta del administrador apostólico de Avila

Avila, 27. (Europa Press.) «El aumento del coste de la vida afecta a los

sacerdotes como a los demás ciudadanos, incluso en mayor grado que a muchos de

éstos, pues los ingresos de los sacerdotes son prácticamente los mismos desde

hace muchos años», afirma, el administrador apostólico de la diócesis de Avila

(sede vacante), don Julián Blázquez, en un artículo titulado «Un problema

urgente: la situación económica del sacerdote diocesano», que publica el

«Boletín Oficial del Obispado».

El administrador apostólico señala que aunque en los últimos meses se anunció

que a primeros de enero el Estado subiría la dotación económica de los

sacerdotes, «hasta el presente no hay noticia ninguna de la efectividad, ni aun

retardada, de tal proyecto».

«Para el caso de que aquella subida no se diera —añade—, la Asamblea plenaria de

la Conferencia episcopal, en noviembre último, interesó a todos los obispos el

estudio de las: posibilidades económicas de la diócesis para tratar de asegurar

a sus sacerdotes esa cantidad. Las conclusiones obtenidas en la mayor parte de

las diócesis es que los propios recursos diocesanos son insuficientes para

afrontar este problema, por lo que se hace imprescindible la colaboración de los

fieles.»

Además, «comprendo que tocar este tema no es agradable, porque en muchas

personas existen ideas muy equivocadas sobre la situación económica de los

sacerdotes, atribuyéndoles unos ingresos mayores que los reales y, sobre todo,

porque puede interpretarse como prueba de una preocupación excesiva por lo

material, cuando se intenta sólo hacer comprender que el sacerdote, por muy

desprendido que esté de lo económico, no deja de tener necesidades inevitables».

En este sentido, dice que el sacerdote gana poco más de 5.000 pesetas al mes,

que «no alcanza el salario mínimo profesional, ni supone reconocimiento de

alguna clase de seguridad o previsión social, pues de toda ella carece el

sacerdote. Si alguna quiere tener, de cara a una enfermedad o a la vejez, tiene

que buscarla por otros caminos, con el pago de una cuota que hay que mermar de

aquella dotación». Más adelante precisa que «el sacerdote es y quiere ser pobre.

Cuando pide una mejora en su economía es muy parco, porque no pretende cambiar

el estilo sobrio de su vida. Solamente desea alivio en la angustia que se le

hace presente en muchos casos, cuando no puede cumplir sus deberes de justicia,

retribuyendo dignamente el trabajo de la persona que le atiende; cuando la

carencia de recursos le impide ejercer la caridad en necesidades cuyo

conocimiento le lleva su mismo ministerio pastoral, o cuando se enfrenta con una

enfermedad un poco prolongada».

Tras exponer la solidaridad sacerdotal de algunos presbíteros de la diócesis que

han ayudado económicamente a otros más necesitados que ellos y subrayar que la

comunidad social y la religiosa tienen el deber de atender al clero en sus

necesidades, don Julián Blázquez escribe que «la penuria económica sufrida

actualmente por la mayoría de los sacerdotes hay que considerarla como uno de

los capítulos de las múltiples necesidades de este tipo, que la Iglesia

experimenta cada día en el desarrollo de su acción pastoral. Sin embargo, no

estamos acostumbrados a que se nos proponga como problema que espera la

respuesta de todos. Quizá, la persuasión de que los sacerdotes reciben dotación

suficiente del Estado puede contribuir a esta falta de conciencia de que el

problema existe».

«Por eso —continua—, dentro de los deberes de «ayudar a la Iglesia en sus

necesidades», según la expresión del catecismo, hay que estimar como uno de los

más urgentes el que aligere el peso de la situación económica de muchos de

nuestros sacerdotes. Si es lícito esperar de .ellos un testimonio constante de

sobriedad de vida y de fidelidad a su misión sagrada, no lo es, ni estimula su

entrega generosa, la imposición de privaciones excesivas.»

Finalmente invita a revisar los modos tradicionales de ayudar a la Iglesia en

sus necesidades y a investigar modos complementarios para dar solución a este

problema.

 

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