Autor: Martín Descalzo, P.. 
   El cardenal Tarancón fue reelegido ayer presidente de la Conferencia Episcopal Española  :   
 En la primera votación obtuvo cincuenta y dos votos. El cardenal de Toledo alcanzó veintidós, dos el de Sevilla y uno monseñor Guerra Campos. 
 ABC.    04/03/1975.  Página: 31-32. Páginas: 2. Párrafos: 31. 

ABC. MARTES 4 DE MARZO DE 1975. EDICIÓN DE LA MAÑANA.

PAG. 31.

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY EL CARDENAL TARANCON FUE REELEGIDO AYER PRESIDENTE

DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA PARA UN SEGUNDO MANDATO DE TRES AÑOS

En la primera votación obtuvo cincuenta y dos votos. El cardenal de Toledo

alcanzó veintidós, dos el de Sevilla y uno monseñor Guerra Campos

HOY SE ELEGIRÁN LOS PRESIDENTES DE COMISIONES Y SE ESPERA UNA LINEA DE

CONTINUIDAD CON NUMEROSAS REELECCIONES

Serenidad y continuidad: estas parecen ser las das notas características de la

XXII Asamblea Plenaria del Episcopado comenzada ayer. No nervios, ni novedades.

La sesión de la mañana fue la mas breve que recuerda el cronista. Como era de

prever el cardenal Tarancón se inclinó por un discurso breve en el que nadie

podía ver intenciones de promocionar su candidatura. Por otro lado no parecía

correcto que expusiera sus puntos de vista sobre los temas a tratar —como es

habitual en oirás ocasiones— dado que era posible que fuera otro el encargado de

dirigir esta Asamblea. Y digo simplemente «posible», ya que en el ambiente había

la practica certeza de que el arzobispo de Madrid sería reelegido para la

presidencia.

Su discurso —que recogemos íntegro a continuación— fue simplemente una

exposición fraterna en la que el cardenal se «confesó» con sus hermanos obispos,

pidiendo con sencillez perdón por sus fallos y explicando los porqués de algunos

de sus momentos de cansancio. Insistió, sin embargo, en que el clima de la

Conferencia y por tanto la lahor de un presidente era bastante menos

melodramática de´ lo que desde fuera suele imaginarse. Lo que, por otro lado, no

impidió que el cardenal reconociera que en algunos momentos de su mandato

presidencial ´hubiera sido mal interpretado e incluso difamado. Pero el balance

total distaba mucho de ser angustiado. No faltó tampoco en el discurso del

presidente un cálido elogio al obispo secretario y al nuncio apostólico. La

única verdadera novedad de su discurso fue el párrafo —añadido a última hora— en

el que expuso su visita ,al presidente Arias para trasmitirle la doble petición

del Episcopado y de la Comisión Justicia y Paz. Pasando por encuna de la

polémica, el cardenal Tarancón no usó ni la palabra «indulto» ni tampoco

«amnistía» y prefirió hablar de una petición de gracia de los obispos, añadiendo

su papel de «trasmisor» de la petición de Justicia y Paz. Señaló también que

esta petición había sido «acogida con especial benevolencia».

La sesión de la mañana concluyó con las habitualmente breves palabras del nuncio

de Su Santidad para agredecer las cálidas alusiones del cardenal presidente y

para recordar que había «tratado, en todo momento y circunstancia de seguir .las

directrices de Pablo VI, Supremo Pastor, y de inspirarse en la doctrina de]

Evangelio y del Vaticano II».

Tras esta breve sesión, la mañana se completó con un informe presentado por el

obispo secretario, y en el que monseñor Yanes resumía la problemática y cambios

de estos tres últimos años en el Episcopado español. Se evitaba también en esta

ocasión la habitual presentación de informes por parte de los presidentes de

Comisiones para huir de todo cuanto pudiera carecer campaña electoral de nadie.

LAS VOTACIONES DE LA TARDE

La sesión de la tarde se dedicó a votaciones. Se celebró una serie de

escrutinios con carácter exploratorio y sin otro valor que el orientador, tanto

para la presidencia de la Conferencia como para las 15 presidencias de las

diferentes Comisiones. En todas ellas se ven con evidencia la voluntad

continuista. En casi la totalidad de los casos aparecieron en la punta de las

votaciones los nombres que en la actualidad ocupan los cargos que se han de

renovar. No hay que excluir la posibilidad de alguna sorpresa, pero no serán, en

todo caso, muchas.

Se pasó después a la votación definitiva para la presidencia de la Conferencia.

Y el resultado fue e) previsto. Casi idéntico al que se registró hace tres años.

El desgaste de poder que existe en todos los estamentos humanos no ha producido

cu este caso variaciones. Si algún desgaste ha existido habría sido suplido por

algunos de los nuevos —sólo ocho— votantes. El resultado exacto ha sido el

siguiente: en primera votación, el cardenal Tarancón recibía 52 votos; el

cardenal González Martín obtenía 22; dos votos señalaban al cardenal de Sevilla

y un voto al obispo de Cuenca, monseñor Guerra Campos. Al concluir la sesión los

obispos rodeaban a monseñor Tarancón, en el que el Episcopado sigue depositando

su confianza, como muestran los hechos. Su votación —más de dos tercios en

primera votación—sigue siendo la más alia conseguida por ninguno de los

presidentes elegidos por nuestro Episcopado. Es el primer presidente reelegido.

Alcanzar esto en los difíciles momentos que atraviesa nuestra Iglesia y nuestro

país es algo que se elogia y valora por sí mismo, sin necesidad de tipo ninguno

de adjetivos.

LAS PRIMERAS IMPRESIONES DEL PRESIDENTE REELEGIDO

Al concluir la sesión los periodistas rodeamos al presidente reelegido, que se

mostraba tan sereno como por la mañana. Y se entabló una rápida pequeña rueda de

Prensa.

—¿Le na sorprendido la reelección?

—Si soy sincero y honrado he de decir que no. Creo que la continuidad en estos

momentos es un valor y, aunque yo me voy sintiendo viejo y tengo muchos

problemas —porque Madrid es mucho Madrid—, creo que estamos metidos en una tarea

renovadora en la que la continuidad de algunas personas en sus cargos es una

garantía.

—¿Dudó usted en algún momento en aceptar la reelección?

—Antes de venir a la Asamblea, sí. Yo tengo muchas preocupaciones y una diócesis

como la de Madrid ya tiene bastante para un hombre y para muchos. Pero algunos

obispos me hablaron y me convencieron de que debía seguir. Y lo acepto, pero no

poroae me guste. Yo ya no tengo las facultades que tenía hace veinte años.

—¿Cómo prevé que va a ser este segundo tríenlo?

—Yo no soy profeta, ni futurólogo. Pero supongo que las dificultades serán

parecidas a las de estos tres años pasados.

—¿Tiene usted un programa previsto para este tríenlo?

—Hasta hace un momento yo no sabía que iba a seguir siendo presidente. Si el

elegido era otro hubiera sido él quien hiciera sus planes. He sido yo y ahora

tendré que pensarlo. En principia pienso que habrá que seguir con el programa

que tenemos a medias.

—¿Va a hacer dentro de esta Asamblea algún otro discurso programático, ya que no

lo hizo esta mañana?

—No lo sé. Dependerá de como vayan las cosas estos días. Si me parece que es

necesario que se oiga la voz del presidente, tal vez diga algo. Pero, en todo

caso, no será un programa. El programa de la Conferencia lo hace la Conferencia,

no el presidente.

—¿Qué opina del resultado de la votación?

—Creo que demuestra que hay la suficiente unidad y la necesaria diversidad. El

que no haya total unanimidad es normal y no me parece malo. Hay criterios y

josturas distintas y éstas se manifiestan libremente. Esto no sólo es lógico y

legítimo, sino inevitable. Pero la verdad es que los obispos estamos mucho más

unidos de lo que ustedes se imaginan.

—¿Qué frutos espera del documento de la reconciliación?

—Espero que ayude a poner un poco de serenidad y paz en muchas conciencias.

Será, desde luego, un documento llenamente eclesial.

—¿Se publicará dentro de esta Asamblea?

—Creo que no. Los obispos lo han recibido hace sólo diez días y deberá

trabajarse fuertemente en estos días, pero no creo que haya tiempo suficiente

para incorporar todas las enmiendas Que propongan los obispos. Este ha de ser un

documento muy importante y queremos que quede muy perfilado. Además, este tipo

de documentos debe conocerlos la Santa Sede antes de que se publiquen.

—¿Cuáles son en este momento las relaciones de los obispos con las autoridades

civiles?

—Digamos que correctas, normales.

Si puedo juzgar por mi reciente visita al presidente Arias, he de decir que

estuvo muy atento y muy cordial.

—¿Y qué hay del Concordato?

—¡Ah!, eso no me lo preguntéis a mí. En los periódicos os habéis cansado de

decir que los obispos no somos interlocutor válido. Y es verdad: sólo lo son la

Santa Sede y el Gobierna español. Preguntadles a ellos. El cardenal se ríe. En

el fondo no puede ocultar que le satisface esta ratificación de la confianza de

los obispos y el comprobar que las polémicas no han erosionado el prestigia de

los actuales dirigentes de nuestro Episcopado. Todo sigue, pues, a nivel de

presidencia. Y todo hace pensar que las votaciones de hoy, en las Comisiones,

confirmarán esta misma línea de reelecciones. Continuidad, pues.— P.

MARTIN DESCALZO.

 

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