Autor: Moreno Nieto, Luis . 
   El verdadero amor exige que en todas las sociedades encuentren protección y fácil desenvolvimiento los derechos individuales y sociales del hombre  :   
 Importante instrucción pastoral del cardenal primado ante el Día Nacional de Caridad, que se celebra mañana. 
 ABC.    20/06/1973.  Página: 49. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

EL VERDADERO AMOR EXIGE QUE EN TODAS LAS SOCIEDADES ENCUENTREN PROTECCIÓN Y

FÁCIL DESENVOLVIMIENTO LOS DERECHOS INDIVIDUALES Y SOCIALES DEL HOMBRE

Importante instrucción pastoral del cardenal primado ante el Día Nacional de

Caridad, que se celebra mañana

LA VERDADERA CARIDAD FRATERNA -AÑADE- COMPRENDE TAMBIÉN EL RESPETO A LA

AUTORIDAD Y LA COLABORACIÓN GENEROSA

Toledo 19. Bajo el título «Caridad y promoción del hombre», el cardenal primado,

monseñor González Martín, ha escrito una extensa instrucción pastoral con motivo

del Día Nacional de Caridad, que se celebrará en la próxima festividad del

Corpus Christi.

Después de analizar el concepto de la caridad como virtud cristiana, cuyo objeto

esencial es Dios mismo, el cardenal González Martín explica la finalidad de

Caritas, obra de la Iglesia; subraya la necesidad de satisfacer las nobles

exigencias de una mayor elevación del hombre en todos los órdenes, y en los

últimos párrafos del documento afirma textualmente:

«Siguiendo en esta línea dé pensamiento, aprovecho la invitación que la Santa

Sede nos hace al conmemorar el décimo aniversario de la encíclica «Facen in

Tenis», para referirme a una exigencia inalienable del amor cristiano: la

satisfacción de los derechos humanos legítimos de los hombres. El verdadero amor

exige que en todas las sociedades, atendidas, por supuesto, las circunstancias

concretas, encuentren protección y fácil desenvolvimiento los derechos que el

hombre tiene como individuo, como miembro de una familia y como ser social.

Cuanto más se pueda avanzar por este camino, más sólidas y estables serán las

bases para una convivencia humana y fraternal. La doctrina que la Iglesia viene

predicando en estos años últimos, con la perseverancia propia de su fidelidad y

que aparecen en esos

grandes documentos: «Facen in Terris», «Fopulorum Frogressio», «Gaudium et

Spes», «Octogésima Adveniens», merece ser meditadas sin cesar hasta convertirse

en norma del comportamiento ético del hombre contemporáneo. Los sacerdotes y las

organizaciones eclesiales como Caritas han de tenerla muy presente si en verdad

se quiere lograr que todos juntos trabajemos por un mundo más fraterno.

Mas séame permitido añadir una observación, a la que mi conciencia pastoral me

obliga. Esos documentos aludidos no favorecen ni Intentan fomentar ninguna clase

de demagogia, proclaman derechos

y obligaciones, hablan de Dios y del hombre, nos señalan lo que debemos respetar

en los demás para que los demás nos respeten a nosotros.

Por el contrario, en muchas predicaciones y escritos .que por todos los

conductos llegan a los fieles se comprueba hoy una desproporción manifiesta.

Casi nadie habla de la obediencia a las leyes, del respeto a la autoridad

legítima, de la colaboración con quienes la ejercen para servir al bien común.

Ponderando constantemente lo que falta por conseguir, pocos son los que se

esfuerzan por recoger lo que ya se ha conseguido. Esto es radicalmente injusto y

opuesto a una verdadera -ética cristiana. Esto no es amor al hombre, porque la

verdadera caridad fraterna en el ámbito de su dimensión social comprende también

el respeto a la autoridad y la colaboración generosa con cuanto sirve y ayuda

positivamente al hombre, el estímulo y aliento necesarios para que gobernantes y

gobernados no se miren como distantes entre si, sino que se compenetren en el

común esfuerzo creador, al que deben contribuir tanto la conciencia crítica de

los unos, que ha de ser manifestada con dignidad, como el infatigable y tantas

veces difícil esfuerzo de los otros, que debe ser reconocido con nobleza.

Como también se observa un incomprensible olvido de Dios y del hombre... y del

hecho de su creación, redención y santificación dé los hombres cuando hablamos

de la caridad fraterna. Como si fuera suficiente el interés por el hombre, por

su condición terrestre, para cumplir con el mandamiento divino.

Dicen que Cristo está en los hombres que sufren y que por eso el amar al hermano

que sufre ya es amar a Dios. Esto dicho así, sin más, es absolutamente

inadmisible. Cristo está en el pobre, sí, pero si está es porque es. Y Cristo no

es el pobre que sufre. Cristo es el Hijo de Dios hecho Hombre para redimirnos a

todos, y a Cristo debemos ofrecer como al Padre y al Espíritu Santo la gloria,

el honor y la obediencia que, como Dios, le debemos. No sería sincero nuestro

amor a Cristo si dejamos de amar al pobre, pero no se reduce el amor a Cristo a

amar a los pobres.

El silencio o la omisión de estos aspectos de nuestro mensaje cristiano, hablar

do derechos y callar sobre las obligaciones, omitir la referencia a Dios con

peligro do reducirlo todo a un nuevo humanismo, es dejar de amar al hombre,

porque es engañarle o deformarle».—Luis MORENO NIETO.

 

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