Autor: Pérez de Ayala, Ramón. 
   Nuestro Séneca  :   
 Años mozos. 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 6. 

NUESTRO SÉNECA AÑOS MOZOS

NUESTRO Séneca se educó desde niño en Roma. Fueron sus maestros el estoico Atalio y el pitagórico Sóción.

Atalio diseminó en el pecho, generoso de su discípulo la simiente, en él inmarcesible, del, estoicismo.

Sóción provocó en la sediente inteligencia del alumno el prurito inextinguible de la curiosidad científica.

Era la de Séneca un alma maravillosamente plástica, dócil y agradecida; si bien ésta virtud del agradecimiento expresivo ha dado pie para que algún comentarista moderno le moteje de bajeza y lisonja.

Jamás olvidó luego a sus primeros maestros. Los menciona a menudo en sus escritos, con trémula veneración. Por lo pronto, y todavía en edad moza, se hizo vegetariano, como su maestro Sóción y como todos los pitagóricos (según él mismo nos cuenta, ya de viejo, en sus "Cartas a Lucilio"). Y al propio tiempo, el adoctrinamiento moral de su maestro Atalio le embebió tan hondamente que se aplicó a practicar la más dura disciplina ascética.

Su salud decaída, y su padre; le obligaron de consuno a abandonar aquel género de vida, que amenazaba su vida subsiguiente. Tenía mucho que hacer aún. En la edad madura escribió: "Oyendo a Atalio declamar contra los vicios, errores y crímenes de la sociedad, al par que me apiadaba de los hombres infelices no podía por menos de verle a él descollando muy por encima del común de la talla del género humano.

Solía él decir de sí que era un rey. A mí, me parecía rey de reyes."

Lo que Séneca quiere dar a entender con esto es que, si bien los reyes por caso son dueños de sus subditos, esto no obstante, si por ventura un hombre de entereza sobrehumana acertase a ser dueño y señor de sí propio, ya por ello mismo acierta a ser superior y dueño de los reyes; como quiera que ser rey no lleva consigo ser dueño de sí, antes más bien lo contrario, y, su aparente señorío real no es sino real servidumbre, de mil modos y maneras.

Leonardo de Vinci, repercutiendo un eco estoico y senequista escribió:´"No puede haber mayor ni menor señorío que el de uno sobre sí mismo." Este señorío y realeza, únicos y supremos, el de si propio, es, según los estoicos, el del hombre sabio; y consiste en el desasimiento absoluto de toda apetencia o deseo egoístas, y en el cercenamiento de toda pasión.

Este ideal estoico del austero Atalio, no exento de aquilatada soberbia, pues también el mayor anonadamiento deliberado coexiste y aun denota el mayor enaltecimiento de uno mismo para con los demás, digo que este ideal estoico de Atalio, el maestro, el de subir con 4as alas ingrávidas de la pura ética, hasta ser rey de reyes, se le grabó con estigma religioso en el espíritu virginal y blando del joven alumno cordobés, Séneca. Años adelante, cuando este adolescente de ahora, Séneca, fue en la Roma imperial, señora del mundo, el árbitro político, puesto que el emperador era su pupilo sumiso y obediente, y él por tanto, imperaba sobre el emperador; y era además entonces este Séneca, con sus admirables tragedias, lumbrera sin rival e ídolo público y canon literario en el proscenio del teatro trágico latino.

Ramón PÉREZ DE AYALA

 

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