El padre Arrupe convoca la congregación general de los Jesuitas para estudiar los problemas de la pobreza y de la unión en la Compañía     
 
 ABC.    09/11/1973.  Página: 33-34. Páginas: 2. Párrafos: 12. 

9 DE SEPTIEMBRE DE 1973.

LA IGLESIA EN EL MUNDO DE HOY EL PADRE ARRUPE CONVOCA LA CONGREGACIÓN GENERAL DE

LOS JESUÍTAS PARA ESTUDIAR LOS PROBLEMAS DE LA POBREZA Y DE LA UNION EN LA

COMPAÑÍA

"Tendremos que revisar las estructuras jurídicas para conseguir una verdadera

pobreza tanto individual como comunitaria"

"LA DISTANCIA MENTAL ENTRE JÓVENES Y VIEJOS Y LOS PROBLEMAS DEL COMPROMISO

SOCIAL Y POLÍTICO CONSTITUYEN UNA AMENAZA PARA LA UNIDAD"

Roma 8. «La razón principal de esta convocatoria es la necesidad de buscar,

precisar y concretar más eficazmente el tipo de servicio que la Compañía debe

rendir a la Iglesia en este período de cambio rápido en e1 mundo, y responder

así al desafía que el mundo nos lanza.»

Con estas palabras anuncia el padre Pedro Arrope, prepósito general de la

Compañía de Jesús, la convocatoria de la XXXII Congregación General de la

Compañía de Jesús, para el 1 de diciembre de 1974, en Roma.

LA Congregación general de los Jesuítas —cuyo orden del día exacto no ha sido

determinado aún, aunque el padre Arrape plantea dos cuestiones como importantes

y vitales: la pobreza de la Compañía y su anidad—, había sido proyectada en la

ultima congregación de procuradores en 1970 con el fin de «precisar lo antes

posible nuestra situación actual y determinar cuáles deben ser las misiones de

la Compañía en el mundo contemporáneos.

Como la más alta autoridad y único órgano legislativo de la Compañía, la

Congregación general reunirá a unos 240 delegados de 80 naciones —la mayoría de

los cuales serán designados por elección en las diversas provincias—, en

representación de los 30.000 miembros con que cuenta la Orden.

Según las normas establecidas por San Ignacio de Loyola, sólo dos razones

justifican la convocatoria de una Congregación: la elección de un nuevo

prepósito general a la muerta de su predecesor, y lo que el Santo español

llamaba «cosas perpetuas y de importancia.», cosas muy difíciles tocantes a todo

el cuerpo de la Compañía».

El padre Pedro Arrape, en la carta dirigida » todos los superiores de la

Compañía, destaca que es este segundo y último motivo el que justifica la

convocatoria, porque últimamente «el mundo y la Iglesia y» por tanto, también la

Compañía, han conocido tan profundas y rápidas mutaciones, que estimo necesario

el someter la situación actual a una consideración profunda, objetiva y

ampliamente abierta». Y agrega, que «será necesario tomar para el futuro

decisiones que sobrepasan los poderes del superior general».

Tras exponer algunas razones sobre los problemas Internos de la Compañía —entre

ellos la revisión de los Estatutos sobre la pobreza, promulgados sólo a título

de prueba—, el prepósito general estima que ha llegado el momento de «invitar a

´toda la Compañía a reflexionar sobre el canino que hemos recorrido ya y el que

nos queda por recorrer".

Exponiendo las cuestiones vitales para la Compañía, el padre Arrupe escribe,

que: «hay un elemento de la vida de la orden que considero de importancia

capital, tanto por su valor intrínseco como por las dificultades concretas

actuales: es la pobreza».

En su carta, el superior general estima que hay «algunas desviaciones) y ciertos

«abusos», precisando qué «la experiencia de estos años debe conducirnos a

encontrar una práctica más exigente de la pobreza:», e incluso, a la revisión de

ciertas estructuras jurídicas y administrativas, para conseguir una «verdadera

pobreza, tanto individual como comunitaria e institucional».

El padre Pedro Arrope subraya asimismo es la convocatoria que la próxima

congregación debe contribuir, eficazmente, a la unión en el seno de la Compañía.

Es evidente que en la Compañía, donde se reúnen miembros de países, culturas í

tradiciones diversas, la unión se encuentra sometida, a veces, a grandes

tensiones, a pesar de las mayores posibilidades de contacto personal y la

facilidad de comunicaciones. No se oculta en la curia generalicia que hay una

distancia mental entre los jóvenes y viejos, aludiendo al frecuente compromiso

social y actividad política, en la mayor participación de la base en los

procesos de decisión. Son estos elementos los que, según parece, constituyen una

amenaza para la «unión de corazones» y la «unidad de las personas» a que hace

referencia el prepósito general en su carta.

Ninguna alusión se hace la carta, al problema relativo al propio cargo del

prepósito general de la Compañía, sobre el cual la curia generalicia ha

desmentido categóricamente las noticias publicadas en Italia acerca de una

eventual dimisión del actual superior general, para permitir a la Congregación

General el modificar las normas existentes, es decir, el nombramiento a vida del

prepósito general. No obstante, no se puede excluir totalmente que este capitulo

no entre en la agenda de trabajos de la Congregación, aunque no en la forma

sensacionalista anunciada.

Efe.

 

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