Autor: Kindelán Duany, Alfredo. 
   España, hacia los Estados Unidos de Europa  :   
 Ruta difícil. 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ESPAÑA, HACIA LOS EE. UU. DE EUROPA RUTA DIFÍCIL

NUESTRA Patria acaba de dar un paso importante en su política internacional, solicitando su ingreso en el Mercado Común, organización económica que ha de evolucionar fatalmente hasta transformarse en política. Es tan íntima la relación existente entre la Economía y la Política de las naciones que toda unión económica, si aspira a ser eficaz, ha de transformarse, de modo inexorable, en política, en una plena síntesis estatal. Es el caso de que vamos a ocuparnos: en los Estados Unidos de Europa.

Tal proceso evolutivo no alcanzan a percibirlo las mentalidades americanas, asimilándolo, en cuanto a dificultades, a las que ellos mismos tuvieron que vencer al independizarse de Inglaterra, sin tener en cuenta que eran muy otras las circunstancias: unas cuantas colonias, sin recelos ni odios, unidas idealmente por una guerra de independencia; no tuvieron que resolver arduos problemas para unirse.

Tienen, en cambio, las naciones europeas actuales largas historias, regadas por ríos de sangre, cuyos cauces corren entre montañas de odios y rencores, que han dado nacimiento a exaltados nacionalismos, difíciles de moderar y menos de extinguir. Si mirasen más cerca de sus fronteras, en su mismo continente,, verian los americanos su fracaso ante los reiterados esfuerzos, por ellos realizados, para organizar una federación de naciones sudamericanas, a las que no separan razones geopolíticas, ni diferencias ideológicas, sino que España les legó grandes factores unificadores, que no bastaron a evitar los sucesivos fracasos de muchos Congresos panamericanos.

La xenofobia está muy extendida hoy en el mundo; en éste no reina el amor» sino el odio y la desconfianza. Para muchos hombres y muchos pueblos las palabras extranjero y enemigo fueron y son sinónimas; se mira con recelo cuanto hay del otro lado de las fronteras; al inmigrante le oponen toda serie de obstáculos. Los pueblos desconfian unos de otros; sus nacionalismos se exacerban con cualquier motivo o pretexto; las ofensas y las heridas de amor propio ni se olvidan ni se perdonan. Todo ello produce una tensión, jamás igualada en las relaciones internacionales, y ha habido que inventar el nombre de guerra fría para designarla.

Tan detestable situación, tal estado de discordia y desunión, hay que hacerlo desaparecer, en bien de la Humanidad. Tres medio.? ha empleado el Hombre, con tal fin: el Acuerdo, la Imposición y el Equilibrio ; el primero, sólo cristalizó, en realidad venturosa, en el Sacro Romano Imperio, sucesor de Roma que dio al Ecumene unos siglos de paz, hasta la de Westfalía. La imposición estuvo a punto de realizarla Roma; la intentaron: Alejandro, Gengis Khan, el Islam, Carlos V, Napoleón, Hitler y, en nuestros días, lo pretende la U. R. S. S....

El equlibrio de poderes alcanzo su expresión más perfecta en el Congreso de Viena, a comienzos del siglo XIX; posteriormente, se ha tratado de darle forma en diversas organizaciones, de las que algunas existen aún: como la O. N. U., el O. T. Á. N. y la S. E. A. T. O. La forma que ofrece mayor facilidad de realización es la federativa: "unidad en lo común y variedad en lo circunstancial y propio". Un gran federal español, Pi y Margall, escribió: "La federación reposa sobre dos hechos indudables. Las Sociedades tienen dos formas distintas de acción: una, en que se mueven sin afectar a la vida de sus semejantes, y otra, en la cual no pueden moverse sin afectarla;. en aquélla son tan autónomos como el Hombre en la de su pensamiento y en su conciencia; en ésta, tan heterónomos como el Hombre en su vida de relación con los demás hombres." En la Historia encontramos muchas federaciones: anfíctionias, en Grecia; ligas de latinos, etruscos y samnitas, en Roma; confederaciones de tribus celtíberas, galas y germanas, Liga Hanseática; Confederación de la Alemania del Norte; Confederacion Helvética; Commonwealth británica, Estados Unidos del Norte y del Brasil, de África del Sur y de Australia, Liga Arabe: Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, etc.

Las Naciones modernas, nacidas en el siglo XV—antes no hubo sino pueblos, Imperios y Estados—supieron crearse un elevado e intenso sentimiento: el patriotismo, que ha de ser la mayor dificultad que se oponga a la organización de un Superestado. ¡Arduo problema ha de ser desarraigar tan sólido sentimiento para reemplazarlo por un nacionalismo superestatall Los militares que hemos conocido la intima alegría de derramar nuestra sangre por la Patria ¿experimentaremos análogo sentimiento al verterla por una Organización de mayor amplitud y menos entrañable?

Supuesta vencida esta primera gran dificultad, surgirá otra: el modo de imponer la nueva organización, sus decisiones —un derecho sin sanción es sólo un consejo—"una llama sin calor", dijo Von Jhering. Esta fuerza coactiva suprenaciotial, puede organizarse por tres sistemas: a) suprimiendo los Ejércitos nacionales y creando otro internacional; b) conservando los primeros y creando, además, otro superestatal; c) conservando cada nación su Ejército, puesto al servicio del superestado. Cualquiera de los tres sistemas, será difícil de implantar. La lucha entre patriotismos y supernacionalismos, ha de ser ardua y larga.

Solamente, ante un riesgo inminente de destrucción, Europa se unirá. Tal vez la Providencia—que escribe derecho con renglones torcidos—haya escogido este camino para hacer viable la ruta que España acaba de emprender solicitando su ingreso en el Mercado Común, ruta que conduce fatalmente a los Estados Unidos de Europa.

Alfredo KINDELAN

 

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