Autor: Pérez Cútoli, Luis. 
   Conciencia de finalidad y destino     
 
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CONCIENCIA DE FINALIDAD Y DESTINO

LA política, en su más alto grado,está obligada a traducir no ya consensos sino identidades esenciales de los pueblos. Salvo que la comunidad no exceda los limites de un campamento de «hippíes». su arte, su literatura, sus misiones, su ciencia y su técnica serán expresión coherente y rigurosa de un denominador común; prolongaciones de un mismo tronco, referencias de una civilización, una cultura, unas ideas religiosas, estéticas y de convivencia que revelen un sentido cabal del hombre y de sus fines. Precisamente es esta conciencia de finalidad lo que implícitamente rechaza abstenciones y neutralidades a que suelen conducir el pragmatismo erróneo y la afición a trivializar, pues lo que minimiza rebaja. Tailhard de Chardin escribió que «todo lo que se eleva converge». Quizá por eso la hostilidad a la convergencia induzca a descender.

Evocar los que son valores supremos de la política parece más necesario que nunca, pues en Occidente se están sustituyendo con improvisaciones renovadamente Inútiles. Ninguna de éstas responde a la angustia, el desconcierto, el temor que suscita en el hombre actual la ausencia de principios y decisiones que informen su vida, aseguren su paz y esclarezcan su futuro. Pero casi nada de esto parece contar en las preocupaciones más evidentes de los partidos politicos. Si están persuadidos de su ínoperancia e inactualidad no lo denotan.

Este dato acentúa la inquietud de quienes creen que una de las operaciones más necesarias en el mundo moderno es la de investigar afinidades capaces de dar a las agrupaciones humanas fundamentos más objetivos y lógicos que los que generalmente tienen. Mientras las clases se han diversificado interiormente —como consecuencia de nuevas técnicas industriales que han repercutido en el escalafón social y en.el acceso al consumo— y sus fronteras se han hecho menos rígidas, en el orden político subsisten métodos e ideas dimanantes de otras estructuras y de no renovadas concepciones históricas.

Pero no se trata de homogeneizar mediante módulos de clasificación predominantemente económicos, de manera que los antiguos encasillamientos según lo poseído se traduzcan en descripciones sólo más precisas y casuísticas. Los resultados preferentemente dúctiles a la estadística no pueden ser válidos más allá de los términos en que tienen origen. Existe una pluralidad de factores, constituida por la procedencia, el temperamento, la formación inicial, los trasplantes ambientales de los individuos, que dificultan la homogeneización por simples equivalencias de nivel de vida, aunque no la impidan en ciertos aspectos y hasta cierto punto.

Esta pluralidad abarca zonas en las que la coincidencia y la opción tienen curso especifico. En el orden de la cultura, o simplemente de los modos de entender la existencia en el plano de las costumbres, organizaciones que articulen y testimonien criterios. En el orden profesional, donde las afinidades son más detectadles y aptas para la formulación de representaciones auténticas, el sindicato.

En la órbita de actuación más estrictamente política, y no ajena, por cierto, a las antes citadas, es en la que los pueblos y los individuos han de fortalecer o rescatar su noción de destino. Este destino no es una abstracción que se invoque para desviarse de los hechos concretos. Cuando la comunidad tiene un pasado histórico dispone de esquemas de comportamientos que, aun siendo contradictorios, permiten identificar tendencias, querencias insistentes y disciplinarlas en el sentido que dicten sus desenlaces. Y si el marco nacional pareciese limitado y se aspirase a una mayor proyección, ¿cómo unos entes sin conciencia de finalidad común propia podrían insertar iniciativas peculiares en las orientaciones,y el quehacer intercomunitarios, en las perspectivas: de los nuevos tiempos, en la modulación de un futuro vara todos?

«Ningún problema del destino humano escapa a la capacidad de los hombres», escribió, John Kennedy.

Pero mucho antes, Rilke habia dicho en un poema: «...pues hay una vieja hostilidad entre la vida y la tarea grande». Para que el tono de las sociedades no decaiga a causa de fatigas, innecesarias e inútiles es menester que esa hostilidad no nos venza;

Si en la historia de los pueblos no todos los periodos pueden ser, por no darse las circunstancias precisas, de magnífica tensión integradora y creadora, siempre será posible que la temperatura y el dinamismo colectivos respondan a empresas dignas de ser adoptadas y servidas.—Luis P. Cútoli.

 

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