Autor: Serrats Urquiza, Salvador. 
   Proyección pública de las Cortes Españolas     
 
 Ya.    04/04/1973.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 16. 

Proyección pública de las Cortes Españolas

CON Justa y brillante palabra, Rodríguez de Valcárcel, tercer presidente de las Cortes Españolas contemporáneas, celebró la efemérides de la primera sesión de Juramento y de la inaugural en 1943, presidida por Su Excelencia el Jefe del Estado, con motivo del reciente Pleno de la institución.

Parece oportuno destacar tres aspectos, a mi Juicio fundamentales, de «u breve, mas enjundiosa, intervención.

Siguiendo el orden de su exposición, corresponde él primero a la Insuficiente proyección pública de las tareas de las Cortes; el segundo, a la definición de sus funciones y cometidos, y el último, a su afirmación de fe en la representatividad y voluntad de evolución como síntesis del pueblo español.

EL largo periodo d« tiempo en que los trabajos de las comisiones de las Cortes se mantuvieron reservados y el carácter fundamentalmente técnico de su quehacer, reducido al dictamen de los proyectos de ley remitidos por e1 Gobierno, habituó a la opinión pública a desentenderse de unas tareas de las que únicamente era informada con motivo de los plenos en que se aprobaban las leyes.

Cuando a partir de 1967 se inician las crónicas parlamentarias, no logran prender el interés de gran público porque, excepto el reducido círculo que constituye la sociedad política, desconocía a los protagonistas y no se hallaba preparado para penetrar en la a veces sutil diferencia entre tesis próximas quelos más atribuyen a chinchorrería, escrúpulo tecnicista o capricho semántico.

La meritisima labor de los cronistas parlamentarios, que en muchas ocasiones han de extraer de una sesión agobiante la anécdota pintoresca o la vulgarización de las discrepancias, fue lógicamente de lenta penetración, y a veces excesivamente concentrada en los círculos de lectores de muy pocos diarios o revistas.

Quizá faltó y falte la utilización de los modernos medios de comunicación audiovisual, pues incluso la diaria presencia de la televisión en las sesiones, realizada con la mejor volutad, no permite la identificación de los intervinientes y el conocimiento público del perfil físico de los procuradores, que, según los sociólogos, genera un particular interés por seguir sus manifestaciones.

Lo cierto es que ni nuestras Cortes ni los parlamentos de otros países alcanzan la deseada popularidad si limitan su quehacer a la función legislativa, siempre ardua e inasequible a la comprensión de la mayor parte de la población, aunque sea la principal manifestación de su participación en las tareas del Estado.

DONDE puede lograrse el verdadero interés de la opinión pública es en las tareas de información, fiscalización y control, que no tienen por qué ser manifestación sistemática de oposición, como algunos pretenden, sino, por el contrario, la más digna expresión de un afán de colaboración conducente a la más acertada gestión gubernamental, a la par que una pública expresión de la influencia parlamentaria en la misma.

Lo cierto es que el gran público, la opinión, no alcanza a interesarse en general en la modificación de los proyectos de ley remitidos por el Gobierno a las Cortes, por importantes que sean los cambios introducidos, a lo que evidentemente contribuye que el gran aparato publicitario y divulgador de las tareas parlamentarias sé limita a los plenos, donde lo que se expone y defiende es el dictamen de la comisión, es decir, el proyecto del Gobierno, ya reformado por las Cortes, frecuentemente en aspectos muy importantes.

Si el proyecto es de trascendencia, la defensa del dictamen en el pleno por el miembro de la comisión va seguida de la exposición y defensa de un ministro, a quien la prensa dedica al siguiente día prácticamente casi todo el espacio y la televisión generosamente acoge, en figura y voz, en exclusiva o casi en exclusiva.

(Hasta la reforma del hemiciclo, inaugurado en esta legislatura, en que hay focos permanentes, era típico que los indispensables para las to-Salvador SERRATS URQUIZA

Las Cortes Españolas mas televisivas lucieran únicamente cuando los ministros hablaban.)

LA resultante no podía ser otra: «1 pueblo consideraba, y probablemente sigue considerando, que el acto corriente formal más importante de las Cortes, es decir, la aprobación de las leyes en el pleno, constituye un acto más, con toda su brillantez, del Gobierno o del ministro correspondiente, al que da mucha más importancia —reflejo de cómo lo presentan la prensa y la televisión—que a las Cortes mismas. Y si a ello añadimos que en las publicaciones de las agencias oficiales y en las recopilaciones legislativas de los departamentos interesados se "ningunea". es decir, se elimina con frecuencia toda mención a los procuradores enmendantes, e incluso a los que en nombre de la comisión legislativa exponen ante el pleno el dictamen, se comprende que la opinión desconozca o minusvalore la función legislativa délas Cortes por atribuirla al Gobierno.

En política, quizá con mayor trascendencia que en cualquier otra actividad humana de carácter social, el protagonismo es fundamental prueba en que puede cimentarse el prestigio, y asi como los Gobiernos pueden y deben caracterizarse por una labor homogénea de equípenlas Cortes, por su propia naturaleza y por constituir foro de contraste de pareceres, decantación de criterios dispares resueltos en acuerdos públicos mayoritarios, precisan para su valoración prestigiosa la exhibición pública del quehacer de quienes las constituyen.

ES ciertamente esperanzadora la nueva reglamentación de las sesiones informativas sobre materias concretas, que pondrán a prueba el conocimiento en profundidad de los procuradores, y creo que constituirán una buena ocasión de instaurarse un sistema informativo público más neutral o menos beligerante que el habitual en estos momentos.

Pero, en todo caso, la popularización del conocimiento de las Cortes podrá lograrse aceleradamente con la dedicación de un número suficiente de espacios por parte de la televisión a sus tareas, no con el simple y monótono relato de los debates, sino con el montaje de una serie de entrevistas, diálogos, mesas redondas, etc. —sus programadores tendrán más imaginación y conocimientos en la materia que los que yo pudiera aducir—, sobre los temas legislativos o Informativos sometidos a debate o estudio.

Los pasillos y salones del palacio de las Cortes, poco conocidos y exhibidos, con su carga histórica y riqueza pictórica, y con sus silencios, son muy propicios a un diálogo responsable, regístrado por las cámaras, que enseñe al pueblo la auténtica Imagen actual de la institución en cuyo seno sus representantes, 16s procuradores, han de esforzarse en ser vehículo fiel de sus aspiraciones y en configurar el presente y el futuro.

Salvador SERRATS URQUIZA

Procurador en Cortes

 

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