Economía e independencia     
 
 ABC.    08/03/1961.  Página: 34. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

ECONOMÍA E INDEPENDENCIA

Se publican muchos libros, folletos y artículos periodísticos en los que se estudia el caso del Congo con relación 3 Bélgica, principalmente desde el punto de vista económico y político. La bibliografía respecto a este asunto en francés, en inglés y en alemán supera en cantidad a cuanto se escribió sobre la colonización belga en el Congo durante el medio siglo que ha existido.

Porque aunque fue en 1889 cuando el Rey Leopoldo U hizo el legado de ese.territorio, a Bélgica, la posesión efectiva no comenzó hasta 1908. Si muchos de los problemas que planteaba la colonización hubieran sido estudiados a su tiempo por los economistas con la atención y el rigor que ahora emplean, y los gobiernos belgas procedido en consecuencia, las cosas hubiesen marchado por mejor cauce que el que ha conducido al conflicto actual. Ahora se ve que la "descolonización" pudo llevarse a efecto con estragos mínimos, a la manera que lo hizo Inglaterra con sus antiguas colonias.

Se señala el hecho de que el cincuenta por ciento de la renta congoleña, cuyo total en los últimos años se evaluaba en cerca de sesenta mil millones de francos belgas, correspondía a los colonos, sector muy reducido—unos setenta mil—en relación al de los doce millones de indígenas. De éstos; una tercera parte trabajó o trabaja en las minas y en otras explotaciones industriales.

Pero las mismas cifras expuestas indican el enorme esfuerzo realizado por Bélgica en medio siglo para el desarrollo y la prosperidad de un país que encontró en estado primitivo, salvaje, asolado por terribles enfermedades, encendido en perpetua lucha de tribus, en algunas de las cuales se practicaba la antropofagia. En suma, el Congo que vio y describió Stanley en vísperas de la colonización europea.

El progreso fue rápido y evidente. Sin embargo, quedó atrás en el capítulo de las previsiones, la incorporación paulatina del indígena a las tareas y responsabilidades de la Administración pública, al compás, por lo menos, de la bienhechora labor cultural que el colonizador iba realizando. La captación psicológica es uno de´ los factores esenciales en estas grandes empresas coloniales.

El congoleño no ignora las mejoras de su vida material, ni cómo su país, que a principios de este siglo estaba reducido a una producción agrícola limitadísima, se ha visto enriquecido con los cultivos aportados por los hombres blancos: arroz, maíz, café, cacao, frutas, yute, algodón; con la entrada y fomento de la ganadería, y, claro está, en el aspecto industrial, con la fabulosa extracción de minerales. Cosas todas que si rendían enormes provechos a la metrópoli beneficiaban también en alto grado a la colonia.

El nacionalismo congoleño obedece a causas profundas de muy distinta índole. Independientemente de las presiones políticas extranjeras que sobre él se ejerzan y de la tortísima de los demás nacionalismos africanos, hay un problema de fondo, psicológico, de educación anterior, que puede formularse interrogativamente: ¿Ha llegado el Congo a su mayoría de edad histórica y civil? Es imposible contestar con seguridad en sentido afirmativo. Pero no hay duda de que en la medida en que el Congo pudiera hoy merecer su independencia a Bélgica lo debe.

 

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