Autor: Cossío Martínez de Fortún, Francisco de. 
   El progreso     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 8. 

EL PROGRESO

UN amigo mío me decía que cuando de viaje llegaba a cualquier ciudad, su gran recurso para conciliar el sueño era leer la lista de teléfonos. Y terminaba afirmando, como ¡sentencia irrefutable, "en una guía de teléfonos siempre se aprende algo"

En cualquier libro, aun en los peores, podernos aprender algo, y aun mucho, y tan provechosa como la Historia, que suele ofrecernos no pocas inexactitudes, puede ser la Estadística que aun no siendo ciencia exacta, ni mucho menos, nos ofrece los signos que nos llevan con cierta aproximación a determinar cuáles son los límites en que se mueve la vida en cada época. No es que me dedique a leer libros de Estadística, aunque a veces cae alguno en mis manos, ya que estos libros suden regalarse, y si la estadística actual me ofrece no pocas enseñanzas, gusto más de la estadística antigua, porque en ella, veo reflejado cómo era, en ,un período del pasado, la vida social, política y económica.

Leyendo el " Panorama üniversal", en su parte española, publicado en 1845, con preciosas, laminas rotuladas en francés, me detengo en el apén dice estadístico, el más árido en apariencia, y en el que descubro, sin embargo, los rasgos más elocuentes de lo que era en tiempos de Isabel II nuestro país.

¿Cuánto ha progresado España de entonces a ahora? No llegaba en aquel año nuestra población a.quince millones de habitantes, y de cada quince habitantes no había sino uno y medio que supiesen leer y escribir. Es decir, que entre quince millones, había trece y medio de analfabetos. No sé si este índice es bueno o malo, ni si es mejor no saber reunir letras para formar palabras, que saberlo y no utilizar este conocimiento y, si se utiliza, no entender lo que se lee.

La Instrucción Pública se satisfacía con noventa millones de reales; la, lotería producía Veintiocho millones. La ciudad más populosa de España era. Madrid, con doscientos mil habitantes. Los ingresos del Estado eran novecientos millones de reales, y el déficit del presupuesto doscientos cincuenta. Veintinueve millones de reales gastaba el Estado a caminos, canales, puertos, minas, montes y obras de comunicación.

¿Los españoles eran entonces mas felices que nosotros? ¿Eran más o menos cultos que nosotros? Con esta pobreza del Estado ¿eran más o menos ricos que son ahora? ¿Vivían mejor o peor que se vive hoy? No había "radio", ni cinematógrafo, ni fútbol, pero, en cambio, !a multitud se debitaba con los grandes poetas, los grandes músicos y los grandes oradores. El hombre letrado de entonces conocía el latín y el griego y traducía y hablaba el francés y el inglés. Nuestros literatos, nuestros eruditos, nuestros historiadores, y aun nuestros filósofos y científicos, competían en saber con sus colegas extranjeras. En suma, que el subsistir jerarquías, no sólo sociales sino intelectuales, el pueblo sabía a qué atenerle; los oficios, la artesanía, el no sujetarse a un trabajo mecáníto tenía más personalidad y mas tría; y quienes no entendían de algo no hablaban de ello.

Penetramos así en el sentido de esta época, no sólo en el teatro y la novela dé costumbres, sino en "El Panorama Matritense´", en el que escribía artículos de costumbres Mesonero Romanos. Y tenemos a Larra, que habia viajado fuera de nuestras fronteras y que sabía lo que pasaba por´ el mundo, que era entonces menos habitado aunque parecía más extenso, porque se tardaba mucho en ir de un sitio a otro.

Cualquier suceso, si lo comparamos con un suceso actual, nos parece inverosimil. ¿Qué dotación teñir Isabel II, con obligación de sostener el Real Patrimonio? Veintiocho millones de .reales. Y esta cifra escandalizaba entonces a los progresistas.

¿Cómo será la España del porvenir? ¿Qué dirán nuestros bisnietos, cuándo lean una estadística de nuestros días? A este ir y venir del ingenio, humano, con un afán de superar el pasado, .es a lo que se llama progreso. Ya, en la hora actual la población del mundo crece de un modo alarmante. Las distancias, de día a día, áe yán acortando por la velocidad; se fabrican cosas oara todos; el tono suntuario va desapareciendo;- Jas máquinas de destrucción amenazarán al mundo, y el hombre inquieto por la velocidad y el ruido pronuncia y escribe con demasiada frecuencia la palabra angustia. No se cabe en los trenes, ni en los espectáculos, ni hay hoteles bastantes para los viajeros... Se forma una cola en cualquier parte para conseguir cualquier cosa... Más es inútil volver la vista atrás y hemos de vivir nuestro tiempo.

El progreso continúa su obra, y es difícil determinar si la felicidad humana progresa al mismo ritmo que las máquinas.

Francisco DE COSSIO

 

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