Autor: Marrero Suárez, Vicente. 
   El alférez Maeztu o nobleza obliga     
 
 ABC.    12/07/1962.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

EL ALFÉREZ MAEZTU O NOBLEZA OBLIGA

EL acto de Hermandad de loa Alféreces Provisionales, celebrado recientemente, nos trajo a la mente uno de los muchos episodios emotivos en que fue tan pródiga nuestra oficialidad de complemento. Ocurrió en Vitoria, el dia que juró bandera, una de aquellas promociones de nuestra mejor Juventud. Estábamos en el primer año de nuestra guerra, y aunque no se trate propiamente de un episodio bélico, no por ello deja do ser extraordinariamente significativo. Actos análogos habrán tenido lugar, con toda seguridad, en otras ciudades. La jura de la bandera constituyó siempre en todas partes, para honor y esperanza de nuestra Patria, un espectáculo ejemplar, máximo entre Jóvenes que eligieron el camino más duro porque sabían que era. también, como lo es siempre el del deber, el más glorioso.

Entre los trescientos alféreces de Infantería que acababan de jurar la bandera en Vitoria, formaba uno que, a las órdenes del general Orgaz, dio un paso al frente, para recibir el homenaje que le rindieron, conmovidos, todos los circunstantes.

"Es uno—dijo el general, y transcribimos del "Diario Vasco" del 21 de agosto de 1937—entre tantos, Igual a todos, sin privilegio sobre los demás: pero es la sangre de un español, de un gran patriota, de un hijo de Vitoria, paladín de la Hispanidad, que dio su sangre, ofrecida en cruento martirio, por la Causa de España: Ramiro de Maeztu. En este momento en que vivimos la fusión sagrada de todos los impulsos del Movimiento Nacional, vltorlanos, no" podemos olvidar que el alma, y tal vez la iniciación hispánica de este Movimiento nació en Ramiro de Maeztu, vitoriano glorioso, cuya sangre está ahi, en su hijo único, entre estos oficiales de Miranda que hoy han jurado la bandera. ¡A él, pues, este homenaje! ¡Alférez Maeztu: Sal a recibir el homenaje que queremos tributar a tu padre!"

El alférez Maeztu avanzó y, cuadrado, recibió el saludo de la tropa y el pueblo. El general le saludó desde su tribuna.

He aquí un homenaje de espartana sencillez que deja el corazón intacto y que honra a todos: a quien lo propuso, a quien lo rindió y a quien hubo de recibirlo. Homenaje en primera linea a la Inteligencia. En el nacimiento mismo de la Cruzada, en el puesto más avanzado están los intelectuales. Toda la Importancia que a ellos se les dé al hablar de nuestra guerra resultará siempre escasa. Es difícil encontrar mártires más gloriosos y polarizadores que ellos; y tan es así, que el mensaje de la Cruzada se, fruslera en su misma raíz si no se le da el papel que exactamente le corresponde al numen creador y recreador.

Pero desde aquella Jura de bandera ha llovido mucho y se han ido sucediendo, con los años, las efemérides espirituales e intelectuales de todos conocidas. La ausencia de Maeztu, como la de tantas otras figuras promotoras del Movimiento Nacional, nunca se lamentará bastante y nunca", pese a la mejor buena fe, se le rendirán todos los homenajes debidos. Pero ahí, en el crisol de la justicia histórica, están a la vista los títulos de honor más recientes y esclarecidos. Similares a aquéllos de las familias nucleares de las ciudades italianas del Renacimiento, que dieron principio a su aristocrático gobierno: el ducado de Primo de Rivera, el ducado de Calvo Sotelo, el ducado de Mola, el condado de Pradera... la noble viudez de muchas esposas de españoles ilustres y la obligada nobleza de tantos vastagos en la fidelidad y en la esperanza.

En el mismo diario en que advertimos el episodio que acabamos de transcribir, tropezamos casualmente con una foto no menos emotiva y ejemplar. Se trata de una de tantas mesas petitorias, situada en el paseo de la Concha, en uno de los días de cuestación nacional de aquellos años de nuestra guerra. La guarnecen los colores generosos de la bandera española y la presiden ilustres da. mas enlutadas, entre las que se ven a la condesa dé Vastemorell y a la señora viuda de Maeztu. Sobre la bandera, unos caracteres que pueden leerse a distancia: "Entregar un libro para la lectura del soldado en los Frentes y Hospitales." ¡Cuántas veces podrán ofrecerse a los españoles estampas tan logradas y nobles como ésta! Estampas que encontramos al azar, en los ratos de ocioso deambular por las hemerotecas; o vagar con la vista sobre los recortes que nos envían lectores buenos amigos que nunca faltan, cuando no por pura casualidad o, ¡ay!, por la ntísma malaventura.

A propósito de esto último, los que seguimos de cerca nuestra vida literaria no olvidaremos fácilmente el escándalo que produjo la publicación de las "Memorias" de don Pío Baroja. Un libro que se lee en el estilo más ingrávido y envidiable con que modernamente se ha podido escribir el castellano, pero que tiene el defecto de hablar bien de los que hablaron bien de su autor, y mal, y aun injustamente, de los que con él se mostraron disconformes, de tal modo que la "Estafeta Liberaria" de entonces creyó necesario abrir una encuesta entre las viudas de los escritores atacados por Baroja. "¿Qué dice usted de lo que Baroja dice de su esposo?" He aquí lo que respondió la viuda de Maeztu, el escritor más sañuda e injustamente zaherido en esta obra:

"El pensamiento que me ha seguido durante la lectura de las "Memorias" de don Pío Baroja ha sido éste: Ramiro no hubiera dicho estas cosas de él. Porque es verdaderamente tríste que para quien murió gloriosamente no haya en todo el libro ni un recuerdo piadoso, ni una frase de comprensión. En mis memorias no figura ninguna frase hiriente de Maeztu para Baroja, sino al contrario, pues siempre estimó en su valor todas las cualidades de éste como "novelista", naturalmente. Baste como prueba, que cuando yo vine a España, ya hace de ello muchos años, Ramiro puso en mis manos una obra de Baroja como ejercicio de traducción en el aprendizaje del castellano, que entonces, comenzaba para mí."

Si la nobleza no es virtud y si no recuerda a sus mayores, es muy poca cosa. Y la más verdadera de las noblezas, aquélla que se eleva en el alma, es la que venios en la digna y doloroso, viudez de la señora Alice Mabel Hill de Maeztu, y en la conducta ejemplar anidada en.su hogar, que sólo en contadas y necesarias ocasiones traspasa el Silencio respetuoso de sus muros. Conducta que aviva el corazón, arreciándolo de tal manera, que puede despertar y mover a toda virtud y buena obra. El nombre de Maeztu, por sí solo, es un titulo, un despacho, la Imagen viva que enciende mejor el espíritu que el hielo de los mármoles o las arrugas de los pergaminos.

Vicente MARRERO

 

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