Autor: Martínez de Campos, Carlos. 
   Nuestra defensa     
 
 ABC.    31/10/1963.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

NUESTRA DEFENSA

ANTES de pensar en cómo defendernos, hemos de situarnos en la realidad. Y la realidad presente está basada en la existencia de cuatro "campos" de aviación, en cuyo cuidado y funcionamiento nos corresponde sólo una parte limitada.

Estos "campos"—o bases norteamericanas—están dotados con aeroplanos de bombardeo que son capaces de transportar su carga hasta muy lejos. Fueron proyectados cuando no existían aún los medios necesarios para efectuar un ataque directo contra Rusia desde los Estados Unidos. Eran, entonces, necesarios para América (y el O. T. A. N.) y convenientes para España. América, en efecto, no alcanzaba a Rusia ni con sus bombarderos ni con su cohetería; y, en cuanto a nosotros, ocurría que, sin estar en el O. T. A. N., nos sentíamos partidarios de él por nuestra ideología y por nuestros mismos intereses. No aceptábamos la idea de estar cruzados de brazos si había una guerra anticomunista. Mas, desde que esos campos se construyeron, todo ha cambiado bastante. En cuanto a "vectores" se refiere (según la palabra que está—en´ ensayo), los "balísticos" y los "teleconducidos" tienden a desplazar íntegramente a los "aerotransportados"; lo que equivale, en terminología algo anticuada, a decir que la cohetería moderna se arroga el puesto y las misiones de los grandes bombarderos.

Hasta hace poco, sin "bases interiores", observábamos´ los hechos desde la barrera "pirenaica". En nuestros días, en cambio, estamos en pleno ruedo, sin conocer la orientación definitiva. Debemos, pues, estar atentos: abrir los ojos desmesuradamente. El momento es inseguro para todos. Vemos incluso a, América—a la potente Norteamérica—dudando a cada instante. Ahora congela mucha.parte de sus fuerzas: congela, sobre todo, el armamento que tiene en sus bases alejadas.

El testamento de Eísenhower implicaba, para el año en que vivimos, 1.800 bombarderos de tipo "B. 47", "B. 52" y "B. 58"; unos 400 cohetes "Atlas", "Júpiter" y "Thor", y 600 "Minuteman"; mientras que de las listas aprobadas por el presidente Kennedy para dentro de un lustro se deduce la desaparición de los citados bombarderos y la de los cohetes "Thor" y "Júpiter" e incluso "Atlas", reemplazados aquéllos por unos cuantos "RS. 67" (que aún no conocemos porque no están en servicio), y sustituidos estos otros por un ingente número de "Polaris" y de "Minuteman" (655 y 950, respectivamente), que, sin duda, integrarán el armamento fundamental en el período previo y próximo al año 1970.

El general Le May, tan entusiasta del avión, anuncia que la defensa contra las modernas aeronaves se halla francamente adelantada. De otra parte, la Prensa americana dice que las "bases de vuelo" establecidas en España, en Inglaterra, en Marruecos, en Francia y en la isla de Guam han sido retiradas o van a retirarse. Sabido es, finalmente, que los americanos ya se llevan los cohetes "Thor" y "Júpiter" que se hallaban desplegados en Italia y en Inglaterra. Y todo esto, como es lógico, se halla directamente conectado con el empleo o continuación de nuestras "bases".

Ahora bien, poner en claro el interés de lo que se haya concertado en Nueva York, en ocasión del viaje del señor Castiella, presupone conocer la orientación del armamento atómico en el próximo quinquenio, y conocer—por ende—las intenciones de los Estados Unidos en relación a sus actuales bases exteriores. Si la nación amiga está dispuesta a dotar las citadas bases con arreglo a como dota las suyas propias nacionales, es evidente que las nuestras cooperarán debidamente a la defensa de Occidente.

El asunto tiene enorme trascendencia. España no ha sentido nunca a fondo la precisión de disuadir a Rusia de su posible empeño; lo que acaso sea debido al hecho de no haberse hallado aún en condición de hacerlo. Pero, ahora, no es de Rusia sola que se trata. Inglaterra y Francia van a disponer de ingenios nucleares sin acudir a América. Y si Francia—pongo por caso—llega a tener un arma que le permita,, mediante unos sencillos botonazos, medio arrasar nuestra Península..., aislados del mundo, podríamos sólo, en caso de imposiciones, obedecer o suicidarnos. Pero hallándonos aliados con América, el asunto adquiere otro cariz. Tenemos fuerza nuclear, sin fabricarla ni entretenerla. Estamos, pues, en situación distinta. Podemos enfrentarnos a quien sea, pues toda amenaza franco - británica se convertiría—"ipso

facto"—en amenaza a los Estados Unidos. En esta situación nos es preciso, lo primero, que esa fuerza sea moderna, y, lo segundo, tener la seguridad de que seremos atendidos sin dilaciones, sin esperas, sin condiciones incumplibles. La defensa hispánica comienza a ser inconcebible sin tener armas atómicas o sin estar aliados con un país que las posea y nos apoye. Frente a Rusia, tanto nos da > la ayuda americana como una futura ayuda franco-británica, si los Estados Unidos se retiran; bien entendido que en este último caso la ayuda podría verificarse desde instalaciones exteriores a nuestro territorio.

Mas no avancemos demasiado. Analicemos la situación presente en que nuestra defensa—tanto táctica como estratégica—se halla relacionada con la orientación que tengan los Estados Unidos. Dejando a un lado Rota, cuya instalación portuaria puede sernos siempre de gran utilidad (lo mismo en paz que en época de guerra), así como la red de acecho que se extiende de Este a Oeste y de Norte a Sur de la Península, ofreciéndonos, en todo tiempo, una posible información interesante, queda el dilema bien centrado en los tres campos de aviación que están establecidos en columna desde el Estrecho hasta los montes Pirineos; campos que hoy sirven de base para amenazar a Rusia, responder violentamente a Rusia o incluso cooperar a la demolición de toda base rusa de aviación o cohetería, cuando se sepa que ésta se halla a punto de utilizar sus armas nucleares.

Entramos, pues, sin darnos cuenta, en la red que el mundo tiende. Hilos de acero de un arácnido gigante. No podemos ya zafarnos. Aun no teniendo ingenios especiales—ultramodernos—, nos vemos obligados a amoldarnos, en conjunto, a un nuevo ambiente que hoy impera y nos impone su rutina. Pero ese ambiente exige una defensa propia, que ha de sobreponerse a las restantes. En caso de guerra, los avances motorizados y los desembarcos aéreos se sumarán al bombardeo y a los ingenios nucleares. Ante eso, la Maladeta y las Sórores perderán su primacía..., pero los peñascos de granito se alzarán como castillos.

En las jornadas culminantes, la ayuda mutua se intensifica. La infantería y los carros se coordinan; la artillería antiaérea se convierte en antitanque; las aviaciones—todas—ayudan y protegen al que está en primera línea. Pero esto exige un material espléndido, entretenerlo bien e instruir a fondo su personal: un armamento muy reciente y muchísimo dinero. Sin ambas cosas, el resultado será nulo o contraproducente.

Carlos MARTÍNEZ DE CAMPOS

De la Real Academia Española

 

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