Autor: Bugella de Toro, José María. 
   Sociología, conciencia y política social     
 
 Pueblo.    09/02/1962.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Sociología, conciencia y política social

MUCHOS desconocen la preocupación sociológica de nuestros pensadores católicos. En el admirable discurso de don Alberto Martín Artajo sobre "La conciencia social de los españoles "—leído en su recepción como académico de Ciencias Morales y Políticas— se evidencia la intensidad y constancia de este atan ortodoxo-, coordinado con la doctrina social de la Iglesia. Martín Artajo despliega el .problema con una bibliografía abrumadora, una información detallada sobre la realidad y una generosa decisión´ de llegar a las últimas consecuencias. La objetividad del ilustre ex ministro es tan rigurosa que podría asimilarse a la critica implacable del 9a si no estuviese revestida por la cristiana virtud de la. esperanza.

Pero la lectura del" trabajo sugiere una lógica perplejidad. ¿Cómo es posible que muchos compatriotas hayan ignorado esta inquietud social permanente en el campo más calificado del cristianismo? La respuesta habría que buscarla en la incomunicación • de los diferentes sectores del pueblo español, aislados, durante décadas, en inconciliable bandería de derechas e izquierdas. La política de partidos obligó a cada beligerante a defender las posiciones atacadas por el enemigo. En esta incesante fricción táctica no era fácil saber lo que pensaban quienes "tan violentamente se- combatían. Todavía puede cegarnos la antigua polvareda. Martín Artajo afirma que la España liberal se polarizó en el estudio teórico, con abandono de la noción apremiante de la sociología práctica es decir, de la política social.

¿Coincide esta afirmación con las impresiones populares que existían sobre el problema?

En el cuadro confuso de la política nacional de tiempos pasados es difícil precisar la sinceridad de la conciencia social de los contendientes. ¿Defendía Salmerón una política social cuando justificaba a la Internacional, socialista frente a la oposición conservadora? ¿Desarrollaba dona Concepción Arenal una sociología cuando propugnaba la redención de los esclavos Je Cuba? ¿Mantenía Joaquín Costa unas convicciones prácticas al plantear las premisas de su política agraria? Las apariencias permiten eximir a la España liberal de la. embriaguez teórica que se le imputa. La realidad, sin embargo, no .autoriza a sentar certezas. La política social, asumida como argumento de oposición, puede ser simple propaganda si no es confirmada posteriormente por ´una acción de gobierno. Aunque el influjo social de derechas e izquierdas haya sido muy precario hay que reconocer que don Eduardo Dato, sucesor de Cánovas, logró ventajas sociales´ que no pudo alcanzar don Santiago Alba, calificado continuador de Joaquín Costa, Los mismos socialistas, que detentaron el. Poder durante la República, no pudieron atribuirse realizaciones sociales superiores a las que impuso el Gobierno del general Primo de Rivera contra la reacción de sus mismos partidarios.

Cuando Cánovas del Castillo impugnaba, como socialista, el concepto de la "caridad legal", mantenido en , Italia por Cavour, no se mostraba indiferente a la necesidad de los obreros, pero defendía la postura del partido conservador ante su electorado de derechas. ¿Y qué podía hacer Lerroux al fundar la Casa del Pueblo de Barcelona sino alinear a sus seguidores de izquierda contra el catalanismo derechista de don Francisco Cambó?

La conciencia social apenas podía esclarecerse en este alborotado proceso. La idea de la política social como sistema de promoción a planos superiores de los sectores nacionales desvalidos se diluía forzosamente en el esfuerzo por conquistar y retener mayorías parlamentarias.

La sociología práctica no puede ser nunca un argumento electoral, tiene que formar parte de una política de Estado, ya que sólo el Estado es responsable del orden y la estructura de la sociedad. Todo lo que ahora se intenta Imprimir en la conciencia del pueblo español como imperativo de justicia imprescindible para la convivencia fue antes la doctrina meridiana y ardiente de una minoría juvenil interpuesta en el torbellino de las derechas y las izquierdas. La diferencia de eficacia de esta política social con la de los partidos reside en que no es de gobierno ni de oposición, sino proyecto de un Estado orgánico y adecuado al funcionamiento de una sociedad acomodada y justa. Este hallazgo de que el ideal sociológico no tiene sentido si no adjunta el ideal de un Estado congruente ha sido el factor decisivo de toda la vigorosa acción social del Régimen,en la que se han depurado todas , las, inquietudes justicieras que izquierdas y derechas rezumaron sobre la conciencia .española.

Complace que hombres eminentes como don Alberto Martín Artajo identifiquen, en el pensamiento de insignes conservadores y liberales, los antecedentes de un programa político de rehabilitación económica del país y consecuente elevación social del pueblo. La atención a la conciencia social, estimulada por las encíclicas pontificias y las exhortaciones de los prelados, robustecen la autoridad del Estado para acometer las reformas sociales con sus medios ejecutivos. Sólo con esta acción cumple el Estado su destino, coincidente con el destino histórico de la sociedad. Porque está claro que la conciencia por sí sola apenas puede exceder a parciales sentimientos compasivos, que se estrellan contra los egoísmos humanos.

La creación de un orden justo debelaciones económicas y promoción social no corresponde a ningún, sector político, sino al Estado, encarnación de la sociedad organizada y significativo de unas convicciones políticas inspiradas por las ideas y voluntades generosas del Movimiento.

Todo noble esfuerza por sensibilizar e, instruir la conciencia social de los españoles merece la simpatía, y el apoyo de la comunidad nacional.. La aportación a la. sociología práctica de don Alberto Martin Artajo es importante, por preclara y por venir de un hombre de estado . honestamente comprometido con el que nos rige. Porqué si la conciencia social que se intenta despertar se polarizara como doctrina y afán de un grupo calificado, no tardaría en encontrarse enfrentada con otra política social adversa e irreductible. En este caso, España habría vuelto a la encrucijada .de que salió milagrosamente. Entonces estaríamos otra vez ante el tumulto de política social que impide el entendimiento sobre las realidades de la sociología.

J. M. BUGELLA

 

< Volver