Autor: Daranas Romero, Mariano. 
   Balance de la última Navidad     
 
 ABC.    08/01/1960.  Página: 31. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

BALANCE DE LA ULTI MA NAVIDAD

Muchos inviernos han blanqueado desde que, recogida por Pedro Antonio de Alarcón en su "Nochebuena del poeta", la copla popular vuelve a la, memoria en diciembre, inquietando a los niños y entristeciendo a los ancianos.

La Nochebuena se viene, la Nochebuena se va, y nosotros nos iremos y no volveremos más,

Cuenta entre sus recuerdos de infancia el novelista cómo turbó la suculenta y familiar cena (pavo relleno, rosoli, dulces hechos por las monjas...), en su Guadix natal, rompiendo a sollozar porque oyó la letra que las rondallas cantaban en la calle. Sus padres le preguntaron por qué lloraba y el niño no supo qué responder.

Más de un siglo ha transcurrido (nació el autor de "El capitán Veneno" en 1833) y la Nochebuena sigue celebrándose por este pueblo tal cual la narró Alarcón. Ahora bien, tan a menudo leemos, y, hasta sin salir de nuestro suelo, oímos que del cristianismo sólo retenemos los españoles su corteza ceremonial y litúrgica, que la conmemoración de la Natividad puede y debe incitarnos a contrastar ese juicio.

En una sesión de Cortes, Pi y Margall declaró que su patria había dejado de ser católica, y al cabo, más,o menos, de sesenta años, en otra sesión parlamentaria, otro gobernante republicano (Manuel Azaña) repitió casi textualmente el concepto. Cómo se entiende, pues, que los españoles sigan representando la Nochebuena y representándose en ella con los mismos villancicos, la misma piedad, la misma gastronomía, la misma estética, los mismos usos, y, sobre todo, con la misma apacibilidad introspectiva y popular que inculcó á sus lejanos antepasados el cristianismo primitivo? Ni en lo objetivo ni en lo emocional, ha desgastado la rueda de los siglos la adhesión de la sensibilidad española al misterio de la Navidad. Es tradición, y no rutina; fe, y no superstición; sentimiento, y no costumbre. ¿Y cuántas sociedades históricamente o dogmáticamente afiliadas al cristianismo, presuntas adalides o religionarias de un Evangelio que, según tantos objetores, no ha embebido la raíz,de nuestra conciencia nacional, podrían aducir una actitud equivalente? La conducta que los españoles observan de año en año, cuando la Iglesia les convida a celebrar al Hijo del Hombre en su cuna, se proyecta no sólo en lo que todos los ojos miran y todos los oídos escuchan, sino en lo que determinados servicios de la Administración Pública (juzgados de guardia, comisarías, hospitales, casas de socorro, cuartelillos de la Guardia Civil, etc.) registran, atestiguan o instruyen.´Pues bien, he aquí el dato correspondiente a 1959. Desde el último jueves, a las veintiuna horas, hasta el domingo, sólo dos individuos, causantes de accidentes de la circulación, y entrambos fugitivos, atentaron al Código Penal: un motociclista, en Barcelona, y un automovilista, en Madrid (por cierto, subdito extranjero), cuya víctima sufrió heridas mortales. Pero que nadie sienta alarma retrospectiva; los delincuentes fueron identificados y detenidos en seguida.

Ahora bien, si el balance que la Navidad arroja fuera de aquí no es más traumático, licencioso, y sangriento que el de cualquier fecha del calendario, tampoco lo es menos. En París, la Nochebuena se caracteriza por la apoteosis de las salas nocturnas. Según "France - Soir". la multitud improvisa también a las dos de la madrugada, llenando los Campos Elíseos, una frenética "kermesse". Según "Le-Monde,", viajeros soñolientos o dormidor, cubiertos todavía por burlescos gorros de papel y salpicados de serpentinas y confetis, circulan en el Metro en las primeras horas del viernes. En la Alemania occidental, el canciller Adenaúer amonesta públicamente a sus compatriotas porque desvirtúan la verdadera significación de la fiesta. En Holanda, el primer físico del país asesina a su ayudante, una belleza de veintidós años, y se suicida, envenenándose con cianuro. En la Martinica sobrevienen sangrientos incidentes callejeros, la Policía dispara y reclama el envió de fuerzas de Francia, hay muertos y heridos, se decreta el toque de queda y se prohibe la celebración de la Misa del gallo. En Córdoba (Argentina), la Administración permite que el día 24 los .presos reciban, a discreción, de sus lamillas, vinos y aguardientes. Al filo dé la revelación de Belén, la plantilla penal se amotina, víctima de un ataque colectivo de alcoholismo. Total, tres muertos y cuarenta heridos. Cabria alargar la relación al gusto de

cualquier lector civilizado o a la paciencia del que no lo sea. Por doquier, donde he dicho y donde no he dicho, asesinatos, latrocinios, violencias, todo un catálogo de crímenes y delitos, aun los más infames, aún los menos publicables, cuando no guerras y guerrillas, como si se tratara de cualquier noche mala del año.

Inversamente, en el sudoeste de Europa se abre, bajo el signo del Nacimiento, una tregua, un paréntesis, un armisticio, o un descanso, en reverencia a la tierra y los muertos, en devoción al divino crío .que sonrió a Lopez pecador.

Ni deja.de ser cierto que este pueblo, católico, según dicen, únicamente en lo rutinario y externo, figura entre los de anas bajo índice de criminalidad, ni deja de tener fácil comprobación el dato de que un censo nacional de treinta millones de almas recuerde, precisamente en Nochebuena, los Mandamientos del Decálogo.

"No robarás", "no matarás", es la consigna con que el pueblo español responde a la Adoración del Niño.

Ni una vulgar puñalada, ni un atraco, ni un suicidio, ni un robo con fractura o con escalo desde el 24, a las nueve de la noche, hasta el lunes 27 de diciembre, y, por añadiduda, nadie que escandalice en público con el espectáculo de un vicio o con la manifestación de un desorden.´Sobramos, decididamente, en la nómina de la civilización cristiana. España: ¡qué asco de país!— Mariano DARANAS.

 

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