Autor: Daranas Romero, Mariano. 
   El milagro español     
 
 ABC.    13/01/1960.  Página: 32. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

EL MILAGRO ESPAÑOL

Cuando la inspiración, el trabajo o la suerte de los pueblos conquista metas asombrosas, volviendo las cañas lanzas, el lenguaje recurre en todos los idiomas a la representación-" ideológica del milagro. Es, quiza, el homenaje que la historia rinde a la intervención de agentes misteriosos en los destinos, de la especie; Milagro del Marne se ha llamado a la batalla que en ja cuenca del mismo río salvó a París en 1914 de un ataque impetuoso. Por un milagro que librara a la capital de la hegemonía de la esvática se personó el Gobierno Reynaud, con el presidente de la República laica a la cabeza en Notre Dame, aunque Dios no oyera la plegaria de unas instituciones cuya piedad ocasional consistía en reclamar contra Santa Bárbara e Santa Rita. Por milagro alemán se entiende el resurgimiento de un pais, que asolado en 1945, es al cabo de catorce años uno de los más prósperos, abastecidos y ordenados de la tierra. Y el 30 de diciembre de 1959 dijo el Generalísimo Franco a sus -compatriotas que con más razón que de los milagros ajenos cabría hablar del milagro español; ,En esos y otros casos está permitido y es conveniente, si no indispensable, tutear a lo sobrenatural para que hombres y sociedades comprueben hasta qué punto pueden sacar fuerzas de flaqueza, movilizando, al conjuro de la fe en la propia causa, todas sus energías. "Para emprender no hace falta estar seguros, ni ganar para insistir", solía decir el tenaz Taciturno, aquel Guillermo de Orange que tanta guerra, a la postre, victoriosa, dio a Felipe II en Flandes.

Pero la transformación de España desde 1939 acá es un milagro conseguido en las circunstancias mas adversas de la Edad Contemporánea, Inicialmente, lo impedían obstáculos y remoras que no acosaron a otros. pueblos. Para Ja Alemania posracista, la Italia posfascista y el Japón posmilitarista todo fueron facilidades, así como para Francia, Holanda, Bélgica, Noruega, etcétera. La necesidad, por un lado, de sustraerlas a. la bolchevización, y la conveniencia, por otro, de probar aue bajo un régimen de partidos vivirían mejor que bajo ´mando único volcaron sobre ellas ayuda lorgánime y copiosa. Aquí sucedió al revés. Ya nos habría satisfecho y hasta enajenado que el prójimo dejara que nos cociéramos en ´nuestra propia salsa, sin asistirnos, pero sin atacarnos sin socorrernos, pero sin agredirnos; sin tendernos la mano, pero sin mostrarnos el puño. En aquel tiempo, y de eso no hace tres lustros todavía, una nación que, secularmente pecadora como cualquiera otra, ha dado lecciones ahora y siempre y hoy y. ayer de hidalguía y altruismo, era colonia de leprosos en.un mundo que, regenerado por la Carta de San Francisco, se las prometía (¡ja, Ja!) suculentas y felices, y sus subditos, parásitos de una humanidad que, pateando y escupiendo al fascismo derribado, iba a disfrutar para siempre Jamás, bajo el signo de la democracia (¡qué candor!), de la paz y el hartazgo.

Era cuando se.nos negaba visado de recepción al pasaporte o se le condicionaba a declaraciones humillantes, y cuando en puertos extranjeros nuestros barcos no podían descargar sus mercancías, y cuando las cancillerías retiraban sus embajadores de Madrid, y cuando sé nos cerraban fronteras, y al otro lado de ellas se ofendía a la bandera roja y gualda, y cuando, pretendiendo disponer los demás a -su antojo de nuestra soberanía, el circo ambulante de la Segunda República recibía tales seguridades, de, desquite y represalia, que hasta la nómina de los nuevos ministros y de los futuros gobernadores civiles se publicaba en periodiquitos de la ilusa y espúrea emigración. Y era cuando, por primera vez después de la guerra de Independencia, improvisaron los españoles espontáneamente un frente único y cerrado

contra todo lo que fuera torcer o mediatizar desde el exterior su libérrima voluntad y contra quienes les dieran trato dé protectorado. Cuente la generación veterana a la generación novicia lo que caracterizó a la protesta nacional del 10 de .diciembre de 1946. Cuenten padres a hijos el memorable plebiscito en que Madrid, al unísono de los demás vecindarios, clamó su resolución de resistir. Ponqué si los españoles se habían puesto en pie, en julio de 1936, fue diez años después, aquella noche inolvidable, cuando se sostuvieron, pisando firme.

Faltaba todavía una prueba que deberían meditar todos los menores de veinticinco años. Sépanla unos y recuérdenla Otros. Catorce mil guerrilleros instruidos y municionados se deslizaron clandestinamente en nuestro suelo, como dirían los franceses,´ "par petite paquets", y salpícarón dé rojo la vida de un país que, exhausto, hambriento y saqueado, y,. por añadidura, deprimido por las sequías, sólo aspiraba a curar sus llagas. Pero tampoco esa otra agresión, salario de una milicia expátriada, que, al servicio decisivo de la Resistencia, formara la vanguardia (al fin y al cabo, españoles) de la columna que simbólicamente liberó a París, -detuvo el proceso del milagro .español.

Cabo suelto y lejano y reminiscente del abortado maquis ha sido la muerte de Francisco Sabater, llorada a lágrima viva, a2 parecer con nostalgia y emoción, por muchos diarios franceses, coma si añoraran aquellas expediciones a mano armada contra el país limítrofe. Más sensatos y mejores vecinos, los periodistas di acá, sin salvedades, no desean, .en cambio, el duplicado de una invasión que en pocas semanas llegó de Dunkerque a Hendaya y sé asombran de que, sin el pretexto siquiera de servir ideologías de izquierda, por tratarse de un diario de información de máxima tirada, haya hecho "France Soir" la apología del valeroso forajido con monstruoso, delator y, por supuesto inútil escamoteo de la bravura del combatiente argelino.—Mariano DARANAS.

 

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