Adolfo Suárez dimite como presidente del Gobierno y de UCD. El viaje del Rey Juan carlos al País Vasco se mantiene. 
 Fuertes presiones influyeron en la decisión del presidente Suárez de presentar su dimisión irrevocable     
 
 El País.    30/01/1981.  Página: 9-10. Páginas: 2. Párrafos: 20. 

EL PAÍS, viernes 30 de enero de 1981

NACIONAL 9

Adolfo Suárez dimite como presidente del Gobierno y de UCD

El presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, hizo pública en la tarde de ayer su

dimisión como jefe del Gobierno y presidente de Unión de Centro Democrático en

el curso de una alocución televisada retransmitida a todo el país a las 19.47

horas,y en la que Adolfo Suárez no expuso las razones políticas de su dimisión,

que presentó al rey Juan Carlos el pasado miércoles por la tarde en el palacio

de la Zarzuela.El vicepresidente de Asuntos Económicos, Leopoldo Calvo Sotelo,

se perfila como posible sucesor del presidente. El rey Juan Carlos inicia hoy

consultas con los líderes de los partidos políticos representados en el

Parlamento para proponer al Congreso de los Diputados la nominación de un nuevo

jefe de Gobierno en fecha próxima. La noticia de la dimisión de Suárez ha

causado sorpresa e impacto dentro y fuera del territorio nacional. Fuentes

oficiales del Ministerio de Defensa desmintieron ayer los rumores relativos a

que la dimisión de Suárez respondió a presiones militares con motivo del viaje

del rey Juan Carlos al País Vasco, que en principio se mantiene.

El viaje del rey Juan Carlos al País Vasco se mantiene

Fuertes presiones influyeron en la decisión del presidente Suárez de presentar

su dimisión irrevocable

El presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, presentó su dimisión al rey Juan

Carlos en la mañana del pasado martes, en medio de rumores sobre presiones

atribuidas a algunos mandos-miliares, que fueron desmentidas en la tarde de ayer

por el Ministerio de Defensa. El presidente del Gobierno informó en la tarde de

ayer a los miembros de su Gabinete de su decisión, que calificó de

«irrevocable», en el curso de un Consejo de Ministros extraordinario en el que

afirmó que hacía tiempo que venia meditando esta decisión, que se sentía

orgulloso de su actuación y que dimitía porque si se empeñaba en mantenerse en

el poder podía terminar «perjudicando a la Corona». Rumores de ultima hora daban

al vicepresidente Leopoldo Calvo Sotelo y al ministro de Defensa, Rodríguez

Sahagún, como posibles sucesores de Suárez. En cualquier caso las presiones de

círculos de la gran derecha para la dimisión de Suárez eran crecientes desde

hace meses.

Según fuentes bien informadas, la huelga de controladores, que supuso el

argumento inmediato para la suspensión del congreso de UCD, que se debía

celebrar en Palma de Mallorca a partir de ayer, fue articulada, al parecer, con

la intención de impedir el desarrollo del congreso centrista.

En las primeras horas de la mañana del miércoles (después de una de las más

largas entrevistas del presidente del Gobierno con el Rey, celebrada el martes

en el palacio de la Zarzuela); circularon rumores de que altos mandos militares

habían presionado al Monarca en favor del relevo del presidente Suárez y de la

suspensión del viaje que don Juan Carlos tiene previsto realizar al País Vasco

los días 3,4 y 5 de febrero, viaje en el que podrían haberse anunciado algunas

medidas de gracia. Anoche reinaba gran confusión en Madrid sobre el

mantenimiento de este primer viaje oficial del Rey al País Vasco, ya que, según

prevé la Constitución en sus artículos 99 y 101, el jefe del Estado deberá

iniciar hoy consultas inmediatas con los líderes de los grupos políticos con

representación en el Parlamento para proponer al Congreso de los Diputados el

nuevo candidato a la Presidencia del Gobierno.

A pesar de esto, fuentes oficiales indicaban que el viaje del Rey se mantenía,

de acuerdo con el programa previsto.

Según fuentes allegadas al Gabinete del presidente Suárez, el jefe del Gobierno

tornó la decisión de dimitir el pasado fin de semana. Las mismas fuentes señalan

que el lunes Suárez informó a su esposa, Amparo Illiana, y a sus más íntimos

colaboradores, y entre ellos a Abril Martorel, Calvo Ortega, Martín Villa,

Rosón, Pérez-Llorca, Pío Cabanillas y Rafael Arias Salgado. El martes, Suárez

pidió audiencia en el palacio de la Zarzuela para comunicar al Rey su deseo y

(siempre según fuentes del Gabinete de Suárez} el Monarca le pidió que

permaneciera en su puesto.

Asimismo, estas fuentes aseguran que el presidente ha estado muy emocionado en

las últimas horas y, concretamente, durante el anuncio de su dimisión en el

Consejo de Ministros de ayer y, posteriormente, en la reunión del comité

ejecutivo, así como durante la reunión que volvió a celebrar en la noche del

martes con los primeros representantes del partido centrista y en la que, al

parecer, participaron Fernández Ordóñez, Abril Martorel, Martín Villa, Rafael

Calvo, Pío Cabanillas, Rafael Arias Salgado y el presidente del Congreso y líder

del sector crítico de UCD, Landelino Lavilla.

Precisamente fue el sector crítico el que pidió a Adolfo Suárez, en la primera

reunión por la tarde del comité ejecutivo del partido, que reflexionará sobre su

dimisión. Incluso algunas informaciones señalan que le pidieron que rectificara

su decisión en lo que a la presidencia del partido "se refiere. A estas

sugerencias, Adolfo Suárez habría respondido que eran los críticos quienes

tenían que haber reflexionado días atrás, criticando duramente su

comportamiento.

Fuentes próximas a Abril Martorel, señalaron anoche, por otra parte, que la

dimisión de la presidencia del partido obligaría a la convocatoria de un

congreso extraordinario de UCD, para lo cual deberían elegirse nuevos

compromisarios, ya que no valdrían las designaciones de los que estaban elegidos

para el II Congreso.

La primera noticia de la dimisión irrevocable de Adolfo Suárez fue difundida por

la agencia Europa Press minutos después de las 15.30 horas, citando fuentes del

sector crítico de UCD. A las 16.45 horas, el ministro de Justicia, Francisco

Fernández Ordóñez, daba por buena esta información, en la puerta del palacio de

la Moncloa, momentos antes de iniciarse el Consejo de Ministros extraordinario.

Allí mismo se supo también que el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, se

había reunido hasta altas horas de la madrugada de ayer con algunos miembros del

Gobierno —los vicepresidentes Manuel Gutiérrez Mellado y Leopoldo Calvo Sotelo,

el ministro Rafael Arias Salgado—, el secretario general de UCD, Rafael Calvo, y

Fernando Abril, con quienes analizó la situación política. Allí se decidió la

convocatoria urgente del Consejo de Ministros y del Comité Ejecutivo de UCD.

Preocupación máxima de esta larga reunión de madrugada una vez que la decisión

de Adolfo Suárez era ya irrevocable, fue el análisis de posibles candidatos a su

sucesión.

Suárez, sonriente

El Consejo de Ministros se inició a las cinco de la tarde y duró veinte minutos.

Suárez, en un tono tranquilo y solemne informó a los miembros del Gabinete de su

decisión de dimitir en su doble condición de presidente del Gobierno y de la

UCD. La reunión del comité ejecutivo se inició a las siete de la tarde en el

edificio Inia, del complejo de la Moncloa. Diez minutos antes Adolfo Suárez

llegaba sonriente en su coche oficial,una vez que se encontraban en la sala de

reunión la totalidad de los miembros del comité, algunos de ellos visiblemente

emocionados, como Ignacio Camuñas, y otros con . ademán adusto en el rostro,

como los ministro Calvo Sotelo, Martín-Villa y el ex ministro Fernando Abril. En

el momento de iniciarse la reunión del comité ejecutivo, la secretaria de Estado

para la Información, Rosa Posada, hizo público al casi centenar de periodistas

(que ya por entonces se agolpaban ante la Moncloa) el comunicado oficial del

Gobierno que confirmaba la dimisión del presidente.

Asimismo, Rosa Posada anunció que Adolfo Suárez se iba a dirigir al país en un

mensaje televisado que

se había grabado a las cinco de la tarde. Suárez apareció en pantalla a las

19.45 horas, y con voz firme y gran serenidad, comunicó al país las razones de

su decisión (véase discurso Suárez). La esposa y los hijos del presidente se

encontraban en la Moncloa en la tarde de ayer.

La reunión del comité ejecutivo duró algo menos de 45 minutos, y se suspendió

después de que Adolfo Suárez planteara la necesidad de que inmediatamente se

pusiera en marcha el procedimiento interno para la nominación de un candidato a

la jefatura del Gobierno, y de que algunos miembros del Ejecutivo solicitaran un

período de reflexión para volver a reunirse a partir de las once de la noche.

La noticia de la dimisión del presidente del Gobierno fue difundida

inmediatamente de ser conocida por todas las emisoras de radio y sorprendió a la

totalidad de los dirigentes políticos. Los partidos convocaron inmediatamente a

sus órganos ejecutivos para analizar la situación. Adolfo Suárez llamó, en torno

a las seis de la tarde, a los líderes de los grupos con representación

parlamentaria para informarles de su decisión. El jefe de la oposición, Felipe

González, recibió la noticia a última hora de la tarde en Francia, e inició

urgente viaje de regreso a Madrid.

Mientras tanto, la ejecutiva del PSOE, reunida bajo la presidencia de Alfonso

Guerra, solicitaba la urgente convocatoria de la Mesa del Congreso de los

Diputados para la inmediata reanudación de la vida parlamentaria, que, en

principio, no debía producirse hasta el próximo 10 de febrero.

En la sede del partido centrista la confusión era total y se recibían llamadas

desde todos los puntos de

España. Igualmente, las centralitas de los periódicos se bloqueaban por la

cantidad de llamadas en busca de más información.

Adolfo Suárez dimite como presidente del Gobierno y de UCD

Anunció su dimisión como presidente del Gobierno y de UCD a través de RTVE

Suárez: "No quiero que el sistema democrático sea un paréntesis en la historia

de España"

«No quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un

paréntesis en la historia de España». Estas son las palabras del discurso

pronunciado anoche por Adolfo Suárez a través de Televisión Española, para

anunciar su dimisión como presidente del Gobierno y de Unión de

Centro Democrático (UCD), que los observadores políticos han considerado

reveladoras de las presiones ejercidas por determinados sectores de poder contra

la continuidad de Suárez, valoradas por éste como atentatorias contra la

democracia.

La noticia, en los medios castrenses

Las primeras informaciones oficiosas sobre la dimisión del presidente Suárez

llegaron a los acuartelamientos y unidades militares de Madrid poco después de

las tres de la tarde, hora en la que todavía se encontraban en sus puestos los

principales jefes y oficiales. La dimisión de Suárez fue acogida con «asombro y

expectación», según fuentes castrenses. El capitán general de la I Región

Militar (Madrid), teniente general Quintana Lacaci, reunió a los jefes de unidad

de la guarnición de Madrid para informarles de la crisis presidencial.

A las cinco de la tarde, a la misma hora en que se reunía el Gobierno en la

Moncloa, la Junta de Jefes de Estado Mayor celebraba un encuentro en la sede de

su cuartel general, en la calle de Vitrubio, en Madrid.

Un portavoz oficial del Ministerio de Defensa dijo a EL PAÍS que esta reunión

del mando militar era de «carácter ordinario» y que había sido convocada días

pasados.

Asistieron el presidente de la Junta de Jefes, teniente general Ignacio Alfaro

Arregui, y los representantes de los tres Ejércitos, teniente general José

Gabeiras (Ejército de Tierra), teniente general Emiliano Alfaro Arregui

(Ejército del Aire) y almirante Arévalo Pelluz (Armada). El portavoz señaló que

en la reunión estaba previsto tratar aspectos del plan estratégico conjunto de

la defensa e insistió en que la convocatoria no tenía nada que ver con la crisis

presidencial. Sin embargo, no se descarta que el mando castrense abordara el

tema.

Paralelamente a esto, durante la tarde se desencadenó una serie de informaciones

en las que se aludía a una supuesta implicación de altos mandos militares en los

condicionantes de la dimisión de Suárez. Concretamente, estas informaciones,

según diversas fuentes, entre ellas medios próximos al Partido Socialista Obrero

Español (PSOE), se hacían eco de que un grupo de capitanes generales habría

elaborado un pliego de firmas mostrándose contrario al viaje del Rey a Euskadi.

Entre las causas de esta supuesta actitud se encontraría la posibilidad de que,

durante la presencia del jefe del Estado en las provincias vascas, se pudieran

conceder indultos particulares, de acuerdo con la legislación (El Alcázar ha

venido informando en los últimos días de próximos indultos). Asimismo se

especulaba con una presunta presencia en Madrid de cinco capitanes generales.

El teniente coronel Fernández Monzón, portavoz oficial del Ministerio de

Defensa, desmintió con rotundidad a EL PAÍS estas informaciones, señalando que

el Ejército estaba escrupulosamente al margen de esta circunstancia política.

«Es totalmente mentira la información. Los capitanes generales no se han movido

de sus regiones. El único capitán general que estuvo recientemente en Madrid fue

el de la VIII Región Militar, teniente general Fernández Pose, que acudió el

miércoles a una audiencia normal con Su Majestad Fernández Monzón añadió que no

se habían tomado medidas especiales ni en el mando militar ni en la tropa, ya

que lo que se ha producido «es una crisis política y no una emergencia

nacional».

Televisión Española interrumpió sus emisiones a las 19.40 horas para transmitir

la alocución de Adolfo Suárez, a continuación del rótulo Declaración del

presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, vestido con chaqueta oscura, camisa azul

celeste y corbata azul oscura a rayas blancas, apareció sentado tras su mesa de

despacho en un plano general. A la/izquierda de la cámara, la bandera española;

al fondo, en, el mismo ángulo, un retrato del Rey y un tapiz enmarcado que

representaba a una mujer. Sobre la mesa, un mechero, un cenicero, y, a la

izquierda del presidente, un micrófono sobre trípode. La cámara se acercó en un

zoom rápido hasta un plano medio del presidente, con aire alrededor del busto,

los ojos húmedos, dos motas de luz en las pupilas y un reflejo luminoso en la

frente.

El presidente leyó con firmeza su alocución y miró constantemente a la cámara,

es decir, a los telespectadores, probablemente ayudado por el sistema de lectura

denominado ataque. La telecámara intentó corregir, con poco tino, los ligeros

movimientos del presidente al hablar. Durante la transmisión se oyeron cinco

campanadas de un carillón. Fuentes de Televisión Española afirman que se

registró el programa alrededor de las 15.30 horas. El discurso concluyó,

visualmente, can apertura del zoom, que retrocedió al plano general del inicio:

Adolfo Suárez tenía las manos entrecruzadas sobre unos folios y los codos

apoyados sobre la mesa.

El texto íntegro del discurso, que duró doce minutos, es el siguiente: «Hay

momentos en la vida de todo hombre en los que se asume un especial sentido de la

responsabilidad.

Yo creo haberla sabido asumir dignamente durante los casi cinco años que he sido

presidente del Gobierno. Hoy, sin embargo, la responsabilidad que siento me

parece infinitamente mayor.

Hoy tengo la responsabilidad de explicarles, desde la confianza y la legitimidad

con la que me invistieron como presidente constitucional, las razones por las

que presento, irrevocablemente, mi dimisión como presidente del Gobierno y mi

decisión de dejar la presidencia de la Unión de Centro Democrático.

No es una decisión fácil. Pero hay encrucijadas tanto en nuestra propia vida

personal como en la historia de los pueblos en las que uno debe preguntarse,

serena y objetivamente, si presta un mejor servicio a la colectividad

permaneciendo en su puesto o renunciando a él.

He llegado al convencimiento de que hoy, y en las actuales circunstancias, mi

marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia en la Presidencia. Me

voy, pues, sin que nadie me lo haya pedido, desoyendo la petición y las

presiones con las que se me ha instado a permanecer en mi puesto, con el

convencimiento de que este comportamiento, por poco comprensible que pueda

parecer a primera vista, es el que creo que mi patria me exige en este momento.

No me voy por cansancio. No me voy porque haya sufrido un revés superior a mi

capacidad de encaje. No me voy por temor al futuro. Me voy porque ya las

palabras parecen no ser suficientes y es preciso demostrar con hechos lo que

somos y lo que queremos.

Nada más lejos de la realidad que la imagen que se ha querido dar de mí como la

de una persona aferrada al cargo. Todo político ha de tener vocación de poder,

voluntad de continuidad y de permanencia en el marco de unos principios. Pero un

político que además pretenda servir al Estado debe saber en qué momento el

precio que el pueblo ha de pagar por su permanencia y su continuidad es superior

al precio que siempre implica el cambio de la persona que encarna las mayores

responsabilidades ejecutivas de la vida política de la nación.

Yo creo saberlo, tengo el convencimiento, de que esta es la situación en la que

nos hallamos y, por eso, mi decisión es tan firme como meditada.

He sufrido un importante desgaste durante mis casi cinco años de presidente.

Ninguna otra persona, a lo largo de los últimos 150 años, ha permanecido tanto

tiempo gobernando democráticamente en España. Mi desgaste personal ha permitido

articular un sistema de libertades, un nuevo modelo de convivencia social y un

nuevo modelo de Estado. Creo, por tanto, que ha merecido la pena. Pero, como

frecuentemente ocurre en la historia, la continuidad de una obra exige un cambio

de personas y yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una

vez más, un paréntesis en la historia de España.

Lealtad

Trato de que mi decisión sea un acto de estricta lealtad. De lealtad hacia

España, cuya vida libre ha de ser el fundamento irrenunciable para superar una

historia repleta de traumas y de frustraciones; de

lealtad hacia la idea de un centro político que se estructure en forma de

partido interclasista, reformista y progresista, y que tiene compro-metido su

esfuerzo en una tarea de erradicación de tantas injusticias como todavía

perviven, en nuestro país; de lealtad a la Corona, a cuya causa he dedicado

todos mis esfuerzos, por entender que sólo en torno a ella es posible la

reconciliación de los españoles y una patria de todos, y de lealtad, si me lo

permiten, hacia mi propia obra.

Restablecer la credibilidad en personas e instituciones

Pero este profundo sentimiento de lealtad exige hoy también que se produzcan

hechos que, como el que asumo, actúen de revulsivo moral que ayude a restablecer

la credibilidad en las personas y en las instituciones.

Quizá los modos y maneras que a menudo se utilizan para juzgar a las personas no

sean los más adecuados para una convivencia serena. No me he quejado en ningún

momento de la crítica. Siempre la he aceptado serenamente. Pero creo que tengo

fuerza moral para pedir que, en el futuro, no se recurra a la inútil

descalificación global, a la visceralidad o al ataque personal porque creo que

se perjudica el normal y estable funcionamiento de las instituciones

democráticas. La crítica pública y profunda de los actos de Gobierno es una

necesidad, por no decir una obligación, en un sistema democrático de Gobierno

basado en la opinión pública. Pero el ataque irracionalmente sistemático, la

permanente descalificación de las personas y de cualquier tipo de solución con

que se trata de enfocar los problemas del país, no son un arma legítima porque,

precisamente, pueden desorientar a la opinión pública en que se apoya el propio

sistema democrático de convivencia.

Querría transmitirles mi sentimiento de que sigue habiendo muchas razones para

conservar la fe,

para mantenerse firmes y confiar en nosotros los españoles. Lo digo con el ansia

de quien quiere conservar la fuerza necesaria para fortalecer en todos sus

corazones la idea de la unidad de España, la voluntad de fortalecer las

instituciones democráticas y la necesidad de prestar un mayor respeto a las

personas y la legitimidad de los poderes públicos.

Yo, por mi parte, les prometo que como diputado y como militante de mi partido

seguiré entregado en cuerpo y alma a la defensa y divulgación del compromiso

ético y del rearme moral que necesita la sociedad española.

Todos podemos servir a este objetivo desde nuestro trabajo y desde la confianza

de que, si todos queremos, nadie podrá apartarnos de las metas que, como nación

libre y desarrollada nos hemos trazado.

Se puede prescindir de una persona en concreto. Pero no podemos prescindir del

esfuerzo que todos juntos hemos de hacer para construir una España de todos y

para todos.

Algo tiene que cambiar

Por eso no me puedo permitir ninguna queja ni ningún gesto de amargura. Tenemos

que mantenernos en la esperanza, convencidos de que las circunstancias seguirán

siendo difíciles durante algún tiempo, pero con la seguridad de que si no

desfallecemos vamos a seguir adelante.

Algo muy importante tiene que cambiar en nuestras actitudes y comportamientos. Y

yo quiero contribuir, con mi renunciaba que este cambio sea realmente posible e

inmediato.

Debemos hacer todo lo necesario para que se recobre la confianza, para que se

disipen los descontentos y los desencantos. Y para ello es preciso convocar al

país a un gran esfuerzo. Es necesario que el pueblo español se agrupe en torno a

las ideas, a las instituciones y a las personas promovidas democráticamente a la

dirección de los asuntos públicos.

Los principales problemas de España tienen hoy el tratamiento adecuado para

darles solución. En UCD hay hombres capaces de continuar la labor de gobierno

con eficacia, profesionalidad y sentido del Estado y para afrontar este cambio

con toda normalidad. Les pido que les apoyen y que renueven en ellos su

confianza para que cuenten con el necesario margen de tiempo para poder culminar

la labor emprendida.

Deseo para España, y para todos y cada uno de ustedes y de sus familias, un

futuro de paz y bienestar.

Esta ha sido la única justificación de mi gestión política y va a seguir siendo

la razón fundamental de mi vida. Les doy las gracias por su sacrificio, por su

colaboración y por las reiteradas pruebas de confianza que me han otorgado.

Quise corresponder a ellas con entrega absoluta a mi trabajo y con dedicación,

abnegación y generosidad. Les prometo que donde quiera que esté me mantendré

identificado con sus aspiraciones. Que estaré siempre a su lado y que trataré,

en la medida de mis fuerzas, de mantenerme en la misma línea y con el mismo

espíritu de trabajo.

Muchas gracias a todos y por todo».

 

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