Política. Adolfo Suárez dimite como presidente del Gobierno y de UCD. 
 Historia de una dimisión     
 
 El País.    30/01/1981.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Historia de una dimisión

La existencia de fuertes presiones de poderosas instancias como desencadenante

de la dimisión de Adolfo Suárez, aparece implícitamente reflejada en el mensaje

dirigido ayer tarde a la nación por el que ha sido primer presidente

Constitucional español desde los tiempos de la Segunda república.

«Como frecuentemente ocurre en la historia», dijo Adolfo Suárez, «la continuidad

de la obra exige un cambio de personas, y yo no quiero que el sistema

democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de

España.

Estas palabras de Adolfo Suárez cobran especial relieve a la hora de analizar su

decisión, si se ponen en relación con los persistentes rumores de los últimos

días sobre presiones de estamentos militares cerca del Rey, si bien ayer fueron

desmentidos por el Ministerio de Defensa. Observadores políticos no dudaban

anoche en atribuirle un papel desestabilizador, similar al que supuso en el

Chile de Allende la huelga de Transportes, a la huelga salvaje de los controla

dores aéreos, que ha desarmado al Gobierno ante la opinión pública y provocado

la suspensión del congreso de UCD.

La oposición de la derecha confesional ala continuidad de Suárez ha sido menos

recatada, y la toma de posición de los obispos, en los días previos al Congreso,

respecto al divorcio, llevaba una carga de profundidad de largo alcance contra

el líder centrista.

Sin embargo, es preciso recordar las circunstancias creadas por la lucha

desencadenada en el seno de UCD, en los días previos al aplazado Congreso, para

tener todos los elementos de juicio que puedan explicar la dimisión de Adolfo

Suárez, sorprendente para sus propios compañeros de partido.

Suárez sabía perfectamente que del II Congreso de UCD iba a salir con una

confianza otorgada a plazo fijo y que ese plazo iba a ser, por otra parte, muy

corto. En los últimos días, tanto Rodolfo Martín Villa como Landelino Lavilla

habían coincidido en el análisis siguiente: 1) Adolfo Suárez está desgastado y

no es el líder que UCD necesita para concurrir a las próximas elecciones

generales; 2) el congreso no es el momento de llevar a cabo la sustitución de

Adolfo Suárez, pero es preciso que los estatutos institucionalicen un mecanismo

de sustitución del presidente, si las circunstancias lo exigieran, sin necesidad

de un congreso del partido, o como consecuencia de unas elecciones generales.

Coincidencia "mortal"

Esta coincidencia de los dos cabeza de fila de los sectores con más

compromisarios y mejor organizados del partido era mortal para las aspiraciones

de Adolfo Suárez, cuya voluntad de continuidad quedó inequívocamente expresada

en las declaraciones efectuadas hace exactamente una semana a la agencia Efe.

Si los martinvillistas y los cristiano-liberales renunciaban a plantear en el

congreso la sustitución de Adolfo Suárez, era porque no tenían la convicción de

que mediante un golpe de efecto el líder de U CD no consiguiera «confundir» a

los compromisarios y obtener un amplio respaldo personal; por eso consideraban

más adecuado remitir tan importante cuestión al seno del consejo político,

órgano deliberante del partido entre congreso y congreso.

Las elecciones gallegas y el previsible retroceso de UCD en las mismas podían

ser el momento elegido para proceder a la defenestración de. Adolfo Suárez.

Martín Villa consideraba que ésta podía ser la prueba definitiva, y para

Landelino Lavilla un recambio en esas fechas —posiblemente mayo— dejaba un

tiempo prudencial para que el nuevo líder «se respaldara de un activo político»

con el que comparecer ante el electorado.

Ante esta situación de interinidad, Adolfo Suárez sólo tenía una defensa frente

a sus adversarios: proponer al Rey la convocatoria de elecciones generales,

poder que le atribuye la Constitución. Cuando ayer fue convocado el Gabinete,

los socialdemócratas creían precisamente que ese era el asunto que se iba a

debatir. No hay que descartar, por tanto, que esa proposición haya sido

planteada al Rey, y que una posible resistencia del Monarca a una decisión de

tal envergadura haya desencadenado la dimisión de Adolfo Suárez.

La situación de Adolfo Suárez dentro de UCD puede que fuera

todavía más difícil, pues, según fuentes fiables, Martín Villa incluso le había

retirado su apoyo de cara al congreso. Días antes, el ministro de Administración

Territorial confesaba que, a pesar de que consideraba agotada la fórmula, Suárez

como candidato electoral respaldaría su elección en el congreso como presidente

de UCD. Al parecer, en un almuerzo reciente al que asistieron Calvo Sotelo,

Martín Villa, Sancho Rof y Juan José Rosón, y que se desarrolló en un clima no

exento de tensión,, se planteó la sustitución de Suárez y quién sería el

sucesor. Martín Villa no era pretendiente a esta opción, porque continúa

creyendo que su posibilidad política reside en convertirse en «el sucesor del

sucesor». Según ha sabido EL PAÍS de una alta fuente institucional, la

posibilidad de que Adolfo Suárez planteara la disolución de las Cortes al Rey

hace tiempo que está considerada, hasta el punto de que se habían solicitado

informes jurídicos que, en palabras de dicha fuente, «abarcaban todas las

hipótesis». Una de ellas era el desacuerdo del Jefe del Estado con una propuesta

de este tipo del presidente del Gobierno.

 

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