Política. Adolfo Suárez dimite como presidente del Gobierno y de UCD. 
 Blas Piñar esperaba la dimisión de un momento a otro     
 
 El País.    30/01/1981.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Blas Pinar esperaba la dimisión de un momento a otro

Mientras la organización ultraderechista Fuerza Nueva (FN) estima, a través de

su presidente, Blas Piñar, que la dimisión de Adolfo Suárez obedece a las

«graves tensiones dentro de UCD, que han impedido la celebración de su

congreso», dos partidos de la izquierda extraparlamentaria, Movimiento Comunista

(MC) y Liga Comunista Revolucionaria (LCR), coinciden en señalar que ésta se

debe a razones de fuerza.

Blas Piñar dijo que la dimisión de Adolfo Suárez no le había cogido por sorpresa

y que la esperaba para un momento inmediato. Tras ,subrayar como factor

principal las tensiones en el seno de UCD, indicó que las causas habría que

buscarlas también en el panorama político internacional, concretamente en el

cambio de la Administración Reagan.

«No encuentro una persona indicada para sustituir a Suárez, de no ser Calvo

Ortega o Landelino Lavilla, que tendría apoyo interno por ser un hombre de

prestigio y pertenecer al ala democristiana de UCD», añadió.

El MC, mediante comunicado, opina que «la dimisión de Adolfo Suárez es el

resultado de las presiones secretas de fuerzas que tratan de instrumentalizar

las instituciones civiles. El próximo Gobierno va a ser, todavía más que el

recién caído, un rehén de las fuerzas más reaccionarias de nuestra sociedad», y

agrega que «el Movimiento Comunista alerta a la opinión pública frente a las

intrigas antidemocráticas y llama a las clases trabajadoras a permanecer

vigilantes ante las mismas».

La LCR, en una declaración suscrita por Jaime Pastor, de su comité ejecutivo,

considera que «la dimisión de Suárez no obedece únicamente a las razones

aludidas por éste en su discurso, sino a otras muchas más profundas. En realidad

son los frutos amargos de la transición los que aparecen de nuevo».

Después de señalar que la desmovilización de la izquierda ha permitido que el

gran capital esté en condiciones de reorientar su proyecto político más a la

derecha, manifiesta que «los sectores más reaccionarios intentarán aprovechar

esta crisis para forzar a nuevos ataques contra las libertades».

 

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