Adolfo Suárez dimite como presidente del Gobierno de UCD. La noticia fue acogida sin excesivo nerviosismo en medios económicos y sociales. 
 La banca apuesta por Leopoldo Calvo Sotelo     
 
 El País.    30/01/1981.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

EL PAÍS, viernes 30 de enero de 1981

La noticia fue acogida sin excesivo nerviosismo en medios económicos y sociales

La banca apuesta

por Leopoldo Calvo Sotelo

En medios económicos y sociales, la dimisión del presidente Suárez ha causado

sorpresa en cuanto a la forma y el tiempo en que se ha producido, aunque el

hecho en sí, según las reacciones obtenidas por EL PAÍS, no parece haber

originado excesivo nerviosismo. La mayor preocupación acerca de la resolución de

la crisis se registra en los medios bancarios, donde, por otra parte, se habla

con más decisión de los posibles nombres que pueden sustituir a Adolfo Suárez.

Entre los dirigentes de los principales bancos, la preocupación se centra en la

falta de un líder en el primer partido del país. La actitud de Suárez, en este

sentido, se compara en alguna medida con la adoptada por Felipe González ante la

crisis del PSOE con ocasión de su 28° Congreso.

«La diferencia radica», según se señala en los citados medios, «en que la crisis

del PSOE no suponía demasiado trauma para el país si tenia que estar seis meses

sin oposición; lo que no se puede soportar, ante la crisis de UCD, es estar seis

meses sin Gobierno».

Entre los nombres que la banca baraja como sustituto ideal de Adolfo Suárez, sin

duda es Calvo Sotelo el que figura en primer lugar. «También podría tenerse en

cuenta a Rodríguez Sahagún, pero Calvo Sotelo es un perfecto conocedor del mundo

empresarial, está familiarizado con empresarios y sindicatos, y además tiene un

carácter frío, que le permite mantener un cierto distanciamiento de posturas

apasionadas ante problemas concretos».

En terminología bancaria, los medios consultados por EL PAÍS consideran que,

dado el carácter más firme y apasionado de Rodríguez Sahagún, Calvo Sotelo

representa «un valor más seguro como para no confundirse con su apuesta».

Entre los empresarios, Antonio Garrigues considera que la dimisión de Suárez

«abre nuevas perspectivas políticas», aunque considera que UCD cuenta con

hombres capaces de sustituirle. En el terreno de los nombres, menciona como

posibles sustitutos de Suárez a Rodríguez Sahagún, Calvo Sotelo, Fernández

Ordóñez y Landelino Lavilla. «Aunque estos dos últimos, por su vinculación con

ideologías concretas, parecen contar con menos posibilidades».

Ante la posibilidad de elecciones generales anticipadas, Garrigues se muestra

contrario a unos nuevos comicios antes de 1983 por considerarlos innecesarios.

«Si UCD supiera dar la talla como partido democrático y dar el recambio a Suárez

dentro de su seno, no serian necesarias. Si no ocurre asi, habría que aceptar

que son inevitables. Considero que hay un 70% u 80% de probabilidades de que se

convoquen elecciones generales».

Garrigues concluyó sus declaraciones con la afirmación de que corresponde a UCD

encontrar, «ella sola, como partido, la solución, y confio que este proceso se

acepte por la opinión pública española con naturalidad. Me preocupa que se

pudiera utilizar este momento para volver a hablar de Gobiernos de coalición, o

de unidad o de gestión».

El juicio del presidente de la patronal catalana, Alfredo Molinas, que en

recientes declaraciones a este periódico consideraba al Gobierno como

incapacitado para sacar al país de la crisis y le descalificaba por —a su

juicio— no ejercer la autoridad de gobernar, manifiesta su deseo de que el nuevo

Gobierno no sea otro continuismo. «Espero que pueda representar un nuevo y

valiente enfoque de los graves problemas que la sociedad y la economía española

padecen, y que logre incorporar grandes dosis de esperanza e ilusión al pueblo

español».

El pronunciamiento de la patronal como institución, a través de las

declaraciones del presidente de la CEOE, Carlos Ferrer Salat, reitera su actitud

de colaboración «para contribuir en el ámbito de nuestras responsabilidades como

institución, y personalmente como ciudadanos, para que se pueda conseguir una

rápida superación de las dificultades sociales y económicas por las que

atraviesa España».

A título personal, Ferrer Salat manifestó su sorpresa por la decisión adoptada

por Adolfo Suárez, y expresó su respeto por la actitud de dimitir, así como su

admiración por «la generosidad y entereza en su mensaje».

Reacciones sindicales

El secretario general de Comisiones Obreras, Marcelino Camacho, considera la

dimisión de Suárez como «el fracaso más absoluto de una política concreta», y

asegura que «en este país hay fuerzas que operan en la sombra y no sabemos qué

parte hay de cada cosa en esta crisis».

Nicolás Sartorius, miembro también del secretariado de CC OO, reiteró la teoría

del partido comunsita en el sentido de que «la crisis no es de personas, sino de

sistemas», y calificó la política económica de Suárez como contraria a los

intereses de los trabajadores.

La única reacción de UGT —cuya ejecutiva permanecía reunida para estudiar la

situación creada con la decisión de Suárez— se concreta en las discretas

declaraciones de Manuel Chaves, miembro de su órgano de dirección, quien

considera que «no es momento de introducir elementos de distorsión que agraven

la situación. Lo que es necesario es no aumentar más los traumas que puede estar

registrando UCD en relación con su jefe de filas. Espero que resuelvan su crisis

para bien del partido y del país».

Manuel Zufiaur, secretario general de USO,- en una extensa declaración afirma:

«Me parece que no es un buen presagio que el primer presidente constitucional

haya caído en las condiciones en que lo ha hecho. Creo que alguien está jugando

a aprendiz de brujo, lo que puede tener consecuencias imprevisibles. Desde mi

punto de vista considero que la crisis que supone la dimisión del presidente del

Gobierno debe tener una salida escrupulosamente constitucional. Los posibles

artífices de esta caída deben tener el coraje de asumir esta salida

estrictamente constitucional».

 

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