Autor: Ramírez, Pedro J.. 
   El gran perdedor de la crisis     
 
 ABC.    04/05/1980.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 29. 

ABC. DOM1NGO. 4 DE MAYO DE 1980. PAG. 6,

EL GRAN PERDEDOR DE LA CRISIS

E ahí al hombre. Se llama Adolfo Suárez. Ante los ojos de la opinión pública ha

sido el gran perdedor de la crisis. Huye de las conferencias de Prensa como del

agua hirviendo. Hace quince meses que no se dirige al país. Cada día que pasa

cuenta con menor número de asistencias y su crédito público desciende

celeradamente. Aunque su aspecto físico todavía recuerda vagamente al de aquel

hombre joven e ilusionado que cuatro años atrás recibió un encarga histórico, su

disposición mental nada tiene que ver con la de entonces. De su proyecto

político se han enseñoreado las telarañas y casi todo cuanto tenía que aportar

ha sido ya apuntado. «No le apuñaré nadie. Se estranguló con la maroma de sus

propios complejos.» Así rezará su epitafio.

El presidente ha caído estrepitosamente derrotado al cabo de cuatro semanas de

pugna consigo mismo. Su inteligencia no le ha podido a su voluntad y ha

terminado haciendo exactamente lo contrario de lo que por Un había comprendido

que debía hacer. Ha apostado al final por lo más fácil, aun a costa de arrastrar

efectos opuestos a (os que quería producir.

A la vista de tan corto desenlace, muchos ciudadanos se preguntan a qué venía

todo este baile. Y es que a medida que pasaban los días se iban difuminando las

verdaderas motivaciones de la crisis y en su lugar no ha terminado quedando sino

la inquietante estética de la intriga por la intriga.

EMPEÑADO EN CAVAR SU PROPIA TUMBA

Remontándonos a los orígenes del tumulto, tres grandes parámetros condicionaban

ante la nación -el cambio de Gobierno: «el dolor de los pecados» por los

fracasos de Andalucía, País Vasco y Cataluña; el examen de conciencia» a través

de un órgano de responsabilidad colegiada, como la Permanente del partido, y el

«propósito de la enmienda» como sintonía de la canción a interpretar en el

debate paramentarlo del día 13.

Lo que se esperaba era una especie efe exorcismo purificador, cargado de

dramatismo y de grandeza, capaz de dar paso con año y pico de dilación a esa

«nueva manera de gobernar» que Suárez prometiera en la pasada campaña.

Prescindiendo de anteriores decepciones, éramos muchos los españoles que

aguardábamos el parto de los montes, dispuestos a jalear a la nueva criatura y a

concederte todos los beneficios de la duda, a nada que en sus facciones fuera

posible atisbar el mínimo indicio de esperanza.

Incluso los más voluntaristas se han visto, sin embargo,.desengañados porque, en

feliz expresión de uno de nuestros más jóvenes y brillantes políticos, «al final

la montaña parió un ratón» y lo que se nos presenta no es más que un revoltijo

de retoques burocráticos sin consecuencia importante alguna. Dejando las cosas

como estaban, el presidente ha hecho ojos ciegos y oídos sordos al clamor por un

cambio de rumbo y ha venido a decir a tos españoles que él tampoco es capaz de

ofrecernos sino entre quince y veinticinco arios de tenue desmoronamiento.

Suárez continúa empeñado en cavar su propia tumba y no es por falta de consejos

correctos. Sobre su mesa de trabajo —tal vez ya en papelera— debe reposar aún el

informe elaborado, por Martin Villa, sobra cómo transformar el gabinete en una

especie de directorio integrado por no más de una docena de primeras figuras en

condiciones de arropar al presidente, salir en la tefevisión e inspirar

confianza y respeto.

FERNANDO ABRIL, OTRA VEZ VENCEDOR DE LA CRISIS

Hoy corno ayer, Suárez no cuenta con más sustento en la primera línea de fuego

que el de Fernando Abril. De nuevo se ha erigido en el gran triunfador de la

crisis, pues sus designios sustantivos se han cumplido, y nada que él no deseara

ha llegado a suceder.

Su victoria resulta especialmente notable en cuanto que llega a remolque de unas

manifestaciones públicas que en cualquier país democrático descalificarían de

por vida a cualquier politico. Sólo nuestro integral atolondramiento como pueblo

explica que todo un vicepresidente del Gobierno pueda decir impunemente que no

cree en el parlamentarismo y siquiera lee las leyes. Espero que cuando menos se

le exija algunas aclaraciones el día 13.

Lo ocurrido durante las tres o cuatro semanas que ha durado la recomposición del

«puzzle» demuestra también que Femando Abril cuenta con el respaldo de una élite

empresarial reducida, pero influyente, y ha perdido, sin embargo, la confianza

de los restantes agentes económicos con notables excepciones, quienes han

apuntado a Fernando Abril están, como él, «instalados en la crisis y prefieren

la atonía a la incertidumbre. Su «bete noire» es Fernández Ordóñez —discutible,

pero civilizada expresión de la burguesía progresista—, cuyo advenimiento

consideran ingenuamente el mayor de los males que podrían recaer sobre sus

privilegios.

Quienes en hiriente contraste han expuesto con valentía las insuficiencias de

Fernando Abril como responsable de la política económica han sido sus propios

colaboradores. Tras la denuncia de su subsecretario Javier del Moral, que

advirtió que el vicepresidente no es capaz de contener el preocupante y

gravísimo déficit público, han seguido las dimisiones de Juan Antonio García

Diez y Carlos Bustelo.

Hace tres semanas Abril dijo del primero que difícilmente podría encontrarse un

mejor ministro de Comercio, y glosó la gestión del segundo, comentando que

estaba poniendo orden en el INI y encauzando bien la reestructuración de ¡os

sectores en crisis. Muy pocos días después de la publicación de estos elogios,

uno y otro desvelaban ante e! presidente su honda preocupación ante la verdadera

marcha de las cosas y le sugerían que colocara a un «profesional» al frente de

la Economía, La sinceridad de su planteamiento es algo que les honra, pues pone

en evidencia que no todos los jóvenes políticos de su generación buscan ni el

poder por el poder, ni el halago por el halago.

RADIOGRAFÍA DE LOS NUEVOS MINISTROS

A primera vista parece que el equipo económico pierde en envergadura y

consistencia con el relevo de García Diez y Bustelo,por Gamir y Bayón. E!

primero de ellos fue secretario general técnico del Ministerio de Agricultura

cuando Abril estaba al frente del mismo, y a pesar de su procedencia

socialdemócrata, es ciento por ciento un hombre del vicepresidente. El segundo

fue el máximo colaborador de Lozano Vicente, en su archicuestionada política de

viviendas sociales y el máximo colaborador de Lladó en la poco venturosa etapa

de la huelga de aeropuertos. Ambos tienen, sin embargo, menos de cuarenta años

y, si se aplican, pueden aprender mucho en sus nuevos cargos.

Más equilibrada parece la combinación que afecta a los Ministerios de Trabajo y

Transportes. Sánchez Terán es un político serio, prudente y aburrido, lo que

hace de él un estimable espécimen, de características muy parecidas a las de

Calvo Ortega. Oe José. Luis Alvarez podrá decirse cualquier cosa menos que es

indolente o que carece de ideas: creo que cumplirá bastanse bien el papel de

alto funcionario que se le asigna.

La más importante de todas las incorporaciones a! gabinete es, sin duda, la de

Juan Rosón. Como gobernador de Madrid ha adquirido fama de duro con guante de

seda, a la vez que una experiencia inestimable en su relación con las Fuerzas de

Seguridad del Estado. Es un hombre de Martin Villa, en un momento en que los

hombres de Martin Villa tienden a dejar de ser incondicionales a fa vez del

presidente. Quizá por eso Suárez hubiera preferido nombrar ministro del Interior

a Sáenz de Santamaría, pero es lógico que a la vista de lo ocurrido con su

colega, Ibáñez Freire, que en poco más de un arlo se ha quedado sin carrera

militar y sin carrera política, éste haya preferido continuar en su imparable

ascenso hacia el liderazgo moral de nuestras Fuerzas Armadas.

Me alegro por Juan Antonio Griega y por Martín Retortillo, que deben sentirse

muy felices de poder seguir haciendo exactamente lo mismo que hasta ahora, soto

que con la dignidad de ministros, pero hay que reconocer que no existia ninguna

razón para su ascenso, excepto la de molestar al pobre Rafael Arias, al que le

dan un Ministerio vaciado de competencias.

Suárez no sólo no ha aprovechado esta oportunidad para ir plasmando en (a

realidad los criterios que fijará la ley de Reforma Administraliva, sino que ha

sido regresivo con relación a la misma. Cuando de lo que se trataba era de

rebajar algunos Ministerios a Secretarías de Estado, él va y convierte en

ministros a los secretarios de Estado.

«Suárez ha desaprovechado su penúltima oportunidad, haciéndose un daño inmenso a

sí mismo. Por el bien de España, su partido tiene que obligarle a que el día 13

no vuelva a fracasar»

¿Por qué se ha hecho esto con la Coordinación Legislativa y la Función Pública y

no también con la Información, la Energía, el Turismo o la Salud Veterinaria,

hasta completar un Gobierno de treinta y tantas carteras, que ni siquiera quepan

en la mesa del Consejo?

PEREZ-LLORCA: UNA LECCIÓN DE DEMOCRACIA

Tan decepcionante ha sido el balance de esta gran ocasión frustrada, que quienes

moralmente salen reforzados de la misma son los que han tenido el coraje de

oponerse a los planes del presidente. De entre ellos —luego hablaremos de la

actitud de los «barones»— destaca de manera especial José Pedro Pérez-Llorca,

capaz de responder con mucho más valor del que algunos le suponíamos a uno de

esos retos cruciales que un político debe afrontar tres o cuatro veces en su

vida.

La semana pasada intenté reflejar supersonalidad, produciendo un retrato

complejo en el que ninguna de sus pinceladas tenía , sentido alguno si no era

contemplada en el contexto de todas las demás. A la vista de lo ocurrido estos

días, es preciso, en cualquier caso, retocar ahora el óleo para hacer más

gruesos los trazos referidos a sus firmes convicciones democráticas.

Renunciando al rango de vicepresidente, por considerar que su elevación a dicho

pedestal no respondía a la expresión natural del Juego de fuerzas existentes en

el partido, Pérez-Llorca ha dado una inmensa lección al tándem Suárez-Abril. Les

ha explicado con su gesto que una sociedad de libertades es incompatible con esa

concepción patrimonial del poder que llevan metida en el tuétano de su huesos, y

les ha explicado a la vez que quien gobierna no es sino el depositario de una

delegación de los ciudadanos vertebrada, de abajo hacia arriba, a través de los

partidos.

Pérez-Llorca ha tenido además la responsabilidad suficiente como para aceptar su

cuota de carga en un gabinete que él es el primero en reconocer que nace

completamente muerto. Teniendo en cuenta que su postura implicaba un claro

disentimiento sobre la forma en que estaba siendo conducida la crisis, lo lógico

es que Suárez hubiera prescindido de él. Trató, en vez de eso, de convencerle

mediante todo tipo de presiones para que hiciera marcha atrás y terminó

aceptando su colaboración selectiva cuando comprobó que Pérez-Llorca había hecho

de la difusión detallada de lo ocurrido, sagrario de su firmeza.

UN POCO DE HISTORIA SOBRE LAS TENDENCIAS DE UCD

Como es la segunda vez que el presidente dice que en la UCD no hay familias ni

tendencias —ya se le escapó algo parecido el verano pasado— va a ser

imprescindible refrescarle la memoria. A quienes vivimos de cerca aquellos meses

no se nos olvida el entusiasmo con que muy amplios sectores de la opinión

pública acogieron hace tres años el proceso de convergencia entre las tres

grandes opciones moderadas que vertebran mayorías de Gobierno en Occidente. Tal

vez carecieran del aparato electoral y el dinero necesario, pero liberales,

democristianos y socialdemócratas tenían la credibilidad que emanaba de un

proyecto político bastante definido, de unas trayectorias biográficas solventes

y de un estilo rupturista con relación al pasado.

El Centro Democrático también tenía un líder. Se llamaba José-María de Areilza,

y por su preparación y su talento resistía la comparación con cualquiera de los

grandes dirigentes que hoy en día gobiernan en el mundo. Adolfo Suárez también

había llegado, entre tanto, a la cúspide, pero el partido del que era secretario

general era otro muy distinto, con emblema en forma de cangrejo.

Apenas se produjo su aterrizaje sobre la estructura montada por la oposición

moderada, exigió y obtuvo la cabeza de Areilza. Apenas se produjo la primera

victoria electoral de UCD, exigió y obtuvo la disolución de los partidos

preexistentes sin garantizar a cambio el, menor atisbo de democracia Interna.

Apenas hubo distribuido las suficientes prebendas de acuerdo con el criterio de

aupar a los peores y triturar a los mejores, exigió y obtuvo unos Estatutos que

hacen de él no el presidente, sino el «dueño» del partido.

SUÁREZ Y LOS «BARONES» DEL PARTIDO

Cuando uno escucha críticas que acusan de deslealtad a los Garrigues, Fernández

Ordóñez, Martin Villa o Lavilla empieza a dudar de la capacidad de nuestra

sociedad para sobreponerse a la Intoxicación y al servilismo. Si cuando eran

ministros viajaban a provincias, en seguida el presidente les llamaba para que

dejaran de hacerlo o se encargaba de que la televisión ignorara sus movimientos.

Si en vísperas electorales pretendían participar en una campaña con proyección

nacional, en el acto los diseminaba por las cuatro esquinas del país, adonde a

pesar de todo les seguían los medios informativos independientes.

Si uno de ellos alcanzaba por méritos propios una alta magistratura

institucional, inmediatamente lo convertía en cómplice forzoso de su propia

elusión de responsabilidades, condicionando su credibilidad ante la oposición.

Si había otro que osaba pronunciar una conferencia con éxito de público y

esperanza en el mensaje, pronto recibía el aviso de que «no estoy dispuesto a

recelar también de ti».

EL DEBATE POLÍTICO PUEDE SER TELEVISADO

La Mesa y Junta de Portavoces del Congreso de los Diputados estudiarán en su

reunión del próximo martes el tema de la retransmisión por televisión del debate

político que tendrá lugar el día 13 de mayo.

En la reunión de la Junta de Portavoces del pasado día 29 de abril se llegó a un

principio de acuerdo para que fuera la Mesa la que hiciera la propuesta sobre la

forma de transmitir el debate.

En aquella ocasión, los socialistas manifestaron que estaban a favor de la

retransmisión íntegra del debate, pero por parte de otros grupos se adujo que la

retransmisión íntegra, por su extensión (intervención del Gobierno, réplicas,

debates de mociones, etcétera) podría producir un efecto negativo en la

audiencia.

La fórmula que se barajó entonces fue la retransmisión íntegra de la primera

intervención del representante del Gobierno y de la de los distintos grupos

parlamentarios, y que del resto se hiciera un resumen supervisado por la Mesa

del Congreso para garantizar su objetividad.

Afortunadamente, las tendencias existen en UCD y, afortunadamente, de un tiempo

a esta parte se percibe un ansia general de vivificarlas. En el retorno a los

principios fundacionales de la coalición reside la única esperanza de que el

colectivo no se rompa y la única esperanza de que Suárez consiga llegar al

frente del Gobierno hasta el final de la legislatura.

Todas sus maniobras contra quienes le dieron, con generosidad en exceso, su

decisivo sustento político inicial podrían serle disculpadas si, gracias a tales

métodos, Suárez hubiera sido capaz de ofrecer un proyecto político al país y de

aplicarlo con eficacia. La mejor prueba de que no lo ha hecho son los quince

meses de retraso con que llega su debate de investidura.

Ese creo que debe ser el carácter de la Jornada parlamentaria del próximo día

13, tanto desde la perspectiva de los diputados de la oposición como desde la

perspectiva de los propios diputados de UCD.

Tras lo ocurrido estos días, las lealtades tienen que empezar a estar

condicionadas. Suárez ha desaprovechado su penúltima oportunidad, haciéndose un

daño inmenso a si mismo. Por el bien de España es preciso «obligarle» —y no

existe otra forma de decirlo— a que el día 13 no vuelva a fracasar.

El Consejo político del partido, máximo órgano entre Congreso y Congreso, tiene

el jueves la palabra.—

Pedro J. RAMÍREZ.

 

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