Autor: Gómez Ortiz, Manuel. 
   La fuerza de las minorías     
 
 Ya.    30/05/1980.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

El tragaluz LA FUERZA DE LAS MINORÍAS

ESTOS señores sé creen Poldark. Y se equivocan. Porque´ una cosa es que los

españoles, no ya desencantados, sino hartos basta las pelos de política torpe y

sin horizontes, se hayan pegado a la radio y al televisor, cuando se han creído

que, al amor del debate y la moción de censura, se iba a arreglar algo, y otra

muy distinta que estén dispuestos a convertirse en teleadictos de la palabrería

hueca de los diputados.

Que abusen, que sigan abusando de su verborrea, y verán lo que es quedarse sin

público. Y, además, con una saga sin final feliz o sin sangre, como si eso fuera

un telefilme presentable. Un desenlace a base de PSOE no gana y UCD tampoco deja

fría a la reciente afición.

A la gente hispana le chiflan los baratillos, pero están acostumbrados a

charlatanes de primera categoría, y no como la mayor parte de sus señorías, que

ni llevan un muestrario presentable ni pico de oro para dorar la pildora. Hay

que ver al señor Rojas Marcos y taparse los oídos con tal de no sentirnos

incómodos con su falta de firmeza y de´ poder de convicción, apenas apoyado en

su pequeña voz de gracioso involuntario, débil defensor aseñoritado de mi pobre

Andalucía; o al plasta del señor Abril, con su especie de ecolalia, que le lleva

a repetir frases idénticas, mientras saca números y remacha que eso es gobernar

España, y no sabemos si se refiere a que gobernar España es dormir al personal,

como acostumbra el vicepresidente segundo, y hasta en ese caso habría mucho que

discutir, porque más que sueño tranquilo lo que teme hoy .el ciudadano es que lo

manden a descansar en paz. amén; o al violento del señor

Sagaseta, con injerto del señor Bandrés; o al soso del señor Rodríguez Sahagún,

ministro de Defensa, que se instaló en disc-jockey inexperto; o al embarullado

señor Aizpurun; o al listo —por gracia de las pocas luces de los demás— del

señor Carrillo.

Sólo resulta medianamente soportable el espectáculo cuando brota del señor Roca

agua coherente e inteligible; o don Felipe González se repone de su bajo tono

del día anterior; o el señor Pinar se sube a la épica, y, sobre todo, al

aparecer en escena el señor Fraga, profesor y pueblo en una pieza, con un

discorso estructurado límpidamente y un sentido del ritmo para mantener la

atención, con un chiste aquí, un piropo luego, después un ataque frontal y

rotundo; todo con casta y con fidelidad a sus principios, aunque a veces abra la

caja de los truenos y ponga la mesa patas arriba. Ayer, no. Ayer estuvo

sembrado. Con autoridad y sin autoritarismos, que, en ocasiones, le pierden.

Las minorías siempre caen mejor, porque, como antes señalaba del señor Fraga,

los pequeños grupos parlamentarios pueden permanecer más fieles a si mismos, no

se ven abocados a plegarse a los intereses de muchos, como les sucede, en

cambio, a los partidos grandes; no corren el riesgo las minorías de tener que

acercarse tanto a otras posiciones que pierdan su identidad, como le ha sucedido

a UCD —que nunca la ha tenido del todo— o al PSOE, que ofrecen programas

parecidos en bastantes aspectos. Y esta situación lleva a que las minorías se

conviertan en arbitro, tal como ahora.

Y se han portado las minorías, porque han actuado con madurez. No se han

inclinado ni por el blanco ni por el negro. Han matizado mucho en sus

intervenciones —aunque no todos—: sí a la moción de censura, no a un Gobierno

socialista.

Ni blanco ni negro. Exacto. Este gran relato no es del tipo ni ha alcanzado el

interés del protagonizado por Kunta Kinte. Y el personal está a punto de

desencantarse de nuevo.

Y a ver quién es el encantador que lo vuelve a encantar.

Manuel GÓMEZ ORTIZ

 

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