Autor: González Muñiz, Antonio José. 
   El discurso...     
 
 Ya.    30/05/1980.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Acotaciones a la sesión EL DISCURSO..

• Hace bastantes años que en el Parlamento español no se escuchaba un discurso

político tan extraordinario como el que ayer tarde pronunció el señor Fraga

Iribarne (don Manuel). Causó sensación y fue seguido con interés sumo tanto en

los escaños como en las tribunas públicas.

• El propio presidente del Gobierno, señor Suárez González (don Adolfo), quiso

que se resaltase ante la Cámara la importancia, contenido y belleza oratoria del

señor Fraga Iribarne para que las minorías valorasen con objetividad el gran

discurso pronunciado por el líder de Alianza Popular y de Coalición Democrática.

• El homenaje de urgencia que el señor Suárez (don Adolfo) ordenó se le rindiese

en el acto al señor Fraga consistió en hacer intervenir al vicepresidente señor

Abril Martorell, .que estuvo espléndido: difuso, confuso y patidifuso y certero

en frases vulgares.

• El comentario en el Congreso, era la magistral pieza oratoria del señor Fraga,

que contenía todos los elementos certeros para un debate político: claridad de

pensamiento, crítica dura, mordacidad, sarcasmo, ironía, humor, gallardía,

valentía, arrojo, visión de estadista, emotividad y sentido de la realidad

española.

• Creemos que este discurso es lo único digno de recuerdo que va a quedar de

tanto fárrago oratorio como el que está produciendo el debate político. El señor

Fraga analizó y denunció los errores del Gobierno y los peligros de la utopía

socialista para gobernar España.

• La voz denunciadora del señor Fraga "se quebró, la emoción se le subió a la

garganta y a los ojos cuando, al final, invocó dos palabras «que tal vez no

estén muy de moda, pero que tienen la ventaja de que, por ser eternas, no pasan

de moda: Dios y España». «Pedimos —dijo— ayuda a Dios en este momento decisivo;

confiamos en España, nuestra amada Patria.»

• Emotivas palabras para cierre del discurso. Y es que para los partidos no

marxistas la cuestión era dramática. Por un lado, están convencidos, dijeron,

que tenemos un mal Gobierno, al que convendría quitarle el timón de la nave de

España.

• Al mismo tiempo, ese umon no puede dársele a los que quieren llevar a España

hacia la utopía socialista. El señor Fraga pidió más: que el Gobierno se

sometiese a un voto de confianza. Este debate político ha servido para dejar

maltrecho políticamente al señor Suárez (don Adolfo) y para rebajar la

arrogancia de alternativa del señor González (don Felipe).

A. J. GONZÁLEZ MUÑIZ

 

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