¿Solución en el Parlamento o elecciones generales?     
 
 El País.    30/01/1981.  Página: 1,6. Páginas: 2. Párrafos: 8. 

¿Solucionen el Parlamento o elecciones generales?

MINIMIZAR LA importancia de la dimisión del presidente del Gobierno en un

momento de grave ruptura interna en su partido y cuando paradójicamente parecían

hacerse esfuerzos cotidianos por resolver la construcción del Estado de las

autonomías y enderezar —con la colaboración de las fuerzas sindicales— la

situación económica no conduce a nada. Este es el hecho político más grave de

los sucedidos después de la muerte de Franco, y lo es, sobre todo, porque no ha

sido explicado suficientemente, porque aumenta las sospechas sobre las presiones

involucionistas y porque rompe el proceso de normalización política español. La

debilidad del presidente, dimitiendo antes del congreso de su partido —aun si la

dimisión le ha sido solicitada, cosa que se desmiente por repetidas fuentes

oficiales—, revela además la flaqueza del liderazgo político de UCD y hace

suponer la entidad de las presiones recibidas.

¿Cuáles son las verdaderas razones de la dimisión? Esta es la pregunta inicial,

y la más comprometida, de cuantas puedan hacerse. Si es cierto, como algunos

rumores que corrieron el miércoles por Madrid insinuaban, que se habían

registrado tensiones militares, habría que añadir que la situación adquiriría

perfiles preocupantes. En cualquier caso, aunque estas tensiones no sean ciertas

—y se ´han desmentido profusamente—, la sola posibilidad de los rumores indica

que la sociedad española no ha sabido despojarse de viejos fantasmas. Si el Rey

hubiera tenido que intervenir —y para nadie es un secreto que el nombramiento

inicial de Suárez se debe en realidad de manera casi exclusiva al Monarca—, la

gravedad apuntada sería aún mayor. No se conocen, sin embargo, motivos

suficientes que justificaran una involucración del Trono de este género, pero es

sabido que el propio Suárez ha declarado a sus íntimos que si se mantenía en el

poder podía acabar cercenando a la Corona. Si ha sido la presión de los sectores

reaccionarios de UCD y la derecha española, amparados en la llamada ala crítica,

habrá que felicitar a estos demócratas de nuevo y viejo cuño que, con sus

apetencias inusitadas y sus querencias inconfesables, han logrado abrir una

crisis profunda para nadie beneficiosa. Y si se debe exclusivamente a la falta

de capacidad del propio Suárez, a su derrumbe psicológico y a sus pocas defensas

políticas, habrá que convenir que la irresponsabilidad suya y de su equipo a la

hora de presentarse a las elecciones resultará memorable.

¿Solución en el Parlamento o elecciones generales?

Por lo demás, resultan ridiculas algunas tesis que corrían ayer por los pasillos

de UCD, según las cuales el presidente intentaba una maniobra a lo Felipe —irse

para luego volver—. No puede volver quien de manera sorpresiva y sin

explicaciones razonables ha puesto al país al borde del vértigo. Así no se

gobierna una nación en democracia.

Una palabra sobre el vértigo. Hemos dicho muchas veces que era necesario para

garantizar la estabilidad política española cara al futuro que se mantuviera el

actual período legislativo hasta su fin natural. Y que las torpezas y errores de

la derecha ucedista en el poder se podían y debían medir ante las urnas en unas

elecciones generales. Por poco o mucho que nos gustara Suárez como presidente

del Gobierno, es preciso y necesario recordar que lo era después de encabezar la

lista ganadora en unas elecciones generales libres y democráticas, expresión de

la voluntad popular.´Y a esas elecciones UCD acudió potenciando, explotando y

mitificando la imagen del presidente dimisionario.

Las tensiones surgidas en el Gobierno y su partido a partir de marzo de 1979 han

sido originadas fundamentalmente por la presión de sectores tradicionales de la

gran derecha sobre lo que consideran una política no coherente con el electorado

ucedista en lo que se refiere al derecho de la familia, la economía y la

enseñanza, así como en la construcción del Estado de las autonomías.

La Iglesia en los temas morales, amplias zonas militares en el autonómico y

sectores de la oligarquía financiera respecto a la fiscalidad y a la política

económica se han mostrado crecientemente descontentos a lo largo de los dos

últimos meses. Suárez se esforzó en septiembre del año pasado, con lo que ha

sido el último de sus Gobiernos posibles, en restaurar la coalición de

tendencias e ideologías que configuraron UCD ala muerte del dictador. La

impresión primera que percibimos ahora es la incapacidad permanente del partido

en el poder para ofrecer una-alternativa democrática, sin duda por la

identificación de los intereses que priman en UCD con los representados

tradicionalmente por el aparato burocrático y político del anterior régimen.

Durante los últimos meses hemos venido manteniendo

la tesis de que, pese a los numerosos errores gubernamentales, la crisis del

poder y su erosión ante la opinión pública radicaba fundamentalmente en los

ataques contra las libertades y las instituciones democráticas .-El secretismo

permanente que en torno a los asuntos de Estado ha rodeado, y sigue rodeando, a

este país es impropio de una nación civilizada que ha dado ejemplo de serenidad

popular y de capacidad de autogobierno en los más recientes y difíciles momentos

de su historia. La sospecha de que sólo una presión fortísima y ajena a la

propia UCD ha podido hacer tomar la grave decisión al presidente Suárez va a ser

difícil de disipar. Pero, en cualquier caso, es sencillamente un insulto al

pueblo español irse como Suárez se ha ido, dando una espantada digna de la

famosa e histórica de El Gallo. Es una vergüenza que el primer partido del

Parlamento no sea capaz de explicar la dimisión de su propio presidente. Y es

una lástima que se rompa así el periodo de necesaria normalización política. UCD

está descalificada ante la opinión pública para sucederse a sí misma mediante el

mecanismo de los acuerdos parlamentarios y las mayorías ficticias. No es una

crisis de Gobierno ante lo que nos hallamos, sino una escalada permanente de las

fuerzas reaccionarias de este país.

El Rey ha de comenzar ahora las consultas para la formación de un nuevo

Gabinete. Desde el punto de vista de la normalidad constitucional, lo deseable

sería que se pudiera crear un Gobierno capaz de acabar el actual periodo

legislativo. Pero las dudas sobre la propia dimisión de Suárez, las tensiones

experimentadas en el seno de UCD, la precariedad de la situación del partido

aconsejan la convocatoria, cuanto antes, de unas elecciones generales. Lo

decimos con desgana, porque esta no es una buena noticia, y porque hubiéramos

querido un final más digno para esta etapa, en la que el propio Suárez ha hecho

mucho por este país. Pero es la voluntad de los españoles, y no el deteriorado

prestigio de la clase política gobernante, la que puede y debe dar respuesta a

la crisis planteada.

 

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