La apuesta socialista     
 
 Diario 16.    22/05/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

La apuesta socialista

El debate político que desde el martes se celebra en el Congreso de los

Diputados experimentó en la sesión de ayer un espectacular giro al plantear el

grupo socialista, a través de su portavoz, Felipe González, una moción de

censura contra el Gobierno.

La drástica iniciativa del grupo socialista, perfectamente legítima, constituye

el primer caso de puesta a prueba de los mecanismos constitucionales más

genuinos, y aunque sólo fuera por esto, por el indudable rodaje que los próximos

días va a tener nuestra ley de leyes, sus efectos han de ser altamente

beneficiosos para el país y la democracia.

En su discurso previo a la presentación formal de la moción de censura, Felipe

González presentó al Congreso el conjunto de motivos que políticamente

justifican su postura. Atendiendo a estos motivos, cuya exposición está

apretadamente resumida en el documento presentado por el grupo socialista, lo

coherente era plantear sin ambigüedades una censura. Y ése fue el camino elegido

por Felipe González.

La situación generada por la iniciativa socialista va a poner en pleno ejercicio

de sí misma a nuestra languideciente democracia. Estamos en la antesala de unos

días de febril actividad política y parlamentaria, en la que cada partido habrá

de afilar sus programas, sus argumentos y su capacidad de pacto y transacción.

La sacudida surtirá, sin duda, efectos revitalizadores.

Si no hay sorpresas de fondo y la UCD permanece unida, la moción socialista no

podrá, lógicamente, prosperar. Matemáticamente hablando se trata, pues, de una

censura de tipo testimonial, inviable hoy por hoy, dada la actual correlación de

fuerzas parlamentarias.

En tal caso hay que preguntarse por qué el PSOE ha forzado al máximo los

mecanismos constitucionales para una operación teóricamente —excluida,

repetimos, la sorpresa de una ruptura interior de la UCD-destinada al fracaso.

La razón hay que buscarla probablemente en una frase que, como de pasada, dejó

caer Felipe González durante su discurso de ayer: tras señalar la pérdida de

credibilidad del Gobierno después de las últimas elecciones, añadió una

coletilla autocrítica en la que aludió a que esta pérdida también afectaba a los

socialistas.

En efecto, González parece estar diseñando ya su estrategia para las elecciones

generales del 83 y esta moción de censura puede convertirse en un pivote vital

para la futura marcha de esa estrategia. En ella,. la primera, y primordial meta

de los socialistas es desengancharse de una imagen de consenso que les ha

causado un deterioro electoral paralelo al de UCD, pero, paradójicamente, sin

gobernar. De esta manera, con el casi seguro fracaso numérico de su moción de

censura, el PSOE abre un crédito moral y electoral seguro y una rehabilitadora

imagen de verdadera oposición.

Los próximos días nos dirán cuál es el signo de los acontecimientos, realmente

importantes, que nos esperan. En cualquier caso, y sea cuál sea este signo, la

democracia saldrá fortalecida de ellos. El tedioso espectáculo actual, con una

oposición que no ha demostrado hasta ahora poseer una verdadera estrategia de

tal, se ha acabado. Cada cual en la pugna que se avecina ha de jugar

inevitablemente su propio papel a fondo y es éste un baño de claridad que España

necesita.

 

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