Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   ¿Subsistirá España?     
 
 El Alcázar.    29/05/1980.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Cronica de España

¿Subsistirá España?

¿Subsistirá España? Relata Laureano López Rodó que la pregunta se la hizo un

profesor de la Universidad de Upsala, después de su conferencia sobre las

autonomías. Esta misma pregunta me la hago yo, y supongo que la mayoría de los

españoles, tras escuchar el debate parlamentario sobre la moción de censura

presentada por el PSOE. ¿Podrá supervivir España a esta indeseable, indigente,

trapacera e insolvente clase política? Descompuesta, desconcertada,desalentada,

corroída, desmoralizada, España está en sus manos, incapaz, al parecer, de

reaccionar frente a la agresión mortal del despotismo partitocrático.

Esta nueva ¡ornada de debate parlamentario sólo ha servido para confirmar

ominosas presunciones anteriores. Los apaños circunstanciales han prevalecido

durante todo el tiempo del cambio revanchista sobre cualquier consideración

estimable de la política, entendida como servicio a España y al bien común. Los

trapos sucios del consenso se transformaron nuevamente en arma arrojadiza de

unas pobres pandillas caciquiles en lucha por el poder. Unos por permanecer en

su disfrute y otros por asaltarlo. La conclusión es obvia: los principios se

subordinan a los intereses. Todos estuvieron y están dispuestos a colisiones,

alianzas, contubernios, y puñaladas, con independencia de teóricas disparidades

ideológicas. La bastardía de esta forma impúdica de democracia ha comparecido

durante el debate con sus más indeseables perfiles.

La crisis del parlamentarismo convencional alcanza dimensiones universales. Es

cierto. Pero su degradación acusa proporciones aberrantes en España. Si alguna

duda cabía, los dirigentes del consenso nos han convencido de que el cambio

político no estuvo presidido en ningún momento por un aliento democrático

mínimamente honorable. Preocupaba sólo cumplir los mandatos sinárquicos de

destruir el Régimen de Franco, hasta sus raíces, pues llevaba consigo el

aniquilamiento de España. A determinados planteamientos de poder mundial

resultaba indeseable que el pueblo español hubiese dado al mundo la sorpresa de

un despliegue formidable de energía, capaz de catapultar España al noveno puesto

en la escala del desarrollo económico, y diera pruebas de poder continuar su

escalada de bienestar y soberanía, superando a otras naciones desarrolladas y

formalmente democráticas. Además de ello, los términos en que el milagro fue

logrado por el pueblo español podrían transformarse en modelo de esfuerzo, de

unidad y de soberanía conjuntada para los pueblos de la comunidad

hispanoamericana. Había que destruir esa posibilidad. Era necesario a los

poderes mundiales liberal-socialistas aniquilar esa opción y hundir al pueblo

español en la miseria, la indigencia, la debilidad y la servidumbre de los años

treinta. UCD, PSOE y PCE, con colaboraciones adyacentes, han cumplido su misión.

España está económicamente arruinada, socialmente rota, moralmente corrompida,

políticamente inane y territorialmente dispersada. Ese es el balance único que

cabe extraer del debate parlamentario.

Más allá de los enfrentamientos ocasionales y de la exhibición de los trapos

sucios, aparece lo bastante expresivo que la moción de censura no pasa de

constituir la mostrenca cobertura dé una maniobra política de descoyuntamiento,

cuyos centros de promoción y de decisión están fuera del Parlamento, de la

ideología a que formalmente se acogen los partidos y, por supuesto, del interés

nacional y de la voluntad popular, cuya teórica representación parlamentaria

apenas si excede del 50 por ciento del censo electoral.

La pugna verbal entre Carrillo y Suárez, sobre todo, ha permitido confirmar que

esta ficción democrática no administra valores nacionales ni objetivos

populares, sino planes extraños al destino de España e incluso a su posible

supervivencia como Nación. La falsa moción de censura presentada por el PSOE no

expresa la ruptura del consenso entre UCD y el socialcomunismo, merced al cual,

ha sido posible una brutal revancha internacional encaminada a la descomposición

de España, buscada con denuedo desde hace varios siglos. El debate permite

comprobar que es otro el consenso alternado. Me refiero al consenso de fuerzas

mundiales. A Suárez no te importaban demasiado los norteamericanos cuando

chalaneaba con Carrillo. Se sentía seguro bajo el paraguas rothschildiano de

Giscard, proclive entonces y ahora al entendimiento neutralista con la URSS.

Suárez teme hoy al cambio coyuntura! de la política mundial.

Busca desesperadamente acomodarse al actual juego de las tensiones. Pero fuera

del Gobierno y el Parlamento subsiste la filiación al giscardismo, coincidente

con la estrategia de la Internacional Socialista. Felipe González da la batalla

a Suárez como servidor de una determinada acción internacionalista de

neutralización de Europa. No es que Suárez defina una severa y congruente opción

contraria. Sucede tan sólo que Suárez y sus dóciles desfranquizadores han

cumplido ya su misión. Por eso se les acusa de franquistas. El traidor no es

menester, una vez la traición cumplida, reza el adagio. Ha llegado la hora de

dar el decisivo paso adelante. Es el momento de instalar un poder de inequívoco

corte liberal-socialista. Eso es todo. ¿Pero quién patrocina la operación?

¿Dónde está el motor de este nuevo cambio? Es la única cuestión que importa

dilucidar.

Suárez es consciente del alcance de la nueva conspiración antinacional, la cual

le convierte en víctima, en vez de protagonista, como hasta ahora. De ahí que su

casi exclusiva preocupación al presentarse al debate parlamentario fuese la

oferta del Estado de las autonomías. Pretendió adelantarse al asalto

socialcomunista con una oferta autonómica y federalista. Buscó restar los

argumentos de peso a la agresión socialista. Las autonomías y el terrorismo que

las sostiene.son la clave de la disputa. Muy lerdos habríamos de ser para no

entenderlo y dejarnos apresar en los argumentos económicos.

No se debate el ser o no ser de España. Se enfrentan dos maneras de destruir. La

cuestión planteada por el profesor sueco a Laureano López Rodó es la única

válida. Y no cabe duda que tanto da el triunfo de Suárez o el de Felipe

González. Ambos llevan España a la descomposición y el pueblo español a la

servidumbre.

Ismael MEDINA

 

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