Autor: YALE. 
 En voz alta. 
 Franco: Su última batalla  :   
 Los médicos llegaron al borde del milagro. 
 Nuevo Diario.    20/11/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 27. 

ND / 201175 / PAG. 3

La larga, tremenda, impresionante agonía del soldado, llega a su fin. La muerte le cerca desde hace más

de un mes y le envía oleadas de terribles dolencias. Franco resiste con su coraje de siempre, con su

extraordinaria capacidad para el dolor. Los médicos luchan con él hasta casi la frontera del milagro.

España asiste a esta última batalla del Generalísimo con profunda emoción, con impresionante respeto y

con dolorosa ansiedad.

Esta crónica se escribe con la misma emoción, con el mismo respeto y con idéntico dolor.

La jornada comenzó con el parte de las Casas Civil y Militar de Su Excedencia, que no modificaba el

último comunicado médico. Persistía el estado crítico del Caudillo. La mañana transcurría en el hall de La

Paz en un ambiente de tensiones y de nervios. La gravedad del Generalísimo podía reflejarse en todos los

rostros: en el de Arias Navarro, en el de Cabello de Alba, en el de Xieto Antúnez. Había conversaciones

en voz baja y podían percibirse inequívocos signos de fatalismo. A mediodía, se acentuaba el pesimismo

y se hablaba de un proceso peritoneal agudo, con alteraciones del ritmo cardiaco, que se van haciendo

más constantes.

Los periodistas iban y venían, preguntando, adquiriendo, como alucinados, sin obtener respuestas a sus

demandas. Entraban y salían personalidades: López Bravo, Rodriguez-Acosta, Fernando Suárez, Silva

Melero. López Rodó ... Y llegaban flores y mujerucas enlutadas con escapularios milagrosos, y

curanderos y videntes de buena fe.

PARTE MEDICO

Poco después de la una de la tarde fueron desfilando los médicos que asisten al Caudillo y en sus rostros

podía reflejarse la zozobra. Una atmósfera de asfixiante tensión mantenía en vilo a todo el mundo. El

salón de actos de La Paz se encontraba completamente lleno, poco antes de las 14 horas, en un noventa

por ciento por médicos y personal sanitario. También había aumentado el número de periodistas y

fotógrafos. La expectación mantenía en absoluto silencio a todo el mundo cuando don León Herrera.

EN VOZ ALTA FRANCO: SU ULTIMA BATALLA

• Los médicos llegaron al borde del milagro

Ministro de Información, dio lectura, con voz grave, al parte:

"A las 13,30 horas del día 19 de noviembre, la evolución de, la enfermedad de Su Excelencia el Jefe del

Estado, hospitalizado en la ciudad sanitaria La Paz, de la Seguridad Social, ha sido la siguiente:

La fase crítica en el curso posoperatorio del Generalísimo está evolucionando desfavorablemente en las

últimas horas como consecuencia de los fenómenos tóxicos derivados del proceso peritoneal que

motivaron la última intervención practicada el viernes, día 14.

No hay signos objetivos actúales de hemorragia digestiva.

La situación cardiocirculatoria se ha deteriorado paralelamente. Continúan los trastornos del ritmo

cardiaco. Presenta tendencia a la hipotensión arterial y al aumento de presión venosa central.

El empeoramiento de su función respiratoria obliga a continuar la respiración controlada. La temperatura

está regulada a 34 grados.

Persiste la situación de fallo renal agudo, que continúa tratándose con hemodiálisis.

El estudio electrocefalográfico a las 12,30 de hoy, así como el de las 22 horas del día de ayer, acredita una

actividad bioeléctrica cerebral conservada. En virtud de ello, el equipo médico continúa la utilización de

las medidas terapéuticas conservadoras necesarias e imprescindibles que no produzcan sufrimientos

físicos.

El pronóstico sigue siendo crítico.

Firmado: El equipo médico habitual.

DESESPERANZA

Este empeoramiento a que hice alusión el parte era previsible, a pesar de las múltiples medidas que se

tomaron con el fin de aplazar este cuadro clínico, ya que por su estado tóxico, producido por la

dehiscencia desutura, lucía sospechar el desencadenamiento de la clínica actual. Se sospechaba también

que los fallos en el ritmo cardiaco se irían haciendo más reiterativos e insistentes, lo que justifica el

síntoma de hipotensión arterial y aumento de la presión venosa central. Un cuadro realmente

desesperanzador.

A las cinco de la tarde se sabia que se registraba una ligera subida de tensión, que fue interpretada como

un signo positivo. Pero, a las dieciocho horas, el jefe de Prensa del Jefe del Estado, señor Lozano Sevilla,

visiblemente emocionado, daba lectura al boletín de, las Casas Militar y Civil del Generalísimo, en el que

se decía que "continuaba la evolución en el mismo sentido indicado en el parte anterior". A esa misma

hora, más o menos, corría el rumor de un inminente traslado del Caudillo al palacio de El Pardo, que no

pudo ser confirmado. A las 18,45 llegaban a La Paz doña Carmen Polo de Franco y su hija, la marquesa

de Villaverde. Minutos después lo hacía el señor Girón, que entró directamente por la puerta de urgencias.

Se detectó también la presencia de monseñor Bulart, capellán de la Casa Civil del Generalísimo, quien

dijo solamente que "mientras hay vida, hay esperanzas".

A las 19,00 horas, el reportero pudo conocer algunos datos sobre el actual estado del Caudillo. Padecía un

fuerte "shock" tóxico, con una peritonitis aguda y varias incontroladas hemorragias internas. La presión

arterial estaba en franco descenso, mientras subía la venosa. Se le había retirado el riñón artificial y se le

suministraba Dopamina. Se especulaba con una posible necrosis total de las cápsulas suprarrenales. Todo

lo cual justificaba el enorme pesimismo que se advertía en todos los visitantes.

El general Iniesta Cano confesaba a los informadores, poco después, que "Franco está muy mal. Lo único

que podemos hacer es rezar".

EXPECTACIÓN

Habían abandonado la clínica la esposa y la hija del Generalísimo, y, a las 20,30, otra vez se abarrotó el

salón de conferencias de La Paz, en un clima de extraordinaria expectación. El parte médico, que leyó

León Herrera, decía así:

"La situación clínica de Su Excelencia el Jefe del Estado no ha presentado modificaciones sustanciales

desde el último parte.

El pronóstico sigue siendo crítico.

El próximo comunicado médico del día 20 se facilitará a la hora acostumbrada."

Los periodistas y los médicos que llenaban la sala se miraron, perplejos, los unos a los otros. La

perplejidad, en efecto, estaba justificada. O, por lo menos, a esta hora. Por los teletipos de todo el mundo

se conocían detalles —los que yo apuntaba más arriba— que no constaban en el comunicado leído por el

ministro de Información y Turismo. Dos cosas más pudieron saberse: que la presión arterial era de dos de

mínima y seis de máxima. Y que Televisión Española informaba de un cambio en la programación de

noche: no se emitiría el programa de Julio Iglesias y, en su lugar, iba a ofrecerse la película "Objetivo:

Birmania".

Las redacciones de los periódicos eran un puro manicomio y las centralitas telefónicas quedaban

bloqueadas. Los informadores que continuaban su guardia en La Paz pudieron recoger las siguientes

palabras del almirante Amador Franco: "El estado del Caudillo es realmente muy delicado. Ya no hay

esperanzas." A las 21,30 se detectaba la masiva presencia de todo el equipo médico en la planta primera

de La Paz. Diez minutos después, abandonaban la clínica el presidente Arias y los ministros del Gobierno,

así como el presidente de Las Cortas. Los tres miembros del Consejo de Regencia, sin embargo,

continuaban en la clínica.

A las 22,30 este cronista pudo saber que, si desgraciadamente se produjera la fatal noticia, el acto

conmemorativo de la muerte de José Antonio Primo de Rivera se celebraría en el Valle de los Caídos,

presidido por el vicesecretario general del Movimiento, pero con la ausencia del resto del Gobierno.

A las 22,45 pude, saber que todos los jefes de departamento de La Paz habían sido citados a una reunión.

En ese instante, también, los altos ejecutivos del Ministerio de Información y Turismo se encontraban

deliberando en una de las dependencias de dicho Departamento. Don Enrique de la Mata, secretario del

Consejo del Reino, permanecía junto al teléfono de su casa, a la espera de noticias. Corrió el rumor de

que el presidente Arias podría dirigirse a la nación, a través de los micrófonos de Radio Nacional de

España, si se producía la fatal noticia.

A las 23,22 exactamente el jefe de Prensa de S. E. el Jefe del Estado, con gesto de tremendo cansancio y

voz opaca, daba a conocer a la veintena de periodistas que aún continuaban en La Paz el siguiente

comunicado: "El estado del Caudillo continúa evolucionando desfavorablemente." Y anunciaba para las

7,30 un nuevo boletín.

Pero ni un solo periodista abandonó su lugar de trabajo. Se presumía, en este instante., que más o menos a

las dos de la madrugada podría producirse un importante comunicado. Se especulaba, incluso, con la

posible presencia ante los micrófonos de Radio Nacional de España del presidente del Gobierno.

En Madrid nadie dormía. Por lo menos la clase política. Un infernal nerviosismo se había adueñado de la

noche y se solicitaban noticias y detalles a través de los teléfonos. La tensión es absolutamente demencial,

delirante. Se sabe que al filo de la medianoche se encuentran en la primera planta de La Paz los

marqueses de Villaverde y sus hijos mayores, así como el primero y, segundo jefes de la Casa Militar y el

equipo médico que cuida al ilustre enfermo. Llegaba a La Paz el ministro Solís y se esperaba la presencia

inmediata de otros titulares del Gobierno.

MEDIANOCHE

Habíamos traspasado el meridiano de la medianoche. El frío era intenso. Televisión despedía su

programación hasta mañana. La sirena de una ambulancia puso una nota estridente en la ya inquieta

primera hora del día, cuando se dirigía, a toda velocidad, por la avenida del Generalísimo, camino de La

Paz.

Justamente a las cero horas y 57 minutos abandonaba la clínica el ministro Solís, con visibles huellas de

emoción y conteniendo, a duras penas, las lágrimas. Dijo a los periodistas que "todo sigue igual". Más o

menos a esa misma hora, de fuentes oficiales, me aseguraban que el Caudillo todavía continuaba con

vida. Más de un Millar de personas estaban, concentradas ante la escalinata de la puerta principal de La

Paz. En estos momentos, se ha podido saber que en la planta primera se encuentran los doctores Martínez

Bordiú, Vital Aza y María Paz Sánchez Aguado. Parece ser que a la 1,30 el Caudillo sólo tenía, como

asistencia artificial, el respirador.

Llamo a don José Solís a su casa. Me dice: "En efecto, la situación es extremadamente crítica. Puede

suceder lo peor en cualquier instante."

Y las horas se hicieron interminables, angustiosas. Al contrario que otros días, mientras avanzaba la

noche, se hacía más numeroso el grupo de periodistas que se daban cita en el hall de La Paz. Y pudo

comprobarse, por otra parte, una mayor vigilancia en la carretera que conduce hasta El Pardo.

YALE

 

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