Autor: Booz, Jakin. 
   Patria y Masonería     
 
 ABC.    30/04/1960.  Página: 55-56. Páginas: 2. Párrafos: 26. 

PATRIA Y MASONERÍA

Firmado por Jakim-Booz, nuestro querido colega "Arriba" publicó ayer el siguiente artículo:

"Si la Patria es para nosotros el país sobre el que vivimos bajo la unidad de la fe que ha de salvarnos; si a través de los siglos entraña victorias, sobre los enemigos, rescate frente a las invasiones, tradiciones que nos ligan y memoria de héroes y santos que nos mandan; si forjando nuestra unidad de destino constituye el legado inalienable de otras generaciones, que hemos de transmitir engrandecido a las que nos sucedan, todo cuanto atente o socave estos principios hemos de considerarlo atentatorio a la salud y al futuro de nuestra Patria.

Basta con contemplar como era España antes y después de extenderse por nuestra Nación la masonería, para encontrar la demostración nías clara de les males que la acción masónica causó a nuestra .Patria.

Aquella frase de que en los dominios de España no se ponía el sol constituía la más bella expresión de la grandeza y la extensión de nuestro Imperio. La bandera de España, su sangre, su verbo y su cultura se extendían bajo la luz del Evangelio circunvalando al mundo; sin embargo, en qué pocos años aquel inmenso Imperio, forjado por los sacrificios inmarcesibles de héroes y de mártires, se derrumbó aniquilado en unas escasas décadas masónicas. No fue la natural separación de las hijas en su sazón emancipadas, sino el prematuro y artificioso desgajamiento concebido y propulsado por las logias extranjeras.

La masonería, nacida en Inglaterra como instrumento de su poder en el exterior y trasplantada a Francia, se inició bajo el signo de la envidia y del rencor hacia el viejo poderío de España y con un sello indiscutiblemente anti-romano. La Iglesia Católica Apostólica Romana, a la que España se mostraba fiel, constituía el blanco ¡principal de, aquellos primeros clubs, . que cobijaron a los nobles que pretendían sacudirse la disciplina de la Iglesia.»

Agrupó la masonería desde sus albores a aquellos intelectuales y racionalistas de las clases superiores inglesas. El que un miembro tan destacado de la Casa Real como el príncipe de Gales figurase desde la´ primera hora entre los iniciados, captado por la malicia de su preceptor y fundador de la masonería, M. de Sagullére, dio tono a los clubs masónicos, ,en los que ingresaron los titulos más significados de la Corte inglesa.

Trasplantada a Francia la, masonería por nobles franceses exilados, proliferó entre su nobleza, quejosa del enorme poder de su monarca, explotando las características que le ofrecía su secreto para conspirar contra el Rey-Sol, sin pensar que estaban forjando el instrumento del que habían de ser más tarde víctimas.

Pero lo que empezó como "snobismo" de nobles y burgueses, engendraba una profundidad disociadora que escapaba a la inteligencia de los más. Su proyección anticatólica minaba los fundamentos de, la sociedad, y con sus organizaciones secretas se había abierto un cauce eficaz para conspirar contra la paz y la seguridad interior de los Estados.

Hoy, con la perspectiva, que nos da el tiempo y con la documentación publicada por los propios masones, podemos comprobar la filiación masónica de la mayoría de los actores principales de la Historia moderna que, bajo las consignas de las logias extranjeras, vienen conspirando contra la unidad y la seguridad de nuestra Patria.

No se trata de una ofensiva temporal y circunstanciada por diferencias ideológicas, políticas o religiosas, sino de una´ constante desde su nacimiento. Poco ha" Importado el régimen o el sistema en España imperante. El anular y destruir el poderío, el progreso o el prestigio de España fue objetivo indiscutible.

Si demostramos que esto es así, el que las mejores coyunturas históricas se frustraran siempre por la acción desencadenada por la masonería, habremos justificado debidamente el calificativo , de traición que a la masonería, en orden a nuestra Nación, le corresponde.

Como una exigua minoría, como es la masónica dentro de la Nación, pudo ser la causa de tanto mal, es difícil de comprender para los que no conozcan y hayan profundizado en la táctica y propósitos masónicas desarrollados progresivamente durante dos siglos, mediante la conquista de los puestos-clave en el Gobierno o para el manejo de las naciones.

La masonería atacó desde sus principios las bases sobre las que la Patria se asentaba. Así se orientó desde la primera hora la acción de la masonería contra nuestra Patria. Sabían los ingleses por experiencia que la unidad y la base de un Imperio la constituye su fortaleza naval, lo que asegura el enlace y la comunicación entre las partes; que el primer acto para destruir un imperio lo constituye la desaparición de su Marina. De este modo pasó a. ser primer objetivo de las logias británicas, después de la destrucción de la Invencible, el evitar el crecimiento y fortalecimiento de nuestra Marina por todos los medios a su alcance.

Ya se habían puesto los jalones para ello con la usurpación de la plaza, de Gibraltar, conquistada en nombre del pretendiente al Trono español y retenida más tarde como posesión inglesa que, interceptando el paso del Mediterráneo al Atlántico, condicionaba la eficacia y la unión de nuestra Mota, interferida desde entonces por la referida plaza.

El segundo acto de la maniobra lo comprendía la campaña masónica desencadenada en nuestra Patria por las logias de su obediencia contra el marqués de la Ensenada, que entrometiéndose en la política interior española tomó estado público y ocasionó la expulsión del embajador británico en Madrid. El "slogan" de aquella campaña fue el de "Ensenada, no", mantenido por los masones, y que había de repetirse en nuestro siglo con el similar del "Maura, no", forjado en los mismos talleres masónicos como réplica contra sus proyectos de Escuadra, que los liberales españoles secundaron.

Continuo fue el esfuerzo durante todo el siglo XIX para el fomento de las logias en todo nuestro litoral, aunque su esfuerzo principal se centró en las cabeceras de los Departamentos marítimos de nuestra Marina de guerra, con objeto de minar y debilitar su disciplina en los momentos clave. Así podemos registrar las vergüenzas del siglo pasado a través de las cantonales y de todos Jos sucesos políticos en que la filtración masónica y la subversión anulaban la acción de nuestra Marina, lo que con breves interrupciones llega hasta nuestros días y alcanza su mas reciente expresión en la subversión de las guarniciones de les barcos y el asesinato de sus jefes y oficiales al comienzo de nuestra guerra de Liberación, cuando a la Patria le era la Marina más necesaria.

Si volvemos la vista al Ejército y a los esfuerzos desarrollados para minar su cohesión y disciplina, encontramos que cuanto pudiera menoscabar sus virtudes, atacar sus principios, destruir su interior satisfacción o atentar a su unión, fue siempre consigna y empeño de las logias masónicas. Ellas constituyeron el amparo de los descarriados, de los viciosos e Inmorales arrojados del seno de la gran familia militar; refugio de ambiciones sin escrúpulos, la escoria y el desecho de las instituciones castrenses fue amparado y recogido por las logias y rehabilitado por las mismas en todas las coyunturas en que la revolución masónica pudo triunfar.

Asi vemos bajo la última República aquel cínico alarde republicano, que muchos militares recordarán, en que se precisaba de "haber triturado el Ejército" y haber, devuelto al mismo, por acuerdo de las logias, a los generales, jefes y oficiales apartados de las escalas activas por su falta de honestidad y haber sido expulsados en Tribunal de honor por sus compañeros. ¿Puede presentarse una demostración más clara del atentado y el desprecio contra las instituciones esenciales para la vida de la Patria?

Entre los muchos ejemplos que tenemos de cómo la masonería incubó y desencadenó la traición en las horas, cruciales de la Nación escogemos dos que dejaron en nuestra historia honda huella y testificación colmada. Uno lo constituye el pronunciamiento de Riego con sus tropas cuando se encontraba en trance de embarcar para América, privando a las guarniciones de nuestros territorios ultramarinos de las fuerzas indispensables para sofocar la subversión que el extranjero había desencadenado: Traición que había que terminar con llevar al cadalso a aquel desdichado militar, miembro destacado de la masonería la que, posteriormente, se encargó de su triste glorificación.

Otro más reciente tenemos, y del que es testigo la generación de comienzos del siglo, cual fue la Semana Sangrienta de Barcelona, desencadenada con motivo del embarque de unos batallones para Melilla, a donde iban a reforzar su guarnición: levantamiento fomentado por las logias y en el .que apareció como cabeza visible responsable el tristemente célebre Ferrer Guardia, que, sentenciado a muerte, pagó con su vida su traición, y al que las logias masónicas europeas, con las que tenía directa relación y dependencia, pretendieron glorificar levantándole una estatua en la plaza de una ciudad de la nación belga.

Muchos son los casos de menor notoriedad que podríamos exponer, registrados al correr de dos siglos, pero que harían interminable este relato.

Si se analiza la filiación masónica de tantos gobernantes, generales y autoridades liberales del sirio pasado, se explicará mejor nuestra Historia y se comprenderá en qué manos estuvo durante muchos lustros la dirección de nuestra Patria.

Son muchos los qué no pueden comprender cómo pudo llegarse a este grado de entrega a la traición de hombres ilustrados, con crédito de patriotas; sin embargo, tiene su explicación: el acontecimiento que tuvo más influencia y precipitó la extensión en España de la masonería fue la Invasión francesa. El grupo de afrancesados que apoyaron a Napoleón y se entregaron desde el primer momento al invasor estuvo constituido por nobles y señores educados en Francia y afiliados a sus clubs.

El que, entonces destacó como patriota y leal a la Nación fue el pueblo español, el buen pueblo llano, que, rebasando a sus clases directivas, se alzó en una explosión de patriotismo , contra los Invasores, secundado por la nobleza de las provincias del interior, a donde no había llegado la influencia de las logias masónicas. La cautividad en territorio de Francia de nuestros reyes con un grupo de cortesanos y la labor sistemática llevada a cabo por las logias francesas sobre los iefes y oficiales que fueron llevados a Francia como prisioneros, y a los cuales se dejaba en libertad vigilada y se les satisfacían sus haberes si se afiliaban a sus logias, pesó durante muchos años sobre los mandos de nuestros Ejércitos.

Otra acción paralela y del mismo orden tuvo la presencia de tropas inglesas en nuestra Nación, bajo las órdenes de lord Wéllington, que provocó el que muchos jefes y aristocratas cayeran bajo la influencia de la masonería británica y que se completase la obra de asentamiento de sus logias, fomentada por Inglaterra en el litoral, y que hasta entonces se había Intentado con mediano éxito a través de cónsules, vicecónsules y representantes de Compañías extranjeras.

Gibraltar fue en este orden uno de los focos más importantes de esta irradiación masónica de la Gran Bretaña. Sus logias amparaban y recogían a los exilados de las luchas políticas, que desde entonces quedaban sujetos a su influencia. Lo acusa asimismo el que en una población tan modesta, de fisonomía Casi exclusivamente laboral, como es La Línea de la Concepción, al llegar el Movimiento Nacional se descubriese en ella la existencia de catorce logias masónicas, en las que fraternizaban en contubernio ingleses, carabineros y contrabandistas. Todo esto explica perfectamente el siglo XIX que padecimos.

Si se mira, en cambio, a la masonería desde el puntó de vista contrario, del de los que la emplearon como instrumento de su poder para anular o destruir a naciones rivales, y hacemos abstracción de lo innoble y condenable de sus procedimientos, tan semejantes a los comunistas, no podemos negarle su enorme eficacia.

Creo haber demostrado con estas líneas generales y sencillos ejemplos, la actividad de la masonería contra nuestra Patria."

 

< Volver