Autor: Medina, Tico. 
   La serenidad del príncipe     
 
 ABC.    01/11/1975.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

»» EL RUIDO

Por Tico MEDINA Y LAS NUECES

LA SERENIDAD DEL PRINCIPE

Todos. Todos los que estuvieron allí, ayer, en la Zarzuela, coinciden, desde los ministros a los fotógrafos

de Prensa habituales:

—El Príncipe estaba tranquilo, serio, sin afectación, sereno... El Príncipe de España, Jefe de Estado en

funciones, vestido de gris oscuro.

La serenidad, que es una de las virtudes fundamentales de Su Alteza. Y una de las que más necesita ahora

el pueblo español: el nuestro. Que, por otro lado, sigue acudiendo al Palacio de El Pardo, aunque a la

noche vuelve a casa, a llevar lo que tiene a mano: o su sorpresa, o su ramo de flores. O su lágrima, que

allí deposita junto a la alta verja, o su silencio.

Mientras tanto, recogiendo la definitoria frase habitual de S. E.: «Todo está atado y bien atado», las

previsiones continúan su marcha. En algún lado se dan vueltas y vueltas a unos caballos

de la remonta militar, que caminan despacio, con una brida suelta sobre el asfalto. Los soldados que los

doman para ese largo silencio, gritan a su alrededor, aplauden, para acostumbrarlos a la multitud.

Los caballos de los dieciséis armones de artillería tienen los ojos tristes. Los soldados también.

Ayer decíamos era la terrible palabra urea, la del halo dramático. Hoy, la peritonitis. Cada día hay un

fantasma más en derredor del blanco Palacio de los balcones cerrados. Doña Pilar no ve a su hermano. Se

confirma que el Jefe del Estado está tendido en una cama de hospital, dentro de una de sus habitaciones

habituales. ¿Llevará consigo el Generalísimo, en su momento, aquella formidable espada de la

Victoria, del año cuarenta, en Santa Bárbara, de Madrid, en el curso de aquel tedéum

memorable? El silencio envuelve todavía a las grandes preguntas. Esas que trae, y que quizá haga aparte

de sus respuestas, Dominique la Pierre —«Esta noche, la libertad»—, su último libro, que viene sin Larry

Collins, a presentar en un estremecedor y bellísimo documento sobre el trauma de la liberación de la

India. Llega hoy mismo. Viajará por España en avión. irá hasta Villalobillos y responderá a los

periodistas. Pero temo que en esta ocasión lo que le gustaría ser es reportero de este hecho histórico que

vivimos. Quizá lo haga mañana cuando el tiempo remanse, que es como ellos trabajan...

Las ventanas de la Zarzuela se apagan tarde, muy tarde. Hoy más que ayer, pero menos que mañana. T.

M.

 

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