Autor: Miguel y Martín, Antonio de. 
   Por una amena y risueña economía     
 
 ABC.    11/09/1960.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

POR UNA AMENA Y RISUEÑA ECONOMÍA

MUCHOS me censuran, y algunos mé amonestan, por teñir frecuentemente con tintes de broma o de ironía los más serios ,y estirados problemas de la economía andante o rampante. Otros—bienaventurados ellos—me animan y felicitan por haber encontrado alguna Vez perfiles risueños, ángulos amables y contornos amenos a los más áridos y confusos temas económicos y financieros. Estos temas que parecen inventados sólo para que un coro de afectados doctores pontifique en lenguaje oscuro y cabalístico sobre la alta finaliza y la superferolítica economía. Para estos últimos pontífices, extraer la gracia íntima de una teoría económica—y con la gracia, su verdadera sustancia—suena a tremenda herejía. Equivale, salvando la distancia del respeto, a la pedrada incivil con que los chicos de la calle desnarigan a un sanco de piedra de los que hay en los pórticos de las catedrales.

Pero yo creo, sin embargo, y más aún después de haber leído a Parkinson, que el mejor-servicio que se puede hacer a la economía y a su divulgación—que no tiene que ser necesariamente vulgar o chabacana—es "sacarle punta" a sus ideas fundamentales, buscar sus gracias y asideros donde puedan agarrarse los profanos para hacerse una idea aproximada de !os grandes y graves problemas economices que cada día se le vienen encima. Ayudarles a "hincar el diente" a los jeroglíficos económicos con que la realidad nos sorprende un día sí y otro también.

¿Es esto herejía científica? Si lo, es, a Parkinsori me acojo, porque Northcote Parkinson ha creado, para ejemplo y enseñanza de catecúmenos, una nueva ciencia económica fundada en unas leyes sorprendentes, rezumantes de sorna e ironía, que el lector podrá juzgar por sí mismo: "Los gastos aumentan hasta hacerse iguales a los ingresos." "Los impuestos son como el arsénico; en grandes cantidades matan." "La plantilla de cualquier departamento administrativo viene dada por la siguiente fórmula

2km + 1

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en la que "k" es el riúmero de empleados que buscan ascenso; "m" es el número de horas por persona destinadas a contestar minutas, y "n", es el número de unidades efectivas que son administradas." Párkinson nos enseña, además, que el crédito que • debe darse a los "libros serios" de Economía y Administración queda limitado por el hecho de que. en muchos casos, la realidad no coincide con la teoría acumulada en ellos. Y fes más real muchas veces la paradoja y la ironía con que pueden ser tratados los más graves problemas económicos.

Nadie puede ´creer que la economía gane en severidad y porte imponente a la matemática, ciencia cuya , sabiduría se asienta en la más insobornable exactitud —símbolo de la más estricta seriedad—y en la rigidez más absoluta. Porque la más poderosa y apretada recomendación fracasaría para intentar que las rectas paralelas hagan una pequeña trampa y se encuentren antes de llegar al infinito, si es que al infinito se puede llegar alguna vez; o que el beso de dos curvas "osculatrices"—en funciones de amor geométrico—pueda extenderse más allá del punto único de tangencia que se les concede. Pues bien; de mis tiempos de estudiante, cuando me debatía en lucha descomunal con las integrales y las diferenciales, recuerdo cierto librito de un tal Perrys. "El Cálculo infinitesimal, al alcance de todos", en cuya portada campeaba una sentencia, digna del templo de Minerva y que resultaba altamente tranquilizadora para los que no nos creíamos. con sobrada razón, superdotados: "Lo que quede un tonto, lo pueden mil". Y a continuación se dedicaba a cazar pedestremente, diríamos que con tiragomas, al "infinitamente pequeño" que quedaba definido, sin embargo, de una manera tan gráfica y comprensiva que a ningún estudiante se le escapaba ya el concepto, por muy rimbombante y metafísica que fuera la definición que se lucía en los libros de texto. Los tontos prácticos cazaban, más pronto que los listos teóricos, al "infinitamente pequeño".

Con mayor motivo aún que para la ciencia matemática hay para la ciencia económica—aunque para muchos siga ésta siendo un arte, sobre todo en su parte ´política—Ja necesidad ineludible de cazar y llevar al mercado del conocimiento comun todas las piezas, todas las,figuras y todos los conceptos.de la economía. Muchos de éstos—la inflación, el déficit presupuestario, la mecánica del crédito, la balanza de pagos—están ya tan trillados que resultan de conocimiento general aun para los más lerdos. Pero quedan todavía otros—el "input-output". la "contabilidad nacional", el "cálculo operacional", el "presupuesto cíclico", la "relación real de .intercambio", el "multiplicador".

la "programación lineal", etc.—que esperan , a los sagaces exégetas, a los. hábiles divulgadores que, un poco a ras de tierra, a la pata la llana, entre bromas y veras, nos digan cómo se cazan´ y con qué se guisan y comen tan raras y suculentas piezas de la moderna teoría económica.

Es harto dudoso y problemático aquel principio, cruel e infanticida, del "dómine Cabra" de que "la letra con sangre entra". Pero es irremediable y seguro de que ni la letra ni el conocimiento que aquélla pueda, representar entrarán jamás de la mano del bostezo y del aburrimiento que provocan los conceptos sobradamente´ abstractos o las ideas eminentemente confusas. Y como la economía pública va siendo cada vez más tarea y cometido de todos, es necesario también que todos conozcan sus menudillos y entresijos. Si conseguirnos adornar las teorías de "la expansión dentro de la estabilización" o de las "relaciones intersectoriales" de la "contabilidad nacional" con la suficiente e irresistible amenidad para descubrir, burla burlando, la pura sustancia de su contenido y la faceta práctica de sus fines, habremos dado muchos y muy decisivos pasos para lograr la "expansión económica dentro de la estabilidad" y para perfeccionar la contabilidad nacional". Hay una economía risueña y amena, como hay una economía agria y triste. ¿Por cuál nos decidimos? — Antonio DE MIGUEL.

 

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