Autor: Marías Aguilera, Julián. 
   El escribir y el escritor     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EL ESCRIBIR Y EL ESCRITOR

Por JULIÁN MARÍAS

En un reciente y admirable articulo en estas columna?, César GonzálezRuano ha hablado, con profundo sentido de su realidad, de "El escritor". Como contribucion al mismo tema, doy aquí un breve pasaje de mi libro "Ortega: 1. Circunstancia y vocación", que en estos días se publica en Madrid.

LA figura social de Ortega fue, tanto como la de "filósofo" o´ "profesor", la de escritor. Desde luego, fue la primera, y quizá siempre la Más relevante. Porque Ortega era "escritor", no simplemente "un intelectual que escribe". Son dos cosas bien distintas. Conviene representarse la situación española a comienzos de siglo, que no era ni con mucho la de hoy. Había entonces en España muchos "escritores"—no "grandes" escritores, que siempre son pocos, ni siquiera "buenos" escritores, que nunca son muchos—; hoy son legión los hombres que escriben, con frecuencia bien, pero los escritores escasean mucho. Y, cómo consecuencia de ello, provocan cierto malestar en una sociedad habituada a su ausencia. Ante el escritor, en la medida en que 1o es—y, sobre todo, si es además" intelectual "sensu stricto", es decir, hombre de pensamiento—, se experimenta un vago desasosiego teñido de irritación. Sería interesante precisar con rigor en qué consiste este fenómeno y cuáles son sus causas; pero nos llevaría demasiado lejos."

El "hombre que escribe" ejecuta una actividad que no constituye—ni siquiera parcialmente—su, personalidad; quiero decir que es lo que es apártente escribir; primero "es"—lo que sea—, y luego escribe. La consecuencia es que en rigor no" escribe "desde Sí mismo", sino a lo sumo, desde lo, que ha hecho, desde lo que sabe, etc. El escritor, en cambio, y aunque no sea "sólo" escritor, no tiene una personalidad separable de esta condición; se podría decir que sólo es—plenamente—escribiendo.´ Esta operación se ejecuta en él desde su centro personal; el escritor está implicado en .lo que escribe, quiero decir en su escribir, no sólo en,"lo escrito" (opiniones, tesis, etc.) Esa su presencia en la página da á ésta un carácter personal e intimo que le confiere su atractivo e intensidad, pero que al mismo tiempo es sentido por algunas sociedades como algo "impúdico" e inquietante. Adviértase que no pienso, sino más bien al contrario, en el escritor que, habla de sí mismo, hace confidencias o. exhibe su intimidad; el más reservado y tímido—"Azorín", por ejemplo—, en cuanto es "escritor", tiene ese carácter. Por circunspectas que sean sus páginas, allí está entero, "haciéndose en ellas" a diferencia del hombre que tiene su personalidad propia y ajena; y un buen día —aunque sea todos los días—se acerca a las cuartillas a escribir ciertas cosas. Ser escritor, pues, significa una cierta manera de "instalación" en el mundo — y no sólo en el mundo de las letras — , que a ménudo se hace problemática, no sólo por lo que se refiere al ambiente social, sino lo que es más grave, por lo que afecta a esa misma manera de instalación. La situación actual del escritor en España es difícil, mucho más que por un sistema de presiones inadecuado — presión excesiva y torpe donde no es debido, falta de presión donde haría falta—, por la carencia de ideas claras acerca de cuál es esa manera de instalación, lo cual lleva al arcaísmo, al mimetismo o a la caricatura tan pronto como se pierde una exigencia muy rigurosa de autenticidad.

Hacia 1900 había en España—todos lo sabemos—unos cuantos Egregios escritores que lo eran, además, extremadamente; los del 98. Pocas veces se ha dado en forma más plena la "condición" del escritor, no sólo sus calidades. Pero había, además de esa media docena de escritores geniales, algunas docenas que no lo eran que a veces no pasaban de medíanos, y que, sin embargo, cuando ahora por azar los leemos, nos producen una impresión inconfundible de pertenecer, en grados inferiores, a la misma fauna: con menos dotes, con más pobre dedicación, su menester era el mismo: animales de pluma, aunque con un plumaje descolorido o maltrecho. La inseguridad económica de los escritores. —buenos y malos-- era grande; pero cierta inseguridad es muy probablemente condición de esa especie de volátiles, al menos de su constitución y génesis, podríamos decir de su "cría". También, por supuesto; la independencia; no quiere esto decir que en ocasiones el escritor no se "venda"; pero, primero, se´ vende "después de existir", una vez que se ha hecho—independientemente—escritor; y segundo, "se" vende, es decir, ejecuta un acto independiente más, aunque sea inverecundo, y la mercancía que enajena es precisamente esa independencia que hasta el momento poseía; dicho en otros términos, que esa especie de pájaro no se cría en cautividad, y a lo sumo puede un día decidir,entrar en jaula por su pie."Es prescripción elemental del oficio de escritor—escribió Ortega, en 1927—no prestar servicio a ningún partido y evitar el apoyo inmundo de «todos ellos. Es una prescripción y no lo contrario, una pretensión que quepa tener o esquivar, (Lo inmundo, bien entendido, no es el partido, sino su apoyo al escritor. El escritor tiene que vivir sin apoyos, en el aire, intentando ilusoriamente asemejarse al pájaro del buen. Dios y al arcángel, especies ambas con plumas y régimen aerostático.)"

Sería interesante seguir las vicisitudes del escritor en la sociedad española contemporánea. Baste decir que desde la generación del 98 la especie se va haciendo menos frecuente, y cada vez más excepcionales los individuos que la realicen con plenitud, aunque hay cada vez imás hombres que escriben bien—y en algunos casos muy bien—. Por lo pronto, cada vez van siendo menos los escritores de primer orden qué son "sólo" escritores. Unamuno tampoco lo había sido, y de igual modo Ortega; pero ambos, en la medida en que eran escritores, lo eran "íntegramente" y sin compromisos, quiero decir sin atenuar esa condición con la de profesores, por ejemplo. En cuanto escritores, estabas "a la intemperie", y se movían en el mundo de las letras a cuerpo limpio y sin parapetos; por ejemplo, eran juzgados por lo que hacían" por lo que realmente escribían—, no por sus supuestas posibilidades, por lo que "podrían hacer". Ahí está, en efecto, una de las diferencias esenciales, entre el escritor y el hombre que escribe: el primero es siempre una realidad´"actual"; el segundo, que es "ya" y "previamente a escribir lo que es, puede vivir 4 "potencialidades", y en ocasiones de "no actualizarlas. Ya en la generación de Ortega empieza a ser menos frecuente plenitud de la condición de escritor partir de entonces se acentúa la téndencia que lleva a la pérdida del carácter profesional" del escritor, incluso en un mundo económico; , el escritor vive—por lo menos sustancialmente—de su pluma, y en el mercado libre, para, lo cual necesita mantener cierto volumen y calidad do producción.

Es evidente que ´la condición as "escritor", en forma estricta y profesional, sólo puede asumirse normalmente por radical "vocación". En algunas sociedades es posible que otros estímulos periféricos atraigan hacia ello y hagan posible la existencia del "falso" escritor, que lo parece por estar bien, "dotado". En España nunca ha, sido esto verosímil. Las razones para no ser escritor son tan fuertes que sólo una vocación enérgica y cierta dosis de insensatez pueden contrariarlas. Esa vocación "emerge de las más profundas raíces dé la. persona, de estratos menos levantados, pero acaso más básicos aún que los que determina la vocación "intelectual". El escritor es siempre escritor irremediablemente, movido por un impulso en que convergen su condición psicofísica y su programa vital. Si la expresión "espíritu encarnado" tiene un sentido pieriamente comprensible, es el escritor. Y por eso el estilo literario, la a en-

 

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