El nombramiento de Solís     
 
 ABC.    18/06/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

EL NOMBRAMIENTO DE SOLIS

La muerte de Fernando Herrero Tejedor no abrió para el Gobierno una situación de

crisis, porque la crisis, en terminología política válida para todos. responde

más a una discrepancia insuperable en el gabinete ministerial que a la necesidad

obligada de cubrir un puesto, una cartera.

Cuando se habló estos días —también en estas columnas— de la posible mutación de

titulares en otros Ministerios la preocupación quedaba centrada en la ocasión de

reorganizar, de reajustar, el equipo gubernamental, pero sin otro dato cierto de

crisis que no fuera la creencia o estimación particular del periodismo dedicado

al tema.

En suma, no ha habido crisis; se ha cubierto un puesto en el Gobierno o, dicho

de otro modo, el Gobierno —luego de un inevitable y breve paréntesis— vuelve a

ser pleno en su composición.

Puntualizar, abreviando, este, curso de los acontecimientos no implica, en modo

alguno, que el nombramiento de José Solís Ruiz, para suceder a Fernando Herrero

Tejedor en la Secretaría General del Movimiento, pueda interpretarse,

superficialmente, como solución de trámite o remedio de urgencia. La designación

de Solís tiene —parece claro pensarlo— muy importante significación.

No sólo por la importancia política del amplio y brillante historial de Solís —

ya en otra interesantísima época ministro en la misma cartera—, sino porque

vuelve al Consejo de Ministros para ser, al tiempo, vicepresidente del Consejo

Nacional. Y aquí, y más ahora, radica la trascendencia de su nombramiento.

En su anterior etapa ministerial, en la que asumió también el cargo de delegado

nacional de Sindicatos, fueron el ámbito del Movimiento y el anchísimo y

complejo mundo sindical las dos esferas donde se concentró, preferentemente, su

talento político.

Ahora, los problemas pendientes más decisivos, los marcados con e ello de máxima

urgencia, están comprendidos en el mismo marco: en el marco del Movimiento y del

Consejo Nacional.

En esta área de juego político deberá adoptar su actualizada configuración el

Movimiento —su cuánto de «comunión», su cuánto de «organización»— y

prácticamente en la misma, desde el Consejo, se ordena, se regula, el proceso

asociativo.

Las relevantes condiciones de negociador político que tiene José Solís, su

singular talante de hombre abierto, de persona predispuesta siempre al diálogo,

permiten pronosticar, sin apenas riesgo de error, que la línea de comprensión y

de apertura marcada por su inmediato antecesor va a continuar. Así, la desapa-

rición tan lamentable de Herrero Tejedor, no significará el fin del estímulo que

el asociacionismo merece, dentro de la constitucionalidad política del sistema y

de acuerdo con las tendencias evolutivas del país.

Subrayando la nota de urgencia que califica, este tema, nos hemos referido no

hace mucho, a la «penúltima» oportunidad de las asociaciones. Un nuevo

nombramiento ministerial no desvirtúa, por sí mismo, la premura del plazo pero

puede, de alguna manera, atenuar su gravedad si el nombramiento, como

aforfunadamente ha sucedido, tiene un signa político de firme acatamiento a lo

esencia] —las leyes Fundamentales— y de flexibilidad y comprensión hacia ¡o

derivado, lo interpretativo, lo contingente.

Este signo es el más apropiado al tiempo político actual. Es, por lo mismo, el

que mejor corresponde al espíritu del 12 de febrero que debe revitalizarse y

relanzarse. Lo apuntábamos en la triste ocasión del editorial de urgencia a la

muerte de Herrero Tejedor. Lo reiteramos hoy, al comentar el nombramiento de

Solís, porque su personalidad puede encajar sin roce alguno en todo cuanto el

espíritu del 12 de febrero significa de cara al presente y al futuro de España.

 

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