Autor: Baró Quesada, José. 
   Solís, ante Franco     
 
 ABC.    19/06/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

SOLIS, ANTE FRANCO

Más de una vez me ha honrado Su Excelencia el Jefe del Estado invitándome a

comer con él en su tienda de campaña en una jornada asturiana de pesca.

Almuerzos para mi inolvidables por el anfitrión y ñor el ambiente cordial y

sencillo que imperaba en torno a la mesa.

En el Coto de las Mesías, a orillas del río Narcea, fúe el almuerzo a que ahora

quiero referirme. Con el Generalísimo estaban su esposa y su hermana política,

doña Isabel Polo, viuda de Guezala. Otros comensales eran el doctor Federico Gil

(hermano de Vicente o Vicentón, tantos años médico de cabecera del Caudillo),

Max Borrell, acompañante de Su Excelencia en la caza y los deportes fluviales —y

en los marítimos, abordo del «Azor»—: el delegado del Ministerio de Información

y Turismo en Oviedo, profesor Serrano Castilla; el ayudante militar de servicio

—creo que en aquel desplazamiento el coronel Pagés—, Ricardo Catoira, hoy

secretario general de la Casa Civil, y José Solís Ruiz. otra vez ministro

secretario general del Movimiento.

Solís. que se hallaba a mi lado, había pescado un salmón y comentaba las

incidencias del lance. Corría el mes de mayo de 1968 y el sol anticipaba los

rigores del próximo estío. El ministro habló mucho durante la comida. Mucho y

con ingenio, con gracia, con amenidad, Franco le escuchaba y hacía a veces

atinadas observaciones a sus palabras y a la conversación general. Recuerdo bien

Que el Jefe del Estado interrumpió unos momentos su comida para explicarme,

accionando, con exquisita gentileza una lección teórica de boxeo. Una >>llave>>

a la que aludía Federico Gil y que yo, muy ignorante de ésa y de otras materias,

no acertaba a comprender.

Pero a lo que vamos. Solís hizo el gasto, como suele decirse, de aquella amable

reunión, prolongada de sobremesa unos cuantos minutos. El Caudillo se sentaba al

otro lado, en frente de nosotros. Y oía, con una leve sonrisa de cuando en

cuando, las cosas interesantes, anecdóticas, respetuosamente desenfadadas del

entonces ministro secretarlo general del Movimiento, delegado nacional de

Sindicatos y vicepresidente del Consejo Nacional o Alta Cámara Política, de la

que Franco es presidente. La simpatía de Solís, su facilidad de palabra, su

devoción por el Generalísimo quedaron muy demostradas para este modesto

periodista seguidor de tantos aconteceres oficíales.—José BARO QUESADA.

 

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