Autor: Pinta Llorente, Miguel de la . 
   Las instrucciones secretas de la Compañía de Jesús     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LAS INSTRUCCIONES SECRETAS DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS

NO conozco del Renacimiento para acá, excepción hedía de la Inquisición española, Institución humana tan sangrientamente combatida como la gloriosa Compañía de Jesús, enjuiciada con criterios tan disimiles por unos y por otros, pasmados ante una inmensa labor eclesiástica que, abrazando toda la extencion de los intereses humanos, refleja la fortaleza y el vigor sintético del poder qué la produce: la Iglesia Católica.

No se registran en la Compañía, en medio de las asperezas de la lucha, ni un titubeo, ni una fórmula retardataria, ni una incongruencía. Originariamente, la cepa es española, terruñera, con la aceptación de una portentosa disciplina y un practicismo genial que se adaptaría maravillosamente a la definición legal y teológica, y a las sútilezas de la controversia y de la diplomacia. Es clásica la tradición que hostiliza a la Compañía, enjuiciándola siempre en guisa de muñidora de toda clase de arbitrios con la intriga y el confesonario, consagrada siempre al medro de sus Intereses, defraudando a huérfanos e indigentes y heredando a ricas viudas, con quiebra de sagrados y exigentes Derechos.

En el año 1612 aparecía en Cracovia la "Mónita prlvata Societatis Jesu, procedenté, al parecer, de Padua, pasando por Viena, y vertida del español a la lengua do Horacio. Se trata de una literatura de exportación y de escándalo, dedicada a escarnecer criminalmente a la Compañía de Jesús con el barro de la maledicencia y dé la calumnia, escondidos sus editores en el más riguroso anonimato, como cultivadores de una mercancía de folicularios y de libelistas mordaces, sin exigencias éticas. y él informados exclusivamente por el odio y el sectarismo, ese sectarismo brutal y aldeano que caracteriza a las iglesias reformadas de Europa, y que ellas acusan con tanta virulencia en la comunión católica romana. A quién atribuir la paternidad de la, obra venenosa y apócrifa sino a algún "defroque", bajo las influencias del romanticismo heterodoxo, y avezado a las truculencias sensacionalistas? La referencia más antigua otorga la paternidad a Jerónimo Zaorowski, párroco dé Goddzia, otrora miembro de la Compañía´, y enemigo acérrimo de la Institución eclesiástica española. Desde el primer momentó se valora la obra como un "pastiche" de las Constituciones Ignacianas, fruto de un apóstata experto conocedor de aquel estilo, que él calca en la "Mónita generalia", del padre Claudio Aquaviva, y que en nuestro caso se convertían por arte dé una pluma encanallada en la "Mónita privata". monumento semoviente de cinismo y de liviandad Intelectual.

Ni los procedimientos Jurídicos del obispo de Cracovia ni las "intervenciones decididas del nuncio apostólico dieron resultados, fracasada la encuesta para descubrir al autor de ,las "Instrucciones". Barbier en su clásico "Diccionario" Informaba que la obra se atribuía a Jerónimo Zaorowski, Repitiendo las especies ya conocidas, sin armentos positivos que evidenciasen la pasividad del engendro. En el año 1616 ha sido, sin embargo, condenada en Roma.

per la Congregación de Cardenales del "Index", "´como falsamente atribuida a la Compañía de Jesús" y rebosante de calumnias ultrajantes y bochornosas, y en el año 1621 se registraba la "Mónita" en el catálogo de libros prohibidos. Puntualícese cómo por parte de los Jesuítas se encomendaba al celebérrimo padre Gretzer, famoso en la historia de los anales de la censura peninsular, la misión de redactar un concienzudo trabajo; es decir, una reputacion critica de las falsas "(´Instrucciones", obra felizmente editada en el año 1617 y dividida en tres libros, dónde se acusaban las calumnias vertidas en el li-

belo difamatorio, con el contraste y discusión de los testimonios acumulados contra la Compañía, brindados por el anónimo autor como piezas justificantes de sus asertos, denunciándose lógicamente por el padre Jesuíta su categoría de anónimo sin valor, que el eminente erudito calificaba con la frase de "testimonium sine texte". Más o menos lentamente fueron sucedíéndose las ediciones de las "Instrucciones", dándose por los enemigos de la Compañía diferentes interpretaciones sobre el origen "indiscutiblemente" jesuítico del libelo, señalando haberse encontrado manuscrito en los colegios de la Compañía despojados por los protestantes, mientras vindicaban otros el precioso hallazgo, ya en una venta de libros en Amsterdam o en los archivos de Glatz, con la elaboración de la leyenda de

Paderborn, que señala a Christian, duque de Brunswick, apoderándose de la ciudad y entrando a saco en el colegio de la Compañía. Entregados la biblioteca y los archivos a los padres capuchinos, eran originariamente descubiertas las "Instrucciones", de corte y estilo Jesuíticos. Pero... La Historia quiere saber—escribieron los clásicos—, y una investigación rigurosa determinaba efectivamente la existencia de un duque de Brunswick apoderándose de Padernborn y del colegio de los padres de la Compañía en el año 1622, con las siguientes conclusiones. Las "Instrucciones" habían aparecido en el año 1612, es decir, diez años antes de .haber sido descubiertas por vez primera en Padernborn.

No era precisamente el autor anónimo un compilador indigesto y adocenado, sino un "pamphletaire" falsario, poniendo a contribución como auténtico libelista el peso de la tradición protestante, con todas las pelladas de fango arrojadas contra la Iglesia y la Compañía. Es asi la "Mónita" una decantación de imputaciones calumniosas, tan desaforadas a veces y tan desbordantes que ni la gramática parda del secretario florentino ni las "mazzarinadas" pudieran ponerse en comparación valorativa con las especies delirantes de las "Instrucciones" secretas de los Jesuítas, Baste decir, en confirmación del aserto, que ni el heresiarca Paolo ni el genio de Pascal se aprovecharon en su campaña contra la Compañía de los textos de la "Mónita", despreciando las exorbitancias puestas en circulación por el odio y las pasiones desmandadas del sectarismo, considerándola como obra apócrifa y libelo calumniador. Ni el jansenismo en sus "Nouvelles" aceptó la burda patraña, y las exégesis del doctor Paulus, de Dallas, o del profesor de Munich, Hubert, hace tiempo que enterraron, con todos los honores la "Mónita Societatis Jesu", enjuiciándola como inauténtica y sin vigencia.

En el año 1759 abandonaban los jesuítas Portugal, y en 1764 eran proscriptos de Francia por Luis XV y el Parlamento francés, iniciándose en "Mercurios" y "Gazetas" la campaña inaudita contra la Compañía, tildándola de dimisión y de heterodoxia, con la pretensión al parecer, por parte de los jesuítas españoles, de trasladarse a Inglaterra y constituir en la patria de la Biblia y del Derecho una Compañía reformista adscrita al Renacimiento metodista de Wesley o a las pautas latitudinarístas. Para ello habla ya varado en la capital británica el padre De la Valette, conocido allí con el nombre de M. Duelos, mientras los Jesuítas hispánicos se dedicaban a realizar la transferencia de sus caudales desde Cádiz a Genova y a Londres para formar en la Oran Bretaña la Compañía reformada de Jesús, con la abjuración de la dogmática ortodoxa.

En 1767 eran brutalmente desterrados de España, y al año siguiente Parna Imitaba el ejemplo de las Cortes borbónicas.

Sócrates decía que ninguno conoce tan bien la dureza del pedernal como el que le hiere...

P. Miguel DE LA PINTA LLÓRENTE

 

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