Autor: ARQUERO. 
   Esperando al Banco Mundial     
 
 ABC.    23/03/1961.  Página: 46. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ESPERANDO AL BANCO MUNDIAL

Hay una obra de teatro, de autor moderno, que se titula "Esperando a Godot" Gociot es un ser quizá trascendente, invisible y mudo, cuyo advenimiento aguardan los personajes en la angustiada perplejidad de vivir´ en este desconcertante lugar que es el mundo. Pues bien; España, durante algún tiempo, ha representado una función dramática que bien pudiera titularse "Esperando al Banco Mundial".

Ya están en España los mensajeros, economistas y técnicos encargados de emitir el informe definitivo sobre la economia española. Godot sé pone el delantal y se prepara a cocinar el plato fuerte do sus dones inmediatos, que, por el momento, será un plato fuerte de consejos, con seguridad excelentes. ´ Tal es el punto que han alcanzado las relacionas de España con el Banco Mundial desde el ingreso del país en la Institución, el 15 de septiembre de 1958. No puede decirse que haya sido un galope desatentado en una época que tiene puestos vehículos en el espacio, camino da los planetas.

Parece ser que se cuenta con el Banco Mundial para trazar un Plan de Desarrollo que el país necesita con urgencia, cuando ya llevamos más de año y medio de estabilización. ¿Por qué hace falta el Banco Mundial para este menester? No será—creemos—por razones de insuficiencia técnica española en materia económica, y menos aún en la construcción de las obras de infraestructura hacia las cuales suelen orientarse los fondos del Banco, tales como energía, transportes, regadíos, pues nuestros ingenieros tienen, en esta clase de trabajos, tanta experiencia como otros y, en algunas de ellas—regadíos sobre todo—, los modestos títulos que da el haber construido más presas y canales de riego que cualquier nación de Europa.

Sin embargo, es muy verdad que nos conviene buscar para nuestros planes el aval de los dictámenes internacionales, no tanto porque sean mejores o peores cuanto porque el valor intrínseco -de las ideas tiene poca importancia al lado del valor de cambio que les confiere, ante la estimación general—nunca desdeñable—, el nombre de quien las declara o las suscribe. Y es el caso que las ideas españolas —buenas o malas—, como la peseta, no han alcanzado aún la fase de la convertibilidad.

Por otra parte, el Banco Mundial no sólo da consejos, sino que dispone de fondos de préstamos. Por tal motivo, quizá se haya pensado que el Plan de Desarrollo español no puede ser el mismo si "se cuenta con ciertos aportes; extranjeros de Capital que si faltan estos aportes. En el segundo caso habría que encoger las ambiciones o—en otra tesitura—echar mano de un dinero no ortodoxo, según el diverso modo de entender tan grave cuestión por parte de los planificadores.

Y aquí vienen a cuento ciertos antecedentes del Banco que acaso, puedan orientarnos acerca de sus proyectos relativos a España. Según los datos que poseemos, el Banco ha prestado alrededor de un tercio de sus fondos puestos en juego para energía eléctrica; otro tercio para mejorar los transportes; el tercio restante se distribuye entre agricultura e industria básica (producción de acero sobre todo) y otras atenciones generales de desarrollo.

No cabe duda de que España necesita con urgencia mejorar sus carreteras y ferrocarriles, por ejemplo, y hay mucho que hacer en todo el campo de la infraestructura. Pero quizá se presente alguna dificultad práctica para la inversión de los préstamos del Banco si éstos se aplicaran, con demasiada rigidez, conforme a la práctica dé la Institución, a financiar el costo de las importaciones necesarias para realizar las obras, quedando los gastos en móneda local a cargo del prestatario. La dificultad, por, extraño que parezca, podría consistir en que la fórmula quizá no le venga bien a España o tan bien como a ´otros clientes del Banco, porque España necesita hacer muy poca importación en obras de infraestructura (tal vez con la excepción de traviesas para ferrocarriles). Se produce aquí, en efecto, el material" empleado, como cemento y acero, y gran parte de las máquinas, incluso locomotoras, parte del equipo eléctrico da las centrales, de energía, etcétera, y la industria propia, no está sobrada de pedidos. En este momento lo que falta más no son divisas para hacer importaciones (decimos en e1 momento, aunque las divisas sean siempre decisivas y puedan volver a ser preciosas): lo que falta con urgencia es capital fresco y sano para revitalizar el circuito económico nacional. Faltan, en realidad, pesetas.

Es posible que este aspecto de la cuestión haya hedió más necesario el contar con el Banco no para tales o cuales obras determinadas, lo que hubiera sido más, sencillo, fino para una acción de conjunto, y de ahí la necesidad de su intervención en el Plan de Desarrollo.

La idea de esta experiencia del Banco Mundial es seductora. Contemplada desde este ángulo, su ayuda adquiere una perspectiva más grandiosa y se Je ofrece a la Institución la oportunidad de alcanzar en España un éxito ejemplar capaz de servir de modelo de lo .que puede hacerse dentro de los esquemas economicos y políticos de Occidente. En efecto, las condiciones particulares de este país, en el umbral del pleno desarrollo, brindan la posibilidad de una transformación espectacular en muy pocos años, y esto—de no faltar las ayudas necesarias—sin romper con los presupuestos técnicos de la estabilización.

Si esta ocurrencia que formulamos como razón del parsimonioso cuidado y de "la evidente atención con que el Banco lleva el asunto de los préstamos a España tuviera detrás una sólida realidad de propósitos y de hechos, la espera de Godot sería recompensada, efectivamente, con otro milagro económico.—

ARQUERO.

 

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