Un programa para la apertura     
 
 Informaciones.    05/01/1974.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

UN PROGRAMA PARA LA APERTURA

HOY cumple treinta y seis años don Juan Carlos de Borbón y Borbón, Príncipe de

España, sucesor a título de Rey en la Jefatura del Estado. Hay nace a la vida

pública española un nuevo Gobierno: el Gobierno Arias Navarro. Dos noticias:

humana, la primera; política, la otra, que hablan las dos del futuro más próximo

español. Un futuro, digámoslo claramente, con continuidad y apertura.

Cuando hace quince días el país se estremeció con las noticias sobre el atentado

contra el almirante Carrero Blanco, presidente del Gobierno, nadie podía

imaginar que don Luis, con el alto e inestimable precio de su vida, iba a rendir

un último servicio a España: poner a prueba la serenidad y madurez política de

un pueblo que en situación trágica supo reaccionar de manera admirable.

Es esta misma madurez cívica y política, puesta de relieve también por el Jefe

del Estado en su mensaje de fin de año, la que justifica, alienta y promueve el

que parece primordial objetivo del Gabinete Arias: la participación política del

pueblo en las tareas de Gobierno, tal y como ha sido proclamada ayer por el

propio presidente en su primer discurso ante la nación en calidad de jefe de

Gobierno.

El Gabinete Arias ofrece muy marcadas características propias que le diferencian

de otros anteriores. Es un Gobierno solidario, sin quiebras internas, con

propósitos comunes, sin anclajes en grupos ajenos ni influencias de presiones

más o menos sectarias. Nace como un Gobierno fuerte, que en su primera

declaración hace apelación a la serenidad del que manda y a la protección y

desarrollo de las libertades de los españoles. Habla como un Gobierno mesurado,

sin metáforas ininteligibles ni promesas indiscriminadas, con realismo, sin

gritos, con sencillez. Es un Gobierno firme, con ancha base política y dispuesto

a ensancharla cada día más, utilizando las vías de la participación. Es un

Gobierno abierto y solicitante de la crítica de la Prensa, conocedor del valor

de la opinión pública, dispuesto a trabajar a la luz del día y de los medios de

comunicación social. Estas cualidades, la popularidad probada del señor Arias

Navarro, al que los madrileños reconocen unánimemente como un buen alcalde, las

fundadas esperanzas en la eficacia de su gestión, hacen, además, posible que se

presente a los ojos de los ciudadanos como un Gobierno civil y civilizado, de

hombres modernos, abiertos al diálogo y, si se nos permiten, ambos

calificativos: conservadores, pero liberales.

La Prensa extranjera, quizá influenciada por los dramáticos acontecimientos de

hace dos semanas, quizá no suficientemente conocedora de la historia política de

España, había vaticinado, y sigue en cierta medida haciéndolo, un regreso al

pasado —a los años cincuenta—, una vuelta de tornillo a la derecha y un parón

general en el proceso político español. Permítasenos decir que no ha habido por

el momento un solo gesto del nuevo Gobierno ni de su presidente en que poder

basar semejante afirmación y sí muchos signos en contrario; y que la composición

del actual Gabinete permite pensar en que se van a abandonar los viejos mitos

del desarrollismo y los viejos hábitos tecnocráticos para abordar seriamente y

sin demagogias un proceso de apertura, con toda la moderación y prudencia que

sean precisas, pero con toda la autenticidad y realismo que las circunstancias

exigen.

Nace el Gobierno Arias en momentos difíciles, y tiene aún más valor por eso que

se presente a la opinión como un Gabinete ponderado y sereno. Solamente hemos

encontrado en la primera declaración programática del nuevo equipo cierta

ambigüedad en lo referente a la política exterior. Pero las circunstancias en

que el Gobierno ha sido creado, la urgencia con que ha sido hecho y la

abrumadora cantidad de problemas con que ha tenido que enfrentarse desde el

primer día justifican sobradamente este y otros vacíos. Las relaciones

internacionales de todos los países atraviesan además momentos especialmente

delicados y es lógico tomarse un tiempo —que deseamos no sea largo— para definir

las líneas de la diplomacia española.

El Gabinete Arias, en suma, no es un Gabinete más. Su intento es claro:

reconocer jurídicamente la mayoría de edad política de los españoles, puesta a

prueba en nuestro más reciente pasado. Y sentar las bases sólidas de un futuro

estable y democrático para nuestro país, por los cauces de la legalidad y el

realismo.

 

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