Reacción en la Prensa. 
 No se esperaba un relevo tan amplio     
 
 Blanco y Negro.     Páginas: 2. Párrafos: 27. 

NO SE ESPERABA UN

LAS reacciones de la Prensa diaria ante la composición del nuevo Gobierno

reflejan en su variedad y discrepancia una cierta confusión inicial. Nadie o

casi nadie esperaba tan elevado número de sustituciones ni ciertas

sustituciones. En las horas que siguieron a la toma de posesión de los ministros

y a la concisa declaración de programa formulada per don Carlos Arias Navarro se

despejaron un tanto las neblinas del amanecer. A la hora de recoger aquellas

opiniones ya nadie duda de que el nuevo Gobierno ha nacido de un objetivo

fundamental: constituir un verdadero equipo, disciplinado y orientado hacia la

actuación unánime, con sacrificio incluso de las iniciativas particulares de

cada Departamento.

El muestrario de opiniones aparecidas en la Prensa es ilustrativo.

«A B C», en un editorial del día 4, dice:

«No se ha cumplido en la formación del nueve Gobierne un principio de

continuidad que parecía aconsejar, por razones de prudencia política, un cambio

ministerial más reducido.

El tiempo dirá si la estrategia seguida fue la más hábil y oportuna o si se

perdió, a lo mejor, una magnífica ocasión de mantener finalidades y programas

respaldados por la experiencia y la meditación seria de prestigiosos equipos de

Gobierno.

Sin embargo, los hombres nuevos llamados al Gobierno —José García Hernández,

Pedro Cortina Mauri, Antonio Valdés y González Roldan, Alfredo Santos Blanco,

Mariano Cuadra Medina, Nemesio Fernández-Cuesta, Pío Cabanillas GaIIas, Antonio

Carro Martínez, Luis Rodríguez de Miguel, Alejandro Fernández Sordo y Joaquín

Gutiérrez Cano— tanto por sus cualidades personales como por el brillante

historial politice de servicios al país de todos ellos, suscitan hoy, como es

lógico, las mayores y más legítimas esperanzas. El país ha superado una crisis

muy grave. Las instituciones y el pueblo han respondido de modo ejemplar.

Continúa la historia y hacia el Gobierno nuevo se dirigen los deseos populares

de máximo acierte en la enorme responsabilidad pública que acaba de asumir.»

Luis Apostúa, comentarista político de «Ya», deja entrever algunos pormenores de

trámite y solución de la crisis al decir:

«Una vez elegido presidente don Carlos Arias Navarro aceptó el cargo con todas

sus consecuencias, pero lo aceptó para ejercerlo en primera persona. Con ello

exigía —implícita o explícitamente— una gran crisis para hacer «su» Gobierno, no

para heredar un cargo ni un equipo.

Según ilustres mentideros de esta villa y corte, el problema no estuvo resuelto

hasta mediodía del jueves. Se dice también que el señor Barrera de Irimo, ahora

ascendido a vicepresidente segunde, apostó también todas sus cartas a esa

solución total. Una vez aceptada la tesis de la gran crisis, la nómina del

Gobierne estaba hecha y el vicepresidente primero intervino también.

La consecuencia es que ya no cabe la menor sombra de duda de que don Carlos

Arias Navarro ha asumido la plenitud de sus funciones legales. Y lo hace no sólo

en las áreas del Gobierno, como es propio, sino que «ha enseñado los dientes» a

los extremistas de una y otra banda.

Para obtener ciertas explicaciones de fondo es menester remontarse al Gobierno

de octubre de 1969. En esa combinación, por vez primera en la vida del Régimen

se inauguró la técnica de Gobierno homogéneo o monocolor. En aquel entonces se

pensó que el Régimen quedaba mejor servido bajo una batuta, amparado bajo una

personalidad dominante que con ministros llegados de distintas familias y con

disciplinas escasas. Así, don Laureano López Rodó protagonizó la crisis, pero no

llegó a ejercer el mando.

Ahora la lección, a mi entender, ha sido llevada a sus consecuencias lógicas: un

presidente y un equipo como unidad expresamente solidaria, voluntariamente

compactada.

Hombres muy combatidos por aquel Gobierno han llegado ahora al poder y se

disponen a ejercerlo con todas sus consecuencias.»

«Nuevo Diario» analiza la personalidad pública de los nuevos ministros en los

siguientes términos:

«Un somero y veloz examen de la personalidad de los once nuevos ministros puede

dar una idea clara de su probada capacidad. El vicepresidente primero acreditó

dotes de mando en el desempeño del cargo de gobernador civil. Es un profundo

conocedor de las Corporaciones Locales, por la experiencia adquirida en la

Dirección General de Administración Local con don Camilo Alonso Vega, brillante

parlamentario, presidente de la Comisión de Presupuestos de las Cortes, abogado

del Estado y consejero nacional del Movimiento por Guadalajara. El ministro de

Asuntos Exteriores ocupa su cargo después de cuarenta años de servicio en la

carrera diplomática, en cuyo escalafón ostenta el número dos, fue subsecretario

d e I Departamento durante la etapa de Castiella y desde hace ocho años

representaba a España en Francia; es, además, catedrático de Derecho

Internacional y hombre de extraordinario prestigio intelectual, universitario y

diplomático. El ministro de Obras Públicas presenta una eficaz,

ejecutoria profesional como ingeniero de Caminos, habiendo sido delegado de

Circulación y Transportes en el Ayuntamiento de Madrid y consejero delegado de

Renfe desde el pasado mes de julio.

El nuevo ministro de la Presidencia ha sido jefe del Gabinete de Estudios de la

Reforma Administrativa con López Rodó y secretario general técnico del

Ministerio de la Gobernación con don Camilo Alonso Vega. El ministro de

Industria, un economista, ha sido presidente del Sindicato del Seguro y

secretario general técnico del Ministerio de Trabajo con Romeo Gorría, y era

actualmente presidente de las Minas efe Almadén. El ministro del Aire era jefe

del Estado Mayor del Aire y posee una brillante hoja militar de servicios, que

le valieron la medalla militar individual y las grandes cruces del Mérito

Militar, Naval, Aeronáutico y de San Hermenegildo. El nueve ministro de

Comercio, con una dilatada experiencia en el comercio exterior, fue ya

subsecretario del Ministerio con Fontana Codina, ocupó puestos relevantes en el

Banco Exterior y recientemente el de subgobernador del Banco de España, y es

hombre muy querido en Hispanoamérica por su fructífera labor en el

acrecentamiento de los intercambios con esas naciones hermanas. El ministro de

Información y Turismo ha sido también subsecretario de este Ministerio y es

procurador familiar por Pontevedra, notario, registrador, buen jurista y hombre

de acción, y formaba parte del Consejo del Reino. El ministro de la Vivienda

pasa a ocupar este cargo desde la Subsecretaría de la Gobernación, cargo que

había ejercido ya durante más de trece años con don Blas Pérez, con don Camilo

Alonso Vega y últimamente con don Carlos Arias Navarro, y al que había llegado

después de ser director general de Correos. El ministro de Relaciones Sindicales

ha sido anteriormente delegado nacional de Prensa del Movimiento con Solís,

director general de Prensa con Sánchez Bella y con Liñán y secretario general de

la Organización Sindical con García-Ramal y era también consejero del Reino. El

nuevo ministro de Planificación del Desarrollo, además de su condición de

diplomático, que le había llevado últimamente a desempeñar el cargo de embajador

de España en Japón, ocupó importantes puestos en el mundo económico y financiero

internacional, especialmente como delegado de España y otros países europeos en

el Banco Mundial.»

Para «Informaciones», lo más señalado es la coherencia del nuevo equipo:

El hombre de la calle prefiere, con arregle a una lógica tan elemental como

sabia, que los problemas sean afrentados por un Gobierno unido, coordinado y

cohesionado alrededor de la figura de su presidente. Carlos Arias tiene «fama»

de hombre enérgico y eficaz. Escasas posibilidades tiene este Gobierne de darse

a la divagación o la disensión intestina. Está compuesto por hombres competentes

en sus respectivas esferas de influencia, y cuya mejor característica de cara a

la opinión pública —y al bien de todos— es que «saben perfectamente lo que

quieren hacer». Y, a mayor abundamiento, esa «claridad política» que el nuevo

Gabinete ofrece al observador menos avisado se ve reforzada con los tres

«superministros», que darán coordinación a la política abstracta, a la economía

y las finanzas y a las relaciones laborales. Los tres pilares de todo buen

Gobierno.

Con nuestro más noble reconocimiento a todos los políticos que abandonan el

anterior Gabinete, es obligada la satisfacción que suscitan los recién

incorporados. El Gobierno que hoy se inaugura tiene la virtud de la solidez. Ni

en él aparecen figuras carismáticas ni de él caben esperar espejismos ni vanas

promesas. De la norma programática que todos esperamos se desprenderá, sin duda,

una política bien perfilada y la seguridad de que se llevará a cabo sin

vacilación ni improvisación. Lo que el país precisaba para recobrar pulso y

confianza.»

Con el título de «La sorpresa del nuevo Gabinete Arias», «La Vanguardia» dice:

«Por primera vez desde el final de la guerra, el «staff» dirigente del Gobierno

español está formado íntegramente por civiles. Don Carlos Arias Navarro, primer

civil que accede a la Jefatura del Gabinete, ha optado por tres vicepresidentes

también civiles, de los cuales dos son abogados del Estado (don Licinio de la

Fuente y don José García Hernández), y uno inspector del Timbre (don Antonio

Barrera de Irimo).

Es la primera vez que en el país hay más de un vicepresidente y también es la

primera vez que la vicepresidencia está fuera de la órbita militar, ya que desde

1962, habían desempeñado los números dos en el escalafón del Régimen, los

capitanes generales, don Agustín Muñoz Grandes y don Luis Carrero Blanco.

De los 19 ministros nombrados, ocho pertenecían al gabinete del almirante

Carrera Blanco y dos del anterior Gobierno (don Licinio de la Fuente y don

Antonio Barrera de Irimo) ascienden a la vicepresidencia. En cuanto al

vicepresidente primero, don José García Hernández está unido a don Carlos Arias

por una estrecha amistad y desde hacía setenta y dos horas sonaba como seguro

ministro.

En una primera impresión.

de urgencia habría que destacar que con los nombramientos de hoy ha terminado la

etapa que se inició con la llegada de don Alberto Ullastres en 1957, y con la

sucesiva promoción del ministro del Plan de Desarrollo, don Laureano López Rodó.

La desaparición del ex ministro de Asuntos Exteriores, perteneciente al «Opus

Dei» y la de sus colaboradores promocionados, parece que abre una nueva etapa en

el Gobierno del país.

El señor López Rodó, de cincuenta y tres años, había estado presente en la vida

política española desde 1956, en que fue nombrado secretario general técnico de

la Presidencia del Gobierno. En los últimos diez años ha sido uno de los

ministros más influyentes en la política del país.»

En crónica desde Madrid, Manuel Pombo Ángulo escribía al día siguiente en el

mismo periódico:

«Hubo Gobiernos falangistas; los carlistas parecían tener reservado un puesto de

honor en todos —hábito que se rompió en el anterior al hoy nombrado; don Antonio

María Oriol fue el último «boina roja», con su medalla militar y su tradicional

lealtad, que ocupó un cargo ministerial—; hubo Gobiernos que se llamaron de

centro y también, con respetuoso humor, «de la santa casa»; hubo Gobiernos en

los que los simpatizantes con el «Opus» eran notorios, y alguno, como el señor

López Rodó, por quien el pueblo sentía un cariño respetuoso, que no negaban su

condición de confesionales. En realidad, huyendo del régimen de los partidos,

caímos en la hegemonía de! partido. Se vivieren tiempos en que un abrazo

de/Girón equivalía al inmediato convite a tres cenas políticas, cuando Girón te

abrazaba —¡y cómo te abrazaba!— porque luchó contigo y te quería. Después, una

sonrisa de ese gran caballero que es Alberto Martín Artajo convocaba en tu torno

a una serie as aspirantes a una temporada en el extranjero con cargo al

ministerio. Hubo Gobiernos de concentración. Pero siempre se sabía que este

ministro era así o asá. El Gobierno era Falange, o «santa casa», u «Opus Dei»,

para el pueblo.

Por primera vez el pueblo se encuenta con un Gobierno al que no sabe ponerle

etiqueta. Esto ha causado general satisfacción.»

En «El Alcázar», Lucio del Álamo enfoca:

«Tiene el Gobierno tres vicepresidentes, cuyos titulares desempeñan, a la vez,

carteras ministeriales. No especifica la ley Orgánica funciones del

vicepresidente —o «vicepresidentes», porque e texto legal emplea el plural sin

limitar el número— que no sean las de sustitución en ausencias o enfermedades

¿Habrá, además, para cada vicepresidente tareas de coordinación de carteras

dentro de su especial faceta política económica o social? Es, sin duda,

relevante que el primer vicepresidente lo sea e ministro de la Gobernación y que

uno y otro cargo lo desempeñe José García Hernández, una mano firme, un jurista

relevante y un parlamentario impresionantemente te suasorio. Creo que los

observadores políticos tendrá ocasión de volver muchas veces sobre este nombre y

su función. Ya en lo anecdótico acaso sea de interés apunta que Cruz Martínez

Esterualas es el primer ministro de Educación del Régimen que no pertenece al

escalafón de catedráticos —don Miguel de Unamuno decía, con más aparente

reverencia, «su majes tad el catedrático»— y que en cambio —creo que tambien por

primera vez— haya un diplomático de la carrera en el despacho rector de palacio

de Santa Cruz.»

 

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