Cabanillas y Barrera. 
 Por qué se fueron     
 
 Cambio 16.    11/11/1974.  Página: 10-16. Páginas: 5. Párrafos: 27. 

este país.

CABANILLAS Y BARRERA

Por qué se fueron

"Pío Cabanillas, el ministro de Información y Turismo que había dado a la prensa

su mayor libertad en los últimos cinco años, fue destituido en un importante

reajuste ministerial hacia la derecha. El Gobierno retrasó el anuncio oficial

porque el reajuste había creado tensiones sin precedentes."

Con este lead, Henry Giniger, corresponsal del "New York Times" en Madrid,

informaba el martes a los lectores norteamericanos de lo que había ocurrido en

España el 29 de octubre, en que se conmemoraba el XLI aniversario de la

fundación de la Fanlange Española por José Antonio Primo de Rivera.

El día había amanecido frío y los meteorólogos anunciaban ligeros chubascos.

Disminuía el frente frío que había entrado el día anterior por los Pirineos.

Francisco Labadíe Otermín, consejero nacional por Asturias, había dado ya los

retoques de última hora al discurso que tenía que pronunciar aquella mañana en

el Palacio del Consejo Nacional del Movimiento. Ciertas filtraciones habían

informado que pintaban bastos. Al retiro de Labadíe en el hotel Eurobuilding

habían ido llegando sugerencias y el discurso se había acomodado ya a las

circunstancias.

El Consejo

Poco antes del mediodía, el coche blindado del Jefe del Estado llegaba a la

Plaza de la Marina Española. A su lado, el Príncipe de España, de paisano.

Franco, con excelente aspecto, rostro bronceado, salió con rapidez y facilidad

del coche. De paisano pasó revista a las tropas que le rindieron honores y

saludó al presidente y al gabinete. El hueco de Pío Cabanillas entre los

ministros de Comercio y Vivienda, pasó inadvertido en el rápido saludo, pero era

visible, ya dentro, en el salón del Consejo Nacional, en el banco donde se

sentaba el Gobierno casi en pleno.

Cuando Labadíe comenzó a hablar y era interrumpido en el primer párrafo de su

discurso al decir que se estaba observando en España cómo "se busca destruir la

legitimidad de la Victoria creadora del Estado nacido del 18 de Julio de 1936",

refiriéndose a la subversión del orden institucional y destrucción del Estado

como "objetivo principal de todos los conspiradores", la noticia había corrido

por las redacciones de todos los periódicos. Ni Pío Cabanillas ni su

subsecretario, Marcelino Oreja, estaban en el Consejo Nacional en el acto

conmemorativo.

Los antecedentes

Poco antes, a primera hora de la mañana, Pío Cabanillas había reunido a sus más

inmediatos colaboradores y les había dicho que el presidente del Gobierno le

había comunicado el día anterior, lunes, 28, su cese como ministro de

Información.

Hasta última hora y especialmente durante la semana anterior, en que el señor

Cabanillas se encontraba de viaje por Oriente Medio, parecía posible, según los

observadores, que se hubiera evitado el cese. El jueves, Pío Cabanillas estuvo

escasos minutos en la reunión de Presidencia, a la que llegó convencido de que

era inminente el reajuste.

Al día seguiente, viernes, el Consejo transcurrió con normalidad en el Palacio

de El Pardo y se aprobaron las nuevas medidas económicas. Durante varios días el

Jefe del Estado había recibido en audiencia a algunos ex ministros, que le

habrían dado un balance de la situación política según sus particulares puntos

de vista.

Pero la reunión del gabinete transcurrió con cierta placidez, ya que lo único

polémico (el plan voluntario de austeridad) estaba ya elaborado en las reuniones

que había tenido el señor Barrera con los ministros económicos.

La petición

El mismo viernes, terminada la reunión gubernamental, el Jefe del Estado, según

ciertas informaciones, habría pedido al señor Arias Navarro un reajuste en el

Ministerio de Información. Desde hacía meses y desde determinadas zonas del

poder se venía insistiendo en el "desmadre informativo". El propio Emilio

Romero, consejero nacional y director del diario "Pueblo" decía tener un

"dossier" de la apertura informativa" del Ministerio Cabanillas.

Aquel viernes por la tarde, aunque el señor Cabanillas no habló con los

periodistas en la referencia del Consejo, ya que el protagonista invitado fue el

ministro de Hacienda, para explicar las medidas económicas, la crisis parecía

superada.

La decisión

Setenta y dos horas después y especialmente el lunes, que precedió a la fecha

conmemorativa, el reajuste parecía inevitable. El acto del Consejo Nacional ("yo

proclamo aquí con energía —decía Labadíe— dos verdades políticas que no estamos

dispuestos a someter a debate ni a consideración electoral: que ganamos una

guerra para construir un nuevo Estado que transformara revolucionariamente unas

estructuras sociales y económicas insoportables y que defenderemos con uñas y

dientes la legitimidad de una victoria que es hoy patrimonio del pueblo

español") había durado apenas una hora y el discurso de Labadíe había sido

interrumpido en varias ocasiones con aplausos, al tiempo que el Jefe del Estado

era aclamado con gritos de "Franco, Franco, Franco".

Antonio Barrera, ministro de Hacienda y vicepresidente segundo del Gobierno, que

había permanecido pensativo durante toda la sesión, hizo un aparte con el

presidente del Gobierno. Parece que horas antes había hablado con Pío Cabanillas

y trasladaba al presidente su deseo de no seguir en el Gobierno en solidaridad

con el ministro de Información. Como responsable del Gobierno, Arias tenía que

trasladar la decisión al Jefe del Estado.

La audiencia

Durante el almuerzo del lunes entre Pío Cabanillas y Barrera, el ministro de

Hacienda, que durante todo el día estaría ilocalizable, ya que por la mañana

había avanzado a sus colaboradores cuál iba a ser su actitud, da cuenta al de

Información de su postura. ´Se insiste en que la opción de Barrera es

exclusivamente personal y que no quiere con ella comprometer ningún tipo de

lealtad.

Antes de su audiencia con el Jefe del Estado, fijada para las siete y media de

la tarde, el presidente del Gobierno permanece en su despacho trabajando. La

audiencia en El Pardo parece que dura poco menos de una hora y cuando el señor

Arias se reincorpora a su despacho de trabajo en Castellana, 3, ya ha sido

avisado Rafael Cabello de Alba, cuarenta y nueve años, abogado del Estado y

hombre ligado a Juan Sánchez Cortés. Cabello de Alba sale de las Cortes, a donde

han ido a buscarle, y se entrevista con el presidente del Gobierno.

Los Tácitos

Las últimas luces de la presidencia se apagan aquel martes poco después de las

nueve y media de la noche. Cuando aún no es oficial el reajuste en los dos

Ministerios y se preparan a marchas forzadas los seis decretos que han de ir a

la imprenta del "Boletín Oficial del Estado" aquella noche.

Cuando el presidente se traslada a su residencia de "Casa Quemada", Madrid es un

hervidero de rumores. El grupo "Tácito", al que pertenecen varios subsecretarios

y directores generales, en una primera reunión de urgencia, parece que ha

recomendado a los componentes del grupo su retirada del "establishment".

Según ellos, el discurso del Consejo Nacional ante todo el Estado ("creer como

algunos pretenden que la solución a nuestros problemas de participación política

del pueblo en las tareas del Estado se resuelven con el simple expediente de

reimplantar las formas liberales que aliadas con el comunismo nos costaron

una guerra, es necio y suicida. El asociacionismo político es sólo un aspecto

del desarrollo político de las Leyes Fundamentales, que nos han de conducir a

una auténtica democracia social") y el reajuste no deja ya lugar a dudas. El

giro a la derecha del que aquel mismo día son informados puntualmente los

lectores de toda Europa no ofrece para los "Tácitos" la menor duda.

La confirmación

La noticia la han dado fuera de España todas las agencias internacionales y

dentro, sólo Europa Press la mantiene sin anular, a la espera de la

confirmación. La agencia oficial Cifra y la Radio y la Televisión guardan un

absoluto silencio. A las diez de la noche comunican telefónicamente a Barrera

que su dimisión aparecerá el miércoles en el "Boletín" y que le sustituirá

Rafael Cabello de Alba.

A Información, según parece por influencia de José García Hernández,

vicepresidente primero del Gobierno y ministro de la Gobernación, que podría

haber desempeñado un papel clave en los nombramientos de última hora, iría León

Herrera Esteban, cincuenta y dos años, de extracción tradicionalista,

subsecretario del Ministerio de la Gobernación y antiguo colaborador de Manuel

Fraga Iribarne en Turismo. Son las dos de la madrugada cuando llegan a las

agencias las galeradas del "Boletín". Es la confirmación.

La ratificación

El día siguiente, miércoles 30, el presidente del Gobierno aprovecha su visita

oficial a Burgos para declarar públicamente que "el desarrollo político que

propugnamos es, precisamente el camino abierto para alcanzar (...) el objetivo

de la política del Régimen (...), lograr un mejor nivel de vida, una mayor

satisfacción en el trabajo y una más igualitaria participación social para todo

el pueblo español".

En declaraciones a Radio Nacional, asegura que el cambio de ministros no implica

ningún cambio en la línea política por él marcada. "España, bajo la capitanía

del Caudillo —añade—, sigue siendo cada día más fuerte, más firme, con los

mismos objetivos. Por tanto, no tienen ninguna significación ni trascendencia."

Los peticiones

Pero a pesar de todo, algo ha combiado. Los "Tácitos", reunidos en una sesión de

urgencia, comunican que con la nueva línea política se ha dado un golpe al

aperturismo. En las Cortes, el procurador familiar Escudero Rueda pide que el

presidente del Gobierno informe de los motivos del cese y de la dimisión.

"Diario de Mallorca" se pregunta públicamente por la razón de la medida contra

el ministro de Información. "Aragón Express" llega a solicitar una explicación

coherente para el país. Periodistas de Galicia, Andalucía, Baleares y Bilbao se

dirigen al presidente del Gobierno lamentándose de la decisión y pidiendo una

explicación. La prensa independiente, que durante los últimos diez meses había

apoyado sin reservas las metas gubernamentales, reacciona dolorida y de forma

espontáneamente unánime a favor del cesado.

La jura

El jueves 31, a la una y media, algo más de doscientas personas se aprietan en

el pequeño salón de la Presidencia del Gobierno para el acto de toma de

posesión. Las medidas de seguridad son estrictas. En la calle, los coches

oficiales forman una larga cola que interrumpe en algunas ocasiones el tráfico

en la plaza de Colón. Los ministros que han acudido al Palacio de El Pardo para

asistir a la reunión deliberante, antes de la cual han jurado los nuevos

ministros ante el Jefe del Estado y el ministro de Justicia como notario mayor

del Reino, forman un semicírculo alrededor del presidente y de los cesantes. En

todos, caras de preocupación.

Muy tranquilo Antonio Barrera, en nombre suyo y del ex ministro de Información

se refiere a las lealtades presentes, pasadas y futuras. Algo nervioso, Rafael

Cabello de Alba comienza diciendo que no pertenece a ningún grupo ni político ni

económico, que es partidario de la evolución del Régimen y termina expresando su

solidaridad con las medidas económicas presentadas días antes por el saliente

ministro de Hacienda.

Cuando Carlos Arias toma la palabra, el silencio es absoluto y sólo se oye el

rum, rum de las cámaras de Televisión y del No-Do. En varias ocasiones se

deshace en elogios hacia Pío Cabanillas y hacia Barrera. Habla de la "dolorosa

tristeza" que supone prescindir "de dos hombres que han dejado pálidas sus

brillantes biografías, superadas por su actuación en los últimos meses al frente

de las carteras de Hacienda e Información y Turismo".

Tras reiterar la vigencia del espíritu del 12 de febrero, se lamenta de que

"sólo queda el dolor de que al final de la andadura no estén con nosotros estos

dos valiosísimos colaboradores".

N.º 156/11-11-74

 

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